Alerces milenarios: guardianes fúngicos clave contra el cambio climático

Destruir un árbol milenario elimina en un instante una red de miles de años
Los investigadores advierten sobre las consecuencias de la pérdida de árboles antiguos y sus ecosistemas fúngicos subterráneos.
Mark

¿Por qué importa tanto que un árbol tenga dos mil cuatrocientos años en lugar de cien?

Mimi

Porque los hongos que viven en sus raíces no aparecen de la noche a la mañana. Esa red subterránea tardó milenios en formarse. Un árbol joven tiene una comunidad fúngica, pero es como comparar un pueblo con una ciudad.

Mark

¿Y si cortamos el árbol, simplemente vuelven a crecer los hongos?

Mimi

No. Cuando eliminas un árbol milenario, destruyes una red que tardó miles de años en desarrollarse. Algunos de esos hongos podrían no volver a aparecer nunca. Es como quemar una biblioteca antigua: los libros no se reescriben solos.

Mark

Mencionas mil millones de toneladas de carbono. ¿Eso es mucho?

Mimi

Es el carbono que estos hongos mueven cada año desde la atmósfera hacia el suelo. Es una de las razones por las que estos bosques importan para el clima global, no solo para Chile.

Mark

¿Qué pasa si desaparecen estos bosques?

Mimi

No sabemos exactamente. Eso es lo que asusta a los científicos. Sabemos que los hongos hacen cosas cruciales, pero hay funciones que aún no comprendemos completamente. Perder esa diversidad podría tener consecuencias que no podemos predecir.

Mark

¿Hay algo que se pueda hacer ahora?

Mimi

Proteger los árboles que quedan. No es complicado en teoría, pero en la práctica hay presión por carreteras, turismo, desarrollo. El estudio es un argumento científico para decir: estos árboles no son solo madera, son infraestructura viva del planeta.

  • Un alerce milenario contiene más de 300 especies fúngicas exclusivas
  • Diversidad fúngica 2,25 veces mayor que en árboles jóvenes de la misma especie
  • Hongos micorrízicos transportan 1.000 millones de toneladas de carbono anuales al suelo
  • El alerce más antiguo registrado superó los 3.600 años antes de ser talado en 1976
  • Estudio coordinado en Parque Nacional Alerce Costero en 2022, con muestras de 31 árboles

Un solo alerce milenario contiene más de 300 especies fúngicas exclusivas, con diversidad 2,25 veces mayor que árboles jóvenes de la misma especie. Los hongos micorrízicos transportan 1.000 millones de toneladas de carbono anuales al suelo, facilitando absorción de nutrientes y resistencia a sequías y patógenos.

Árboles de alerce de más de 2.400 años en Chile albergan redes fúngicas subterráneas sin precedentes cruciales para la resiliencia ecosistémica y la regulación del carbono planetario, según estudio en Biodiversity and Conservation.

Bajo los bosques templados y lluviosos de la Cordillera de la Costa chilena crecen árboles que han permanecido en pie durante más de dos mil cuatrocientos años. Dentro de ellos, invisible a simple vista, existe un universo subterráneo de hongos que podría ser tan importante para la supervivencia del planeta como el propio árbol que lo alberga. Un estudio publicado en Biodiversity and Conservation ha revelado que estos alerces milenarios no son simplemente árboles antiguos: son guardianes de redes fúngicas de una complejidad sin precedentes, redes que sostienen la salud de los ecosistemas y el equilibrio del carbono global.

Los investigadores tomaron muestras de suelo en treinta y un árboles de diferentes edades durante una expedición al Parque Nacional Alerce Costero en 2022, incluyendo el llamado Alerce Abuelo, cuya edad estimada supera los dos mil cuatrocientos años. El análisis genético reveló algo sorprendente: un solo árbol milenario alberga más de trescientas especies de hongos exclusivas, muchas de ellas probablemente desconocidas para la ciencia. La diversidad fúngica en las raíces de estos gigantes es más de dos veces y cuarto mayor que la de árboles jóvenes de la misma especie. Estos hongos micorrízicos no son meros pasajeros: transportan agua y nutrientes a través del suelo, ayudan a los árboles a resistir sequías y enfermedades, y facilitan la absorción de carbono que estabiliza el clima planetario. A escala global, las comunidades de hongos micorrízicos arbusculares mueven aproximadamente mil millones de toneladas de carbono cada año hacia los suelos del planeta.

El alerce, conocido científicamente como Fitzroya cupressoides y llamado lawal en mapudungun, es la segunda especie arbórea más longeva del mundo, superada solo por el pino longevo norteamericano. Estos árboles desarrollan troncos que superan los cuatro metros y medio de diámetro, con tasas de mortalidad extraordinariamente bajas. El ejemplar más antiguo jamás registrado sobrepasó los tres mil seiscientos años antes de ser talado en 1976. Sin embargo, la distribución de estos gigantes ha sido drásticamente reducida por la tala comercial de su madera, la quema de bosques para ganadería y los cambios en el uso del suelo. Hoy enfrentan nuevas amenazas: el cambio climático, grandes proyectos de infraestructura y el turismo descontrolado. Una propuesta reciente de carretera que pasaría a escasos cientos de metros de estos bosques ejemplifica el riesgo persistente, potencialmente facilitando incendios, la invasión de especies foráneas y una presión humana creciente sobre territorios ya vulnerables.

La investigación fue coordinada por la doctora Camille Truong del Real Jardín Botánico de Victoria y la Universidad de Melbourne, junto con la doctora Adriana Corrales de SPUN, una organización internacional cofundada por el biólogo evolutivo Toby Kiers, quien recientemente recibió el Premio Tyler, considerado el Nobel del Medio Ambiente, por sus investigaciones sobre redes fúngicas. El equipo incluyó participantes de la Universidad Santo Tomás, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de La Frontera y la Fundación Fungi. Truong explicó la diferencia crítica entre árboles antiguos y jóvenes: la eliminación de un árbol milenario genera un impacto mayor en todas las demás especies que la pérdida de un ejemplar más pequeño. Corrales añadió una reflexión fundamental: toda esa diversidad fúngica significa resiliencia.

Lo que el estudio documenta es tanto un descubrimiento como una advertencia. Destruir un árbol monumental no es simplemente talar madera: es eliminar en un instante una red de organismos subterráneos que ha tardado miles de años en formarse. Los efectos negativos se propagan en cascada a través de múltiples funciones del ecosistema. Cada hongo desempeña roles aún no totalmente comprendidos pero considerados indispensables para la salud del bosque. Los árboles milenarios actúan como un paraguas ecológico, protegiendo la diversidad invisible que mantiene saludables y resilientes a los bosques y, por extensión, al planeta entero. La pérdida de esa diversidad fúngica podría desencadenar consecuencias ambientales impredecibles. Lo que está en juego no es solo la preservación de árboles antiguos, sino la supervivencia de cientos o miles de especies de hongos micorrízicos cuya importancia apenas comenzamos a comprender.

No todos los árboles son iguales y si se elimina un árbol milenario, el impacto en todas las demás especies será mayor que si se elimina uno más pequeño
— Dra. Camille Truong, Real Jardín Botánico de Victoria
Toda esa diversidad significa resiliencia
— Dra. Adriana Corrales, directora científica de SPUN
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