Un estudio rebaja un 48% la brecha delincuencial entre extranjeros y españoles

Ahmed Tommouhi, albañil marroquí, pasó 15 años en prisión por violaciones que no cometió antes de ser indemnizado con 2,5 millones de euros.
Las diferencias por país son tan notables que los datos no permiten extender ese mensaje xenófobo
El sociólogo Sánchez Barricarte rechaza hablar de delincuencia de extranjeros como una categoría monolítica.
Mark

¿Por qué un sociólogo decide pasar años analizando 5,6 millones de sentencias? ¿Qué lo movió a hacer ese trabajo?

Mimi

Creo que vio lo que todos vemos: frases políticas que acusan a los extranjeros de violaciones, homicidios, robos. Afirmaciones que se repiten sin pruebas. Decidió ir a los datos reales y preguntarse si esas acusaciones se sostenían.

Mark

Y cuando estandarizó los datos, ¿qué encontró exactamente?

Mimi

Que cuando comparas españoles y extranjeros de la misma edad y sexo, la brecha se reduce casi a la mitad. De 2,7 veces a 1,9 veces. Eso no significa que no haya diferencia, pero significa que gran parte de lo que ves en los números brutos es demografía, no comportamiento.

Mark

¿Demografía?

Mimi

Sí. Los inmigrantes son más jóvenes y más hombres que los españoles. Los hombres delinquen más que las mujeres. Los jóvenes más que los mayores. Cuando iguales esas variables, la historia cambia.

Mark

Pero hay otro problema que menciona, ¿verdad? Sobre cómo se vigila y se detiene a los extranjeros.

Mimi

Exacto. Se les vigila más. Se les detiene más. Muchos no tienen abogados eficientes ni traductores. Mientras tanto, los delitos de cuello blanco de los españoles casi no se persiguen. Las estadísticas reflejan eso, no la realidad del comportamiento.

Mark

¿Y qué pasa con Ahmed Tommouhi?

Mimi

Pasó 15 años en prisión por violaciones que no cometió. Fue liberado e indemnizado con 2,5 millones de euros. Su caso muestra cómo los sesgos del sistema de justicia se superponen a los sesgos sociales. Un extranjero pobre sin recursos legales es especialmente vulnerable.

Mark

El estudio también muestra que no todos los extranjeros delinquen al mismo ritmo, ¿verdad?

Mimi

Eso es lo más importante. Los asiáticos están por debajo de la tasa española. Los argelinos tienen una tasa tres veces más alta que los marroquíes. Los ecuatorianos más que los venezolanos. Si fuera solo la nacionalidad o la religión, esos números no tendrían sentido. Hay algo más profundo: factores económicos, sociales, culturales específicos de cada lugar.

  • 5,6 millones de sentencias analizadas entre 2007 y 2023
  • Brecha delincuencial se reduce del 2,7 al 1,9 veces al estandarizar por edad y sexo
  • 44,4% de condenas erróneas involucraban extranjeros pese a ser 29% de la población penitenciaria
  • Ahmed Tommouhi: 15 años de cárcel por violaciones no cometidas, indemnizado con 2,5 millones de euros
  • Población irregular aumentó 345% entre 2017-2023 mientras delincuencia extranjera bajó 2%

La tasa delincuencial de extranjeros es 1,9 veces la de españoles al comparar grupos demográficos equivalentes, no 2,7 como muestran datos brutos. Casi la mitad de las condenas erróneas en España (44,4%) involucraban extranjeros pese a representar solo el 29% de la población penitenciaria.

Un análisis de 5,6 millones de sentencias de la Universidad Carlos III reduce la diferencia de delincuencia entre extranjeros y españoles del 48% al estandarizar datos por edad y sexo, cuestionando narrativas xenófobas.

Cuando un sociólogo de la Universidad Carlos III se propuso examinar casi 5,6 millones de sentencias condenatorias dictadas entre 2007 y 2023, descubrió algo que desafía la narrativa política dominante sobre la delincuencia y la inmigración en España. Jesús Sánchez Barricarte pasó años estandarizando esos datos—comparando españoles y extranjeros de las mismas edades y sexos—y encontró que la brecha delincuencial entre unos y otros se reduce drásticamente cuando se controlan esas variables. Donde los números brutos mostraban que los extranjeros delinquían 2,7 veces más que los españoles, el análisis riguroso rebaja esa proporción a 1,9 veces. Es una diferencia sustancial, pero también una revelación sobre cómo se construyen las narrativas políticas a partir de datos mal interpretados.

Los números crudos dicen que los extranjeros cometen 1.294 delitos por cada 100.000 habitantes mientras que los españoles cometen 675. Pero esos números ocultan una realidad demográfica simple: entre los inmigrantes hay 105 hombres por cada 100 mujeres, mientras que entre los españoles la proporción es de 95 a 100. Los hombres delinquen más que las mujeres. Los jóvenes delinquen más que los mayores. La población migrante es más joven y más masculina que la española. Cuando se igualan esas variables, la brecha se contrae casi a la mitad. Sánchez Barricarte sostiene además que las cifras de los inmigrantes están infladas porque se les vigila más, se les detiene más, y muchos carecen de abogados eficientes o traductores competentes. Mientras tanto, los delitos de cuello blanco de los españoles permanecen en gran medida sin perseguir, creando un subregistro que distorsiona la comparación.

La investigación también revela algo más perturbador: casi la mitad de las personas condenadas erróneamente en España entre 1996 y 2022 eran extranjeras, aunque estos representaban solo el 29% de la población penitenciaria. Ahmed Tommouhi, un albañil marroquí, pasó 15 años en prisión por violaciones que no había cometido. Fueron necesarios años de reportajes periodísticos y esfuerzo legal para que la justicia no solo lo liberara sino que lo indemnizara con 2,5 millones de euros. Su caso ilustra cómo los sesgos del sistema de justicia se superponen a los sesgos sociales ya existentes contra los extranjeros: pobreza, estigmatización, discriminación, falta de oportunidades y acceso a servicios.

Pero quizá el hallazgo más importante es que no existe una categoría monolítica llamada "extranjeros". Los asiáticos—chinos, indios, filipinos—cometen delitos por debajo de la tasa española. Los argelinos tienen una tasa de 3.161 delitos por cada 100.000 habitantes, mientras que los marroquíes tienen 1.553, los paquistaníes 436 y los malienses 613. Estas diferencias son demasiado grandes para atribuirse a la religión, como señala Sánchez Barricarte. En Iberoamérica, Ecuador registra 2.377 delitos por cada 100.000 personas mientras que Venezuela tiene 943. Estas variaciones sugieren que factores culturales, económicos y sociales específicos de cada país de origen—no la nacionalidad en sí—explican las diferencias observadas.

Otro factor que las estadísticas no desagregan es la diferencia entre inmigrantes y extranjeros en tránsito. Un inmigrante es alguien con vocación de permanencia en España. Pero hay turistas que delinquen, hay redes de delincuencia organizada que operan temporalmente en el país antes de saltar a otros países de la Unión Europea. Estos son delincuentes profesionales, no inmigrantes. Europa del Este destaca con las cifras más altas, 6.018 delitos entre la población de los Balcanes y Georgia. Además, el 57% de los extranjeros viven en ciudades de 50.000 o más habitantes, comparado con el 52% de los españoles. Los delitos se concentran en zonas urbanas. Este factor también está ausente de las estadísticas de delincuencia que se publican.

Entre 2017 y 2023, el número de irregulares en España aumentó un 345%. Durante el mismo período, la tasa estandarizada de delincuencia total de los extranjeros descendió un 2%. Algunos delitos específicos aumentaron—homicidios un 19%, delitos contra la libertad sexual un 28%, lesiones un 5%—pero estos aumentos están muy lejos del crecimiento total de la población irregular. Sin embargo, la narrativa política de la derecha y la ultraderecha tiende a presentar a quienes llegan sin papeles como intrínsecamente peligrosos, una ecuación simplista que los datos no respaldan.

Sobre el tema recurrente de los abusos contra "nuestras mujeres" que domina los mítines de la ultraderecha, el análisis muestra algo más matizado. Los homicidios y los delitos contra la libertad sexual no ocupan la parte alta de la tabla de delitos cometidos por extranjeros. Los delitos más frecuentes son contra la seguridad colectiva y el orden público (37,8%), contra el patrimonio (27,9%) y lesiones (15%). Cuando se trata de feminicidios en parejas o exparejas, así como delitos de odio por orientación sexual, los extranjeros sí muestran tasas más altas—el doble o el triple que los españoles. Pero Sánchez Barricarte hace una distinción crucial: son las mujeres extranjeras quienes padecen en mayor medida la violencia de los varones foráneos, no "nuestras mujeres" como afirma la ultraderecha. Las denuncias de mujeres por ataques sexuales en Ceuta en días recientes respaldan esta observación. Curiosamente, entre 2006 y 2024, los feminicidios entre extranjeros bajaron un 48% y las víctimas un 51%, sugiriendo que con el tiempo los comportamientos se adaptan a los del país de acogida.

El mensaje final de Sánchez Barricarte es claro: no se puede hablar de delitos de extranjeros frente a delitos de españoles como si fueran categorías homogéneas. Las diferencias por país de origen son tan notables que extender ese mensaje xenófobo es científicamente insostenible. Lo que se necesita es reforzar las políticas de integración cultural y el fomento de la igualdad, no narrativas que simplifiquen la realidad hasta convertirla en propaganda.

Si todo esto se midiera de forma individual, teniendo en cuenta el nivel de estudios, de ingresos, de acceso a la vivienda y otros servicios, así como las discriminaciones, podríamos comparar y saber de verdad
— Jesús Sánchez Barricarte, sociólogo de la Universidad Carlos III
Son las mujeres extranjeras quienes padecen en mayor medida la violencia de los varones foráneos, no 'nuestras mujeres' como sostiene la ultraderecha
— Jesús Sánchez Barricarte
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