En un miércoles que resonará en la memoria financiera, Wall Street registró sus peores caídas desde 2020: el Nasdaq perdió 4,7%, el S&P 500 un 4% y el Dow Jones un 3,6%, en una jornada donde la inflación más alta desde 1982 y la amenaza de tasas crecientes recordaron a los mercados que la prosperidad reciente había sido construida sobre terreno inestable. Gigantes del comercio minorista como Target y Walmart revelaron que los costos se comen sus márgenes, mientras la Reserva Federal prometía más ajustes monetarios sin fecha de término. En este momento de incertidumbre, los inversores enfrentan
Wall Street registra su peor caída desde 2020 en medio de temores por inflación y tasas
La Fed solo ha subido las tasas 75 puntos básicos. Les queda más por hacer.
¿Por qué los minoristas como Target y Walmart fueron los primeros en caer?
Porque viven del margen. Cuando suben los costos de combustible y transporte, y los consumidores no pueden pagar más, se ven atrapados. Target perdió la mitad de sus ganancias. Eso asusta a todo el mercado.
Pero ¿no es solo un problema de estos dos negocios?
No. Son el canario en la mina. Si Target y Walmart tienen problemas, significa que la inflación está comiendo márgenes en toda la economía. Los inversores ven eso y piensan: ¿qué más va a quebrar?
¿Y la Reserva Federal? ¿Qué puede hacer?
Subir tasas. Pero eso es un arma de doble filo. Frena la inflación, pero también frena el crecimiento. Powell dijo que subiría tanto como sea necesario. Los mercados creen que eso significa más dolor antes de que mejore.
¿Cuánto más puede caer?
Nadie lo sabe. Por eso los analistas hablan de volatilidad. El S&P 500 cayó 17% en cinco meses. Algunos predicen que llegará a 5.000 puntos para fin de año. Otros temen una recesión completa.
¿Qué esperan los inversores para sentirse mejor?
Claridad. Necesitan saber dónde van las tasas, si habrá recesión, cuál es el riesgo real. Mientras no lo sepan, seguirán vendiendo.
Der Puls
- El Nasdaq se desplomó 4,7% en un solo día, arrastrando al S&P 500 y al Dow Jones en lo que fue la peor jornada bursátil en dos años, borrando miles de millones en valor en horas.
- Target vio sus ganancias trimestrales reducidas a la mitad por el alza en combustible y transporte, y sus acciones cayeron casi 25% en una sola sesión; la familia Walton perdió cerca de 19.000 millones de dólares en un día.
- La inflación en EE.UU. alcanzó 8,3% anual —la más alta desde 1982— y en Reino Unido llegó al 9%, obligando a los bancos centrales a subir tasas y encarecer el crédito en todo el mundo.
- Jerome Powell prometió alzas de tasas tan prolongadas como sea necesario, y analistas de Morgan Stanley y UBS advierten que la volatilidad continuará durante meses, sin claridad sobre recesión ni sobre el techo de los ajustes.
- El Nasdaq acumula una caída de 27% en lo que va del año, uno de los peores inicios bursátiles desde la Gran Depresión, y los mercados esperan nerviosos cada nuevo dato macroeconómico como si fuera una sentencia.
En un miércoles que resonará en la memoria financiera, Wall Street registró sus peores caídas desde 2020: el Nasdaq perdió 4,7%, el S&P 500 un 4% y el Dow Jones un 3,6%, en una jornada donde la inflación más alta desde 1982 y la amenaza de tasas crecientes recordaron a los mercados que la prosperidad reciente había sido construida sobre terreno inestable. Gigantes del comercio minorista como Target y Walmart revelaron que los costos se comen sus márgenes, mientras la Reserva Federal prometía más ajustes monetarios sin fecha de término. En este momento de incertidumbre, los inversores enfrentan una pregunta que ningún modelo puede responder con certeza: si lo que viene es una desaceleración manejable o el umbral de una recesión.
Los mercados de Nueva York vivieron el miércoles una de sus jornadas más oscuras en dos años. El Nasdaq se desmoronó 4,7%, el S&P 500 cedió 4% y el Dow Jones retrocedió 3,6%, en una caída que expuso la fragilidad de la euforia acumulada durante meses. Detrás del pánico había una realidad que ya no podía ignorarse: la inflación no cede.
En Estados Unidos, los precios subían a un ritmo anual de 8,3%, el más veloz desde 1982. En Reino Unido, al 9%. En Canadá, al 6,8%. Los bancos centrales, sin margen de maniobra, respondieron con alzas de tasas que encarecen el crédito y frenan el crecimiento. El dilema era claro y sin salida sencilla.
El daño ya era visible en las empresas. Target vio sus ganancias trimestrales reducidas a la mitad por los costos de combustible y transporte, y sus acciones se hundieron casi 25% en un día. Un día antes, Walmart había lanzado advertencias similares; la familia Walton perdió cerca de 19.000 millones de dólares en valor en una sola sesión, la peor caída de su fortuna desde 1987.
Lo más inquietante era la perspectiva. Jerome Powell prometió subir las tasas tanto como fuera necesario. Andrew Slimmon, de Morgan Stanley, advirtió que el mercado seguiría cayendo durante el verano boreal, aunque proyectó una recuperación hacia fin de año. Mark Haefele, de UBS Global, fue más cauteloso: la volatilidad persistirá hasta que haya claridad sobre tasas, recesión y riesgos macroeconómicos.
En lo que iba del año, el Nasdaq acumulaba una pérdida de 27%, el S&P 500 un 17% y el Dow Jones un 13%, configurando uno de los peores inicios bursátiles desde la Gran Depresión. Los inversores miraban hacia adelante sin certezas, esperando el próximo dato de inflación, el próximo movimiento de la Fed, la próxima señal de alarma corporativa. Nadie sabía cuándo terminaría el miedo.
Los mercados de Nueva York despertaron el miércoles en pánico. El Nasdaq se desmoronó 4,7%, el S&P 500 cedió 4%, y el Dow Jones retrocedió 3,6%. Fueron las caídas más severas en dos años, un recordatorio brutal de que la euforia de los últimos meses había sido frágil. Los operadores bursátiles se movían con la urgencia de quienes saben que algo fundamental ha cambiado.
Lo que los asustaba era viejo pero cada vez más real: la inflación no desaparecía. En Estados Unidos, los precios subían a un ritmo anual de 8,3%, el más rápido desde 1982. En Reino Unido, habían saltado 9%. En Canadá, 6,8%. Los bancos centrales no tenían opción. Para frenar esta escalada, necesitaban subir las tasas de interés, lo que significaba que el dinero se volvería más caro, el crédito más escaso, y el crecimiento económico más lento. Era un dilema sin salida fácil.
La evidencia del daño ya era visible. Target Corporation, la cadena minorista estadounidense, había visto sus ganancias trimestrales cortadas por la mitad. Los costos de combustible y transporte se comían los márgenes. Sus acciones se hundieron 24,9% en un solo día. Un día antes, Walmart había advertido de problemas similares. La familia Walton, dueña de Walmart, perdió casi 19 mil millones de dólares en valor en esa sesión, la peor caída de su fortuna en un solo día desde 1987.
Pero lo más inquietante era lo que venía. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, había prometido que subiría las tasas tanto como fuera necesario. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años alcanzó 3,015%, su máximo en una semana. Andrew Slimmon, gerente senior de carteras en Morgan Stanley Investment Management, dijo a Reuters que el mercado seguiría cayendo durante el verano boreal. Predijo que el S&P 500 terminaría el año más cerca de 5.000 puntos que de 4.000, pero advirtió que lo peor aún no había llegado. "La Fed solo ha subido las tasas 75 puntos básicos. Les queda más por hacer", explicó.
Los primeros cinco meses del año habían sido brutales para los activos de riesgo. El Nasdaq se hundía 27% desde el comienzo del año. El S&P 500 caía 17%. El Dow Jones retrocedía 13%. Era uno de los peores comienzos de un año bursátil desde la Gran Depresión de los años treinta. Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global, dijo a Reuters que el sentimiento de los inversores seguía siendo inestable. "Es probable que veamos mercados volátiles y agitados hasta que tengamos más claridad sobre tres aspectos clave: tasas, recesión y riesgos", señaló.
La construcción de viviendas, el sector más sensible a las tasas de interés, ya mostraba signos de debilidad. En abril, la construcción de casas en Estados Unidos había disminuido modestamente. Pero el Departamento de Comercio también reportó un acúmulo récord de casas por construir, lo que sugería que la caída en la edificación podría ser marginal por ahora. Era un respiro pequeño en un panorama cada vez más oscuro.
Pocos analistas estaban dispuestos a predecir cuándo terminaría la ola de ventas. La incertidumbre macroeconómica era demasiado grande. Los inversores miraban hacia adelante sin saber si enfrentaban una desaceleración controlada o el comienzo de una recesión. El dólar estadounidense se fortalecía, buscando refugio en la moneda más segura del mundo. Los mercados esperaban, nerviosos, el próximo dato de inflación, el próximo movimiento de la Fed, la próxima advertencia de una gran empresa. Nadie sabía cuándo terminaría el miedo.
Bemerkenswerte Zitate
El mercado todavía se dirige a la baja este verano boreal. Todavía tenemos un problema de inflación.— Andrew Slimmon, gerente senior de carteras de Morgan Stanley Investment Management
El sentimiento y la confianza de los inversores siguen siendo inestables. Es probable que veamos mercados volátiles y agitados hasta que tengamos más claridad sobre tasas, recesión y riesgos.— Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global