Prevost en Roma: el conciliador que Francisco eligió para reformar la selección de obispos

Cuando hablaba, era siempre muy claro
Así describió un participante en el Sínodo el estilo de intervención de Prevost en las conversaciones del grupo de trabajo.
Mark

¿Por qué Francisco eligió a Prevost precisamente en 2023, cuando estaba iniciando una fase delicada de su Pontificado?

Mimi

Porque Francisco sentía que le faltaban fuerzas y necesitaba colaboradores que compartieran su visión. Prevost tenía años de experiencia como formador, párroco y superior de su Orden. Francisco confiaba en su capacidad de tender puentes entre visiones diferentes sin que ninguna se sintiera traicionada.

Mark

¿Qué significa exactamente que buscaba «pastores con olor a oveja»?

Mimi

Significa que quería obispos cercanos a su gente, enraizados en la realidad que les tocaba guiar. No hombres que gobernaran la Iglesia desde un escritorio aplicando modelos predefinidos, sino pastores que vivieran con su comunidad.

Mark

¿Cómo se comportaba Prevost en las reuniones del Sínodo?

Mimi

Era el que menos hablaba. Pero cuando lo hacía, era siempre muy claro y directo. Muchos cardenales ya lo observaban como un posible futuro Pontífice, aunque él parecía más preocupado por llegar a tiempo a sus reuniones en el Dicasterio.

Mark

¿Qué tipo de jefe era?

Mimi

Firme, claro y valiente, pero sin fanfarronería. Escuchaba bien, aprendía rápido y luego resolvía las cuestiones ejecutivamente. Su método era moderado, sin tirones. Trabajaba bien con las mujeres, dándoles tareas ejecutivas, no solo roles de consejeras.

Mark

¿Cómo era su vida cotidiana en Roma?

Mimi

Discreta. Caminaba por el barrio del Borgo, celebraba misa con su antigua comunidad religiosa casi todos los días, comía y descansaba con ellos. Jugaba al tenis en su cancha. Veía películas o partidos de fútbol, aunque todos sabían que prefería ver a Carlos Alcaraz jugando tenis. Incluso después de mudarse a un bloque de viviendas para altos cargos, seguía prefiriendo estar con su familia religiosa.

  • Francisco, sintiendo el peso de un pontificado en fase delicada, necesitaba un colaborador que tradujera su visión pastoral en decisiones concretas sobre el episcopado mundial.
  • Prevost llegó a Roma en 2023 con el encargo explícito de romper moldes: buscar obispos con 'olor a oveja', alejados del gobierno eclesial de escritorio y cercanos a la realidad de sus comunidades.
  • Durante los dos Sínodos de la Sinodalidad, cardenales de todo el mundo comenzaron a observarlo como papable: hablaba poco, pero cuando lo hacía, era el más directo de la sala.
  • Su estilo —reuniones semanales de dos horas con el Papa, tareas ejecutivas para mujeres en su equipo, negociaciones cordiales con delegaciones conflictivas— construyó una reputación de conciliador firme sin estridencias.
  • Ahora, desde la Sede de Pedro, su método gradual y sinodal sugiere un pontificado que no romperá con Francisco, sino que consolidará sus reformas con la serenidad de quien sabe esperar.

En la historia de la Iglesia, los grandes cambios rara vez llegan con estruendo: a menudo los protagonizan hombres que caminan sin pisar callos. Robert Prevost, agustino formado entre misiones y parroquias de América Latina, fue elegido Papa León XIV tras haber servido como prefecto del Dicasterio para los Obispos, donde Francisco le confió la delicada tarea de encontrar pastores enraizados en su pueblo. Su ascenso al solio pontificio no es una ruptura, sino la continuación silenciosa de una visión que ya venía construyendo desde las sombras de la curia romana.

Robert Prevost llegó a la curia romana en abril de 2023 sin hacer ruido, y esa discreción fue precisamente la razón por la que Francisco lo eligió. El Papa lo fichó como prefecto del Dicasterio para los Obispos con una misión precisa: encontrar sacerdotes con 'olor a oveja', pastores enraizados en su gente y alejados de los modelos predefinidos de gobierno eclesiástico. Prevost, agustino con décadas de experiencia como formador, misionero y superior de su Orden, parecía el hombre indicado para alinear la selección episcopal con la visión reformista de Francisco.

En Roma se ganó fama de conciliador discreto. Tenía cita fija con el Papa cada sábado por la mañana, conversaciones de casi dos horas en las que ambos afinaban su visión de la Iglesia. Durante los dos Sínodos de la Sinodalidad, en 2023 y 2024, muchos cardenales ya lo observaban como posible futuro Pontífice: era el que menos hablaba en los grupos de trabajo, pero cuando intervenía, siempre era el más directo. En su Dicasterio no trataba a las mujeres como meras consejeras, sino que les asignaba responsabilidades ejecutivas, y negoció con la delegación del Sínodo alemán logrando un desenlace cordial.

Fuera del despacho, Prevost era un hombre de comunidad. Casi todos los días celebraba misa con su antigua familia religiosa agustina, comía con ellos y descansaba en su compañía. Jugaba al tenis en su cancha, veía películas y partidos con los demás —aunque todos sabían que prefería el tenis, especialmente si jugaba Alcaraz—. Hasta el día de su elección, seguía escribiendo en el grupo de WhatsApp de los sacerdotes de Chiclayo, respondiendo primero cuando fallecía el familiar de alguno de ellos. Rodrigo Guerra, su número dos en la Comisión para América Latina, lo describió como alguien que combina 'la eficacia de la cultura de Estados Unidos con la serenidad de los tiempos indígenas latinoamericanos'. Ese equilibrio, moderado y ejecutivo a la vez, es el que ahora llevará al pontificado.

En el Vaticano, Robert Prevost se movía sin hacer ruido. No pisaba callos. Caminaba con paso seguro, y eso era precisamente lo que Francisco admiraba en él: la capacidad de tender puentes entre las visiones moderada y reformista de la Iglesia, sin que ninguna de las dos se sintiera traicionada.

En enero de 2023, el Papa lo fichó como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Francisco estaba en una fase delicada de su Pontificado y sentía que le faltaban fuerzas. Necesitaba colaboradores que compartieran su visión. Prevost, un agustino sereno que había pasado años como formador, párroco, misionero y superior de su Orden, parecía el hombre indicado. El Papa le encargó una misión clara: encontrar obispos que fueran «pastores con olor a oveja». Sacerdotes cercanos a su gente, que no gobernaran la Iglesia desde un escritorio aplicando modelos predefinidos, sino que estuvieran enraizados en la realidad que les tocaba guiar. Aunque el cardenal Marc Ouellet había dirigido bien la selección de obispos desde 2010, la llegada de Prevost, según fuentes cercanas al Dicasterio, hizo que el proceso se alineara aún más con lo que Francisco buscaba.

Llegó a la curia en abril de 2023. En Roma, Prevost se ganó fama de conciliador discreto. No hacía ruido, pero cuando hablaba, era claro. Durante las dos sesiones del Sínodo de la Sinodalidad, en octubre de 2023 y 2024, muchos cardenales ya lo observaban como un posible futuro Pontífice. Uno de los participantes en el Sínodo recordó que Prevost era el que menos hablaba en las conversaciones del grupo de trabajo, pero cuando lo hacía, siempre era muy directo. De broma, contó que más de una vez llegaba tarde a las sesiones, explicando que tenía mucho trabajo en el Dicasterio.

Tenía cita fija con Francisco cada sábado por la mañana. Solían conversar durante casi dos horas. El Papa le exponía personalmente su visión de la Iglesia, y Prevost la completaba con la suya. También le informaba sobre las reuniones con conferencias episcopales que pasaban por su oficina. Fue uno de los cardenales que negoció con la delegación del Sínodo alemán cuando llegó a Roma con su lista de exigencias. El encuentro concluyó de modo cordial. En su Dicasterio, no trataba a las mujeres solo como consejeras, sino que les daba tareas ejecutivas. Un colaborador confió a ABC que Prevost «apreciaba mucho sus decisiones».

Rodrigo Guerra, su número dos en la Pontificia Comisión para América Latina, lo describió como «un buen jefe». «Tiene un estilo de trabajo firme, claro y valiente, pero no de una valentía fanfarrona. Es grato trabajar con él», aseguró. Añadió que su método era moderado, que iría poco a poco, sin tirones. Lo que más le impresionaba era su capacidad de aprender, de escuchar y luego de resolver ejecutivamente las cuestiones. «Combina perfectamente la eficacia de la cultura de Estados Unidos con la serenidad de los tiempos de los indígenas latinoamericanos», subrayó Guerra. Prevost era contemporáneo y ágil. En ocasiones, buscaba en Google el nombre de las personas sobre las que tenía que tomar una decisión. Le gustaba usar WhatsApp. Hasta que fue elegido Papa, siguió escribiendo en el grupo que mantenían los sacerdotes de Chiclayo, su ciudad natal, en ocasión de cumpleaños o aniversarios de ordenación. Cuando falleció el padre de uno de los sacerdotes, él fue el primero que respondió para dar el pésame.

Se le veía a menudo caminar por el barrio del Borgo, cerca de San Pedro, a veces acompañado de su secretario, un sacerdote de Perú. Como antiguo prior, por delicadeza con sus sucesores, residía en un apartamento de Vía di Porta Angelica hasta hace siete semanas, cuando se mudó a un bloque de viviendas para altos cargos del Vaticano en el edificio del Santo Uffizio. Allí tenía como vecinos a cardenales como Becciu, Lazzaro You Heung-Sik y Marcello Semeraro. Pero casi todos los días prefería celebrar la misa con su antigua comunidad religiosa, que era su familia. Con ellos comía y descansaba. En su cancha jugaba al tenis. En su sala de estar veían de vez en cuando alguna película o incluso partidos de fútbol. «Tampoco aquí hacía valer su criterio, veía lo que elegíamos los demás», aseguraban en su casa. Aunque se callaba, todos sabían que prefería ver partidos de tenis, especialmente si jugaba Carlos Alcaraz. Su método moderado y ejecutivo, combinado con su capacidad de escucha y decisión firme, sugiere un pontificado gradual enfocado en la sinodalidad y la cercanía pastoral que Francisco promovió.

Tiene un estilo de trabajo firme, claro y valiente, pero no de una valentía fanfarrona. Es grato trabajar con él
— Rodrigo Guerra, su número dos en la Pontificia Comisión para América Latina
Combina perfectamente la eficacia de la cultura de Estados Unidos con la serenidad de los tiempos de los indígenas latinoamericanos
— Rodrigo Guerra
Want the full story? Read the original at ABC ↗
Contact Us FAQ