Abascal teme que Feijóo abandone al votante de centro por disputarle el electorado de Vox

Abascal teme que Feijóo se parezca demasiado a él
Fuentes de Vox ven indiferenciables a ambos líderes en algunos asuntos a un mes del 29 de noviembre.
Mark

¿Por qué le preocupa a Abascal que Feijóo se parezca a él?

Mimi

Porque si no hay diferencia, el votante no tiene motivo para elegir a Vox. Y además, según estas fuentes, Feijóo prioriza al votante ya convencido sobre el indeciso del centro.

Mark

¿Qué ejemplos se ponen?

Mimi

Albiol encabezando la lista del PP por Barcelona y Cayetana Álvarez de Toledo como número dos por Madrid. Ambos conectan con el votante de Vox.

Luke

Conviene precisar que esa lectura viene de fuentes de Vox, sin nombre. Es su interpretación, no un hecho demostrado sobre la estrategia del PP.

Mark

¿Y el pacto del Senado?

Mimi

Vox no se presenta en seis provincias y el PP en tres; el PP mete candidatos de Vox en seis listas. Ninguno lo llama pacto.

Luke

Lo que no sabemos es si los votantes seguirán esas consignas. El texto lo plantea como una incógnita, y es honesto: no hay datos.

Mark

¿Hay también un giro de Abascal?

Mimi

Sí: admite deportaciones caso a caso y aparca la reforma constitucional y la abolición del aborto.

Luke

Eso sí consta en su entrevista en La Vanguardia. Pero por qué lo hace, si es convicción o cálculo, es interpretación.

  • Vox teme que Feijóo, al copiar su discurso, abandone al votante de centro que podría decidir la mayoría frente a Pedro Sánchez.
  • La candidatura de Xavier García Albiol por Barcelona y la cercanía con Cayetana Álvarez de Toledo encienden las alarmas en el partido de Abascal.
  • PP y Vox han sellado una no agresión y un reparto de candidaturas en el Senado, presentado como un gesto patriótico frente a los socios de Sánchez.
  • Las dudas se trasladan a las bases: queda por ver si sus votantes respaldarán un acuerdo que ambos partidos evitan llamar pacto.

A un mes de las elecciones generales del 29 de noviembre, Vox y el PP viven una extraña paradoja: cuanto más se parecen sus discursos, más temen los dos perder al votante que no se define por ninguna bandera. Santiago Abascal ve en Alberto Núñez Feijóo a un rival que le roba el lenguaje y, con él, el electorado ya convencido, mientras el centro indeciso queda en segundo plano. Es el viejo dilema de la derecha española entre ensanchar su mayoría o afilar su identidad, y en esa encrucijada se firma un pacto que nadie quiere llamar pacto.

A un mes de las elecciones generales del 29 de noviembre, en Vox crece una inquietud que parece paradójica: Santiago Abascal teme que Alberto Núñez Feijóo se parezca demasiado a él. Desde el partido reconocen que en varios asuntos los dos líderes resultan casi indistinguibles para el votante, una pequeña victoria ideológica tras años de quejas por el giro del PP hacia posiciones de la izquierda.

El problema está en el reparto de tareas. Para impedir que Pedro Sánchez vuelva a reunir una mayoría alternativa, PP y Vox necesitan sumar desde el centroderecha más templado hasta la extrema derecha, y a Feijóo le corresponde atraer al centro indeciso. Pero en Vox sienten que el PP prioriza disputar el voto del ya convencido. La prueba, dicen, es la candidatura de Xavier García Albiol por Barcelona, que muchos votantes de Vox preferirían a su propio candidato.

El pacto para el Senado, firmado sin llamarlo pacto, refuerza la tesis socialista de que ambos partidos son lo mismo. Abascal lo justifica como un gesto patriótico frente al intento de «secuestrar el Senado», aunque admite diferencias esenciales con los populares. Queda por ver si los votantes de cada partido aceptan respaldar al otro en las provincias donde se reparten candidaturas.

A un mes de las elecciones generales del 29 de noviembre, en Vox hay una inquietud que a primera vista suena paradójica: Santiago Abascal teme que Alberto Núñez Feijóo se parezca demasiado a él. Según fuentes del partido, en algunos asuntos el líder del PP y el de Vox resultan casi indiferenciables para el elector. Es, en cierto modo, una victoria ideológica de Abascal, que durante años se quejó de que los populares habían asumido sin discutirlos los postulados de la izquierda. Y ese acercamiento facilita, además, que ambos pacten un programa común de gobierno después de los comicios.

El problema, admiten esas fuentes, viene antes. PP y Vox tienen que ganar de forma contundente e impedir que, como en 2023, Pedro Sánchez reúna una mayoría alternativa con todos los demás grupos. Eso exige sumar desde el centroderecha más templado hasta la extrema derecha más exaltada. En ese reparto de tareas, a Feijóo le toca pescar en el centro político, el que apoyó en su día al Ciudadanos de Albert Rivera e incluso al PSOE de Felipe González. Lo resumía un antiguo colaborador de Abascal: hay votantes del PP que nunca votarán a Vox y a la inversa, pero cada uno por su lado puede sumar a ambos electorados a esa mayoría.

Esta vez, a diferencia de 2023, los dos partidos han firmado una no agresión en campaña. Aun así, en Vox crece la sensación de que Feijóo descuida el centro para quitarles votantes. «Parece que busca disputar el voto del ya convencido en vez de intentar convencer al indeciso», alegan. La prueba más clara, a su juicio, es que el PP haya situado al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, como cabeza de lista por Barcelona. Los votantes de Vox se identifican con su discurso contra la inmigración y muchos quizá lo prefieran a su propio candidato, Juanjo Aizcorbe, que carece del carisma del alcalde. Sus excesos, en cambio, pueden alejar a votantes de centro y beneficiar a Junts o al PSC.

Algo parecido ocurre con Cayetana Álvarez de Toledo, número dos del PP por Madrid. No comparte ideología con Abascal —ella es ultraliberal y él ultranacionalista—, pero sí un talante de confrontación permanente con Sánchez, solo comparable en el PP al de Isabel Díaz Ayuso, la dirigente que más gusta a los votantes de Vox y que por eso ha impedido hasta ahora que el partido sea decisivo en Madrid. Abascal se quejaba el pasado fin de semana en La Vanguardia de que su programa coincide con lo que piensa gran parte del electorado, y de que Feijóo parece dirigirse solo a los votantes de Vox.

El pacto para el Senado alimenta otra preocupación. Vox renuncia a presentarse en seis provincias y el PP en tres, a cambio de que los populares incluyan candidatos de Vox en seis de sus listas. Refuerza así la tesis, impulsada por el PSOE, de que ambos son lo mismo, lo que estrecha su nicho electoral. Por eso nunca se vio a dos partidos tan poco entusiasmados con un acuerdo: ni siquiera lo llaman pacto. El PP habla de «entendimiento» y «colaboración»; Vox, de «gesto patriótico». Abascal admitió diferencias esenciales, pues considera al PP parte de las políticas que han llevado a España adonde está, pero dijo que ante el intento de los cómplices de Sánchez de «secuestrar el Senado» había que hacer un gesto. Queda por ver si votantes del PP apoyarán a Vox en Girona, Tarragona y Gipuzkoa, donde el PP no concurre, y si los de Vox votarán a dos candidatos del PP en las 14 provincias donde su partido presenta un solo nombre.

En inmigración, Feijóo ha asumido propuestas espinosas de Vox: retirar la nacionalidad a quienes no la tengan de origen y cometan delitos graves, exigir a los inmigrantes respeto a «las costumbres» y no solo a la ley, y expulsar a todos los que entraron en Ceuta el 30 y 31 de julio, incluidos menores o posibles solicitantes de asilo, porque «la ley no prevé supuestos de ocupación o invasión».

Mientras, Abascal se ha moderado. En La Vanguardia reconoció por primera vez que la deportación debe hacerse caso a caso, porque España es un Estado de derecho, y no con furgonetas ni un éxodo gigantesco, cuando Vox había defendido siempre las «deportaciones masivas». También ha aparcado la reforma constitucional centralista y la abolición del aborto, alegando que su posición es minoritaria, y ha hablado por primera vez de una «identidad catalana», abriendo la puerta a colaborar con Aliança Catalana contra la «invasión migratoria».

Parece que el señor Feijóo solo quiere dirigirse a los de Vox.
— Santiago Abascal, en La Vanguardia
Parece que busca disputar el voto del ya convencido en vez de intentar convencer al indeciso.
— Fuentes de Vox
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