Dos décadas después de que Operación Triunfo la convirtiera en un rostro reconocible para toda España, la cantante catalana Beth reivindica una trayectoria que nunca se interrumpió, aunque sí se alejó de los focos. Su historia invita a preguntarse qué significa realmente el éxito artístico cuando el mercado y la identidad propia apuntan en direcciones distintas. En el fondo, la suya es la historia de alguien que eligió vivir antes que brillar, y que ahora, con nuevo disco en camino, descubre que ambas cosas no son incompatibles.
Beth, 24 años después de OT: «Me da pena que parezca que estás muerta si no sales en tele»
Como no sales en la tele, parece que estás muerta
¿Por qué crees que la gente cree que Beth desapareció si nunca dejó de trabajar?
Porque el trabajo que hacía no era visible en los lugares donde la gente la buscaba. No estaba en televisión, no llenaba estadios grandes. Estaba en Cataluña, en teatros, en proyectos pequeños. La industria musical mide el éxito de una manera muy específica.
Pero eso es importante aclarar: ¿sabemos realmente cuánta gente la seguía viendo en conciertos? ¿Cuántas personas compraban sus discos? El artículo no da números.
¿Qué la llevó a alejarse de la música después de OT?
No se alejó de la música. Se alejó de lo que la industria quería que fuera. La fama llegaba por algo que no era ella misma, y eso era insostenible. Necesitaba encontrar su propia voz.
Dice que gestionar la fama le costó más que a otros compañeros. Pero no explica exactamente qué significa eso. ¿Depresión? ¿Ansiedad? ¿Rechazo público? El artículo es vago en ese punto.
¿Cómo cambió su relación con Dime?
Pasó de ser una canción que no quería cantar durante veinte años a entenderla como algo que pertenecía a otras personas. Especialmente a la comunidad LGTBIQA+. Eso cambió todo.
Eso es interesante, pero ¿por qué no quiso cantarla durante veinte años? El artículo no lo dice directamente. Solo podemos inferir que estaba asociada a la versión de sí misma que rechazaba.
¿Qué es Little Lia y cómo surgió?
Una marca de ropa infantil que creó con su madre hace doce años. Usan tejidos vintage reciclados, hacen ediciones limitadas y todo es kilómetro cero. Es un proyecto pequeño pero coherente con sus valores.
Eso es un dato concreto. Pero no sabemos si la marca es rentable, cuántas personas trabajan en ella, o si es realmente su principal fuente de ingresos. Es un proyecto que existe, pero su escala real es desconocida.
¿Cómo ve ahora su participación en OT?
Como algo que le funcionó bien en ese momento. Dice que OT vio su rollo, entendió qué le sentaba bien, y que ella era un producto que funcionaba. Fue beneficioso para ambos.
Eso es una lectura muy generosa. Pero también dice que necesitó irse a Londres porque el reconocimiento llegaba por algo que no era ella. Esas dos cosas están en tensión. ¿Fue realmente tan beneficioso si la llevó a rechazar su propia imagen durante dos décadas?
O Pulso
- La pregunta '¿qué fue de Beth?' persiste en internet como si la artista hubiera desaparecido, cuando en realidad nunca dejó de actuar, crear y reinventarse.
- El choque entre lo que el mercado discográfico quería de ella y lo que ella necesitaba expresar la empujó a mudarse a Londres y a construir una carrera lejos de la televisión.
- Después de veinte años sin cantarla, volver a interpretar 'Dime' le generó más nervios que la propia actuación en Eurovisión, revelando cuánto peso emocional cargaba esa canción.
- Su estética de rastas y piercing marcó a toda una generación del colectivo LGTBIQA+, un impacto cultural del que Beth no fue plenamente consciente hasta que el público se lo devolvió en cada concierto.
- Con proyectos simultáneos —teatro, moda infantil, giras con orquesta y un nuevo disco— Beth defiende la reinvención constante como antídoto contra la idea de que el éxito solo existe a escala de estadio.
Dos décadas después de que Operación Triunfo la convirtiera en un rostro reconocible para toda España, la cantante catalana Beth reivindica una trayectoria que nunca se interrumpió, aunque sí se alejó de los focos. Su historia invita a preguntarse qué significa realmente el éxito artístico cuando el mercado y la identidad propia apuntan en direcciones distintas. En el fondo, la suya es la historia de alguien que eligió vivir antes que brillar, y que ahora, con nuevo disco en camino, descubre que ambas cosas no son incompatibles.
Cuando alguien busca a Beth en internet, la pregunta que aparece es siempre la misma: ¿qué fue de ella? La cantante catalana sonríe, pero rechaza la premisa. Nunca se fue. Lo que ocurrió es que el mundo que la conocía siguió mirando hacia otro lado mientras ella continuaba trabajando.
Era 2002 cuando llegó a la segunda edición de Operación Triunfo. Lo que vino después fue rápido y abrumador: 'Dime' la llevó a Eurovisión en 2003, y su estética —rastas, piercing, una imagen que parecía venir de otro planeta en la televisión española de entonces— marcó a toda una generación. Pero mientras el público la recordaba por eso, ella estaba en otro lugar. Se quedó en Cataluña, hizo teatro, fundó junto a su madre una marca de ropa infantil con tejidos vintage, formó una familia y giró con su banda y con orquestas en proyectos que nunca salían en televisión.
Lo que le duele no es haber desaparecido, sino que lo parezca. La gestión de la fama le costó más que a otros compañeros de OT, y lo que realmente la alejó fue descubrir que el reconocimiento llegaba por algo que no era ella. El mercado quería meterla en una caja, y ella necesitó irse a vivir a Londres para respirar.
Hace veinte años que no cantaba 'Dime'. Cuando volvió a hacerlo, estaba más nerviosa que en Eurovisión. Hoy entiende que la canción nunca fue del todo suya: es de la gente, especialmente del colectivo LGTBIQA+. En casi cada concierto alguien le cuenta que se hizo las rastas por ella, o que tuvo que esperar a verla en televisión para que le dejaran llevar un piercing al trabajo. Nunca fue consciente de la magnitud de lo que había hecho.
No piensa mucho en lo que podría haber sido. Le gusta el ejemplo de Aitana y Amaia, que tuvieron más libertad para elegir su camino. En su época parecía que querían meter a todos en el mismo mercado. Ahora gira con su proyecto, con la banda Sopa de Cabra, con una orquesta y con una obra de teatro. La reinvención le parece algo muy sano. Con un nuevo disco en camino, Beth mira hacia atrás sin nostalgia, convencida de que el éxito no se mide solo en conciertos de estadio.
Cuando alguien escribe el nombre de Beth en internet, la pregunta que aparece una y otra vez es siempre la misma: ¿qué fue de ella? La cantante catalana sonríe ante la pregunta, pero rechaza la premisa que la sostiene. Nunca se fue. Lo que pasó es que el mundo que la conocía —el de la televisión, los estadios, las portadas— siguió mirando hacia otro lado mientras ella continuaba trabajando.
Era 2002 cuando Beth llegó a Operación Triunfo en su segunda edición. Lo que vino después fue rápido y abrumador: Dime, su canción, la llevó a Eurovisión en 2003. Las rastas, el piercing, esa estética que parecía venir de otro planeta en la televisión española de entonces, marcaron a toda una generación. Pero mientras el público la recordaba por eso, ella estaba en otro lugar. Se quedó en Cataluña. Hizo teatro. Creó una marca de ropa infantil llamada Little Lia junto a su madre hace doce años, usando tejidos vintage y ediciones limitadas. Formó una familia. Giró con su banda, con orquestas, con proyectos que nunca salían en la tele.
Lo que le duele no es haber desaparecido, sino que parezca que desapareció. "Me da pena que parezca que, como no sales en la tele, estás muerta", dice. La gestión de la fama le costó más que a otros compañeros de OT. Pero lo que realmente la alejó fue descubrir que el reconocimiento llegaba por algo que no era ella. El mercado quería meterla en una caja, y ella necesitaba irse a vivir a Londres para respirar. Mirando hacia atrás, siente que pudo hacer la carrera que realmente quería hacer.
Hace veinte años que no cantaba Dime. Cuando volvió a hacerlo, estaba más nerviosa que en Eurovisión. Ahora entiende que la canción nunca fue suya: es de la gente, especialmente del colectivo LGTBIQA+. Casi en cada concierto alguien le dice que se hizo las rastas por ella, o que se puso un piercing y tuvo que esperar a que ella lo llevara en televisión para que le dejaran llevarlo al trabajo. Nunca fue consciente de la magnitud de lo que había hecho. Fueron tantas cosas, tan intensas y en tan poco tiempo, que hay muchas que ni recuerda.
No piensa mucho en lo que podría haber sido. Le gusta el ejemplo de Aitana y Amaia, concursantes de OT que tuvieron más libertad para elegir su camino. En su época parecía que querían meter a todos en el mismo mercado. A ella le hubiera encantado llenar estadios con su estilo de música, pero no envidia llenar estadios con el tipo de música que la discográfica quería que hiciera. Ahora gira con su proyecto, con la banda Sopa de Cabra, con una orquesta, con una obra de teatro. Nunca le han gustado las rutinas. Vivir solo de la música es complicado hoy, y la vida es muy larga para hacer solo una cosa. La reinvención le parece algo muy sano.
Defendía el catalán cuando todavía no era algo habitual en televisión. En su época no se cantaba en catalán. Al principio incluso las llamadas con su familia le hacían hacerlas en castellano. Menos mal que se ha avanzado. Que ahora en la televisión pública se pueda cantar en catalán, en gallego o en euskera le parece completamente natural. No tiene por qué ser político. Es riqueza cultural. Con un nuevo disco en camino, Beth mira hacia atrás sin nostalgia. Porque el éxito, insiste, no se mide solo en conciertos de estadio.
Citações Notáveis
Mucha gente cree que desaparecí, pero no he dejado de trabajar nunca— Beth
He entendido que realmente no es mía: es de la gente. Sobre todo, del colectivo LGTBIQA+— Beth, sobre la canción 'Dime'