Desde las aulas de la Universidad Simón Bolívar hasta los registros de Forbes, el ingeniero venezolano Abel Avellán encarna una pregunta que pocas fortunas se atreven a responder: ¿cómo conectar a quienes el mundo moderno dejó sin señal? Con una riqueza estimada en 4.900 millones de dólares y una empresa —AST SpaceMobile— que tiende puentes digitales desde el espacio hacia las regiones más olvidadas del planeta, Avellán ocupa el puesto 41 entre los inmigrantes más ricos de Estados Unidos, no como símbolo de acumulación, sino como evidencia de que la tecnología puede nacer del deseo de incluir.