En octubre de 1984, una niña de nueve años desapareció en una pequeña comunidad de Ontario, Canadá, y su muerte desencadenó décadas de error judicial, sufrimiento inocente y búsqueda incansable de verdad. Un hombre fue condenado injustamente y pasó años en prisión antes de que el ADN lo exonerara en 1995. No fue sino hasta 2020, gracias a la genealogía genética, que el verdadero responsable fue identificado: Calvin Hoover, quien ya había muerto cinco años antes, llevándose consigo la posibilidad de un juicio pero no la de la verdad.
36 años después: genealogía genética resuelve asesinato de niña canadiense
Christine Jessop, niña de 9 años, fue secuestrada, agredida sexualmente y asesinada en 1984; Guy Paul Morin pasó años en prisión por un crimen que no cometió.