En un país que se extiende desde el desierto hasta el polo, Chile está respondiendo a la crisis climática no con declaraciones sino con actos concretos: una comuna santiaguina que demuestra que la política local puede medir y reducir emisiones, pescadores y científicos que devuelven la vida a fondos marinos devastados, e investigadores que viajan al extremo sur para anticipar daños antes de que sean irreversibles. Estas tres iniciativas, separadas por miles de kilómetros pero unidas por una misma urgencia, sugieren que la transición ecológica ha dejado de ser promesa para convertirse en proces