En la madrugada del 1 de agosto, una explosión sacudió el corazón institucional de Cúcuta, recordándonos que las fronteras no son solo líneas geográficas sino también umbrales donde el Estado y la violencia armada se disputan la legitimidad. El Eln, con un carro bomba dirigido al Comando de Policía de Norte de Santander, hirió a catorce personas y perturbó la vida cotidiana de una ciudad que ya cargaba el peso de años de tensión. La respuesta del Gobierno —soldados, drones, recompensas y restricciones— es la expresión de un Estado que busca afirmar su presencia en un territorio donde esa prese
Autoridades anuncian refuerzo de seguridad en Cúcuta tras atentado atribuido al Eln
El atentado dejó 11 policías y 3 civiles heridos, además de daños en viviendas cercanas y suspensión de actividades en la central de abastos.