En el escenario del Templo de la Imitación, la noche del 21 de agosto reunió a artistas en formación y a tres jurados que entienden el arte de la transformación no como un truco, sino como una disciplina. Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán midieron a cada competidor con la misma vara que separa la copia superficial de la encarnación verdadera: técnica, entrega y la humildad de crecer. Lo que se disputó esa noche no fue solo un lugar en la siguiente ronda, sino la pregunta más antigua del arte escénico: ¿puede alguien convertirse, por un instante, en otro?