Victoria Luengo: "Me da miedo que la gente se canse de verme"

La madre de Luengo sufre una enfermedad degenerativa que afecta su vista, lo que le impide estar con ella durante sus rodajes.
El cine me ha dado la oportunidad de decir unas palabras que la vida no me dio
Luengo reflexiona sobre cómo El ser querido le permitió expresar lo que nunca pudo comunicar a su padre.
Mark

¿Cómo se llega a un punto donde tienes que elegir entre seguir diciendo que sí o proteger tu propia vida?

Mimi

Creo que es cuando empiezas a sentir que no estás presente en ningún lado. Yo estaba en hoteles solos después de representar violencia sexual cada noche, sin poder estar con mi madre que está enferma. En algún momento eso te grita que algo no está bien.

Luke

Pero eso es una circunstancia personal. ¿Cuánto de esto es realmente sobre la sobreexposición mediática y cuánto es sobre su situación familiar específica?

Mimi

Probablemente los dos. La sobreexposición amplifica el cansancio. Pero tienes razón, no es solo eso.

Mark

Dice que le da miedo que la gente se canse de verla. ¿Es ese un miedo real o es lo que se espera que diga una actriz en este momento?

Mimi

Creo que es real. Vive en redes sociales como todos. Ve cómo se reproduce su imagen, cómo el eco se multiplica. No es paranoia, es observación.

Luke

Aunque hay que notar que ella no controla eso. Dice explícitamente que no es ella quien decide si la gente se cansa. Así que el miedo es a algo que está completamente fuera de su control.

Mark

¿Y el teatro? ¿Por qué vuelve al teatro ahora?

Mimi

Porque en el teatro solo te juzgan la directora y tus compañeros. No hay algoritmo, no hay redes sociales amplificando tu imagen. Es un espacio íntimo.

Luke

Aunque también es cierto que está eligiendo un monólogo sobre violencia sexual, que es emocionalmente intenso. No es exactamente un descanso.

Mimi

No, pero es un descanso de la visibilidad. Eso es lo que necesita.

  • Luengo ha dicho sí a casi todo en 2026: dos películas en Cannes, una gira teatral por toda España, un rodaje en Francia y dos temporadas de una serie, todo en un solo año.
  • Su mayor miedo no es el fracaso sino la saturación: teme que el público se canse de verla en un ecosistema de redes donde cada entrevista se multiplica en infinitos formatos.
  • La soledad del bolo número 60 —cenando sola en un hotel tras representar cada noche una violación— revela el coste humano invisible detrás del brillo de los festivales.
  • Su madre sufre una enfermedad degenerativa que afecta su vista, y Luengo no ha podido estar a su lado durante los rodajes ni su madre ha podido presenciar este momento de éxito.
  • Para recuperar el equilibrio, Luengo anuncia una pausa hasta mayo y el regreso al teatro, un espacio donde el algoritmo no juzga y puede volver a jugar como cuando era niña.

Victoria Luengo, actriz española de 36 años, atraviesa uno de los momentos más luminosos y más exigentes de su carrera: tres películas en los grandes festivales europeos, una gira teatral en solitario y el peso silencioso de una madre enferma que no ha podido acompañarla. En ese cruce entre el sueño cumplido y el cuerpo que pide pausa, Luengo elige detenerse —no por derrota, sino por sabiduría— recordándonos que el éxito sostenido exige también saber cuándo soltar el paso.

Victoria Luengo lleva meses en un agotamiento que ella misma califica de feliz, aunque cada vez más consciente de sus límites. La actriz palmesana de 36 años acaba de presentar Sants, de Mikel Gurrea, en la competición de San Sebastián, cerrando un año excepcional que la ha llevado a los grandes festivales europeos con una intensidad que reconoce como abrumadora.

Este 2026 ha sido el año en que dijo sí a casi todo: dos películas en Cannes —Amarga Navidad con Almodóvar y El ser querido con Sorogoyen—, una gira teatral en solitario con Prima facie recorriendo todas las comunidades autónomas, un rodaje en Francia y la grabación de la tercera temporada de Reina roja. Solo se permitió una semana de vacaciones en Noruega.

Lo que más le asusta, subraya, no es el esfuerzo sino la sobreexposición. Lleva años soñando con poder elegir proyectos de los que sentirse orgullosa —guarda aún la foto de su primer book a los 14 años— pero el eco de las redes sociales le genera una pregunta que no puede responder: ¿se cansará la gente de verla? Y lo más inquietante: no es ella quien lo decide.

Por eso ha anunciado que dejará de rodar hasta mayo. Comenzará a ensayar una obra teatral con Marina Salas y Lucía Carballal que se estrenará en 2027. El teatro le ofrece algo que el cine no puede: un espacio íntimo donde puede jugar sin que la juzgue el algoritmo ni la pantalla de un teléfono.

Detrás de esa decisión hay una razón más honda. Su madre sufre una enfermedad degenerativa que está afectando su vista, y Luengo no ha podido estar a su lado durante los rodajes. Cuando habla de la gira de Prima facie, describe la soledad del bolo número 60, cenando sola en un hotel tras representar cada noche una violación. Eso pesa.

Sobre El ser querido, reflexiona sobre el regalo que le hizo el cine: poder decir palabras que la vida no le dio con su padre. Y en Sants, su personaje —que aparece en pantalla con un diente roto, el mismo que ella se rompió de pequeña— habla de la dificultad de quedarse junto a quien se desvanece. Luengo sabe ahora que tiene que trabajar de otra manera. No menos, sino distinto.

Victoria Luengo lleva meses viviendo en un estado de agotamiento feliz, aunque cada vez más consciente de sus límites. La actriz palmesana de 36 años acaba de presentar Sants, de Mikel Gurrea, en la competición de San Sebastián este jueves, sumándose a un año excepcional que ha visto su nombre circular por los grandes festivales europeos con una intensidad que ella misma reconoce como abrumadora.

Este 2026 ha sido el año en que Luengo se ha permitido decir que sí a casi todo. Dos películas en Cannes en la misma edición: Amarga Navidad, su segundo trabajo con Pedro Almodóvar, y El ser querido, dirigida por Rodrigo Sorogoyen, el cineasta que años atrás catapultó su carrera con la serie Antidisturbios. Antes de eso, una gira teatral de Prima facie, un monólogo sobre violencia sexual que la llevó a recorrer todas las comunidades autónomas, viajando sola cada fin de semana. En verano rodó en Francia Les neiges de Grenade junto a Léa Drucker. Prime Video estrena en pocos días la segunda temporada de Reina roja, de la que ya ha grabado una tercera entrega. Y ahora, Sants, con el mismo director con quien ya había trabajado en Suro. Solo se permitió una semana de vacaciones en Noruega.

Cuando se le pregunta cómo afronta un calendario así, Luengo no duda: lo que realmente le asusta es que la gente se canse de verla. No es una queja, subraya. Lleva años soñando con este momento, batallando por poder elegir proyectos de los que sentirse orgullosa. Encontró hace poco una foto de su primer book, cuando tenía 14 años, mirando a la cámara con la esperanza de una niña. Todo esto era aquel sueño. Pero vivimos en un mundo de redes sociales donde una entrevista se reproduce en múltiples formatos y el eco se multiplica. ¿Se cansará la gente de ella? No lo sabe. Y lo más importante: no es ella quien lo decide.

Lo que sí decide es parar. Ha anunciado que dejará de rodar al menos hasta mayo. Dentro de unas semanas comenzará a ensayar una obra teatral con Marina Salas y Lucía Carballal que se estrenará en 2027. Lo hace porque el teatro la alimenta de una manera que el cine no puede: es un espacio íntimo de seguridad donde puede jugar como cuando era pequeña, donde solo la juzgan la directora y sus compañeros. No la juzga el algoritmo, no la juzga la pantalla de un teléfono.

Detrás de esta decisión hay una razón más profunda. Su madre sufre una enfermedad degenerativa que está afectando su vista. Luengo no ha podido estar aquí con ella durante los rodajes, ni su madre ha podido acompañarla en estos momentos de éxito. Cuando habla de la gira de Prima facie, describe la soledad del bolo número 60, cenando sola en un hotel después de haber representado cada noche una violación, sin tiempo para su gente ni para ella misma. Eso pesa.

Sobre El ser querido, la película que comparte con Javier Bardem, Luengo reflexiona sobre algo que el cine le ha permitido hacer: decir palabras que la vida no le dio con su padre. Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen le hicieron uno de los regalos más grandes con ese proyecto. En Sants, su nuevo personaje no tiene padre, pero sí una madre que se desvanece y otras figuras maternas extrañas. La película habla de la dificultad de quedarse en los lugares, de acompañar la muerte, de la vulnerabilidad de ver partir a alguien cercano. Luengo aparece en pantalla con un diente roto, un detalle que ella misma se rompió de pequeña, porque aportaba mucho a la sensación de no estar en ningún lado.

Sobre la sobreexposición mediática, Luengo es brutalmente honesta. Tanta mirada sobre ti misma genera una distorsión de la propia mirada. Nunca ha tenido complejos, pero de repente se sorprende diciéndose a sí misma que no le gusta algo de su imagen. ¿Por qué? Por verse tanto. La hiperconsciencia de una misma no es buena. Sin embargo, se prometió disfrutar de Cannes, recordar cada segundo, y dejó de preocuparse por si quedaba bien en las fotos. Su familia, por su parte, ve sus trabajos si quieren, pero no hay obligación. Su hermano conduce un autobús en Barcelona y no para. Ella también trabajaba sin parar. Pero ahora sabe que tiene que hacerlo de otra manera.

Lo que a mí me da miedo es que la gente se canse de verme
— Victoria Luengo
El cine me ha dado la oportunidad de decir unas palabras que la vida no me dio con mi padre
— Victoria Luengo
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