España mantiene su estrategia con Marruecos pese a críticas por la crisis de Ceuta

80.000 migrantes saltaron a Ceuta en crisis de julio; permanecen 2.500 menores y 2.500 subsaharianos potenciales solicitantes de asilo con estrés severo en servicios públicos.
Marruecos interpreta los gestos de España como debilidad
Advertencia de un exembajador sobre cómo Rabat ha desafiado repetidamente a España sin consecuencias.
Mark

¿Por qué el Gobierno insiste en que Marruecos actuó ejemplarmente cuando tantos expertos lo cuestionan?

Mimi

Porque necesita esa narrativa para justificar que su estrategia funcionó. Si admite que Marruecos fue cómplice o negligente, tiene que explicar por qué sigue apostando por la misma relación.

Mark

¿Qué significa realmente "política de apaciguamiento"?

Mimi

Significa hacer concesiones sin pedir nada a cambio. España cambió su posición sobre el Sáhara sin obtener garantías de Marruecos. Ahora, cuando Marruecos permite una crisis migratoria, España sigue tratándolo con guantes de seda.

Mark

¿Por qué Europa criticó a España y no a Marruecos?

Mimi

Porque España está fuera del consenso migratorio europeo. Además, hay tensiones más amplias: España critica a Israel, no gasta lo suficiente en defensa, y eso genera resentimiento. Marruecos es un socio que Europa necesita.

Mark

¿Qué pasaría si España endurece el tono ahora?

Mimi

Marruecos podría cerrar la frontera o permitir más crisis migratorias. Pero Dezcallar argumenta que eso es precisamente lo que pasará de todas formas si no hay firmeza. El riesgo es el mismo, pero sin haber establecido límites claros.

Mark

¿Por qué el Gobierno no puede cambiar de estrategia?

Mimi

Porque requeriría un cambio ministerial, y eso es políticamente costoso en año electoral. Además, miles de migrantes siguen en Ceuta y necesitan ser devueltos. El Gobierno cree que mantener la relación estable es la única forma de lograrlo.

Mark

¿Qué significa que "no hay unanimidad" en el cuerpo diplomático?

Mimi

Que algunos diplomáticos creen que la dureza es contraproducente, que la confianza funciona mejor que los dientes mostrados. Pero son minoría. La mayoría piensa que España está siendo demasiado sumisa.

  • 80.000 migrantes saltaron a Ceuta en julio de 2026
  • Quedan 2.500 menores y 2.500 subsaharianos potenciales solicitantes de asilo en Ceuta
  • El Gobierno rechaza cambiar su estrategia diplomática con Marruecos
  • 22 jefes de Estado y de Gobierno firmaron una carta criticando a España por su política migratoria

80.000 migrantes saltaron a Ceuta en julio; el Gobierno mantiene que Marruecos colaboró ejemplarmente, pero expertos cuestionan esa narrativa. Diplomáticos y analistas advierten que la política de apaciguamiento interpreta como debilidad; la UE criticó a España sin señalar responsabilidad marroquí.

El Gobierno español rechaza cambiar su estrategia diplomática con Marruecos tras la crisis migratoria de Ceuta, aunque diplomáticos, expertos y la oposición reclaman mayor firmeza ante Rabat.

A finales de julio, ochenta mil migrantes cruzaron hacia Ceuta en cuestión de horas. El Gobierno español sigue recopilando información sobre lo que sucedió exactamente y el papel que Marruecos desempeñó en esos días caóticos. Pero en La Moncloa y en los ministerios competentes no hay intención de cambiar de rumbo diplomático, ni siquiera de ajustar el tono de las conversaciones con Rabat, a pesar de que la sensación de que el país vecino permitió deliberadamente el flujo migratorio crece cada día entre diplomáticos, analistas y críticos europeos.

El Ejecutivo sostiene que su estrategia con Marruecos es precisamente lo que permitió que más de setenta mil personas salieran de Ceuta en pocas horas. Según las explicaciones oficiales, durante esos momentos críticos de finales de julio, Marruecos dejó pasar a los migrantes para evitar más muertes en la frontera. Una vez recuperó el control, frenó nuevas entradas y colaboró en las devoluciones rápidas de decenas de miles de personas. El Gobierno rechaza la idea de que se tratara de un ataque coordinado, porque eso sería incompatible con esa cooperación posterior. Todavía hay miles de migrantes en Ceuta que deben regresar a Marruecos, y el fin de semana fue especialmente tenso en la frontera, lo que refuerza la posición oficial de que mantener la relación estable es esencial para gestionar la crisis.

Pero esa narrativa choca frontalmente con lo que piensan diplomáticos, exministros y analistas consultados para este reportaje. Jorge Dezcallar, exembajador en Marruecos y exjefe de los servicios secretos españoles, es directo: no entiende tantos miramientos con un vecino que fue cómplice de lo ocurrido o incompetente en su gestión. Señala que Marruecos ha interpretado los gestos españoles de los últimos años como debilidad, desafiando repetidamente a España con saltos migratorios en 2021, incumplimientos de acuerdos y ahora esta crisis, a pesar de que España cambió su posición sobre el Sáhara. Dezcallar advierte que aunque Marruecos es esencial para la lucha antiterrorista, antidroga y control migratorio, España es igualmente esencial para Rabat: de Madrid depende el suministro energético, las telecomunicaciones, el comercio y la inversión. Compara la situación con el incidente de Perejil en 2002, que dio veinte años de tranquilidad, e insiste en que si el tono no se endurece, a la crisis de Ceuta le seguirá otra.

Varios exaltos cargos de Exteriores, algunos bajo anonimato, coinciden en la necesidad de elevar el tono. Uno de ellos señala que el Gobierno está atrapado en la estrategia de apaciguamiento desde 2022 y no puede cambiar de curso sin una reorganización ministerial, especialmente con las elecciones generales como prioridad inmediata. Otro critica que el tono ha sido demasiado obsequioso, que el vasallaje ha ido demasiado lejos. Un embajador en activo explica que todo viene de la crisis de 2022 por el tratamiento médico en España del jefe del Polisario, Brahim Gali, que llevó a un cambio ministerial orientado a pacificar las relaciones. El giro con el Sáhara se hizo sin contrapartidas ni consenso, y ahora la prioridad es cerrar la crisis de Ceuta, pero después será imprescindible un tono más firme. Advierte que es increíble que el Gobierno ni siquiera haya sido capaz de llamar a las cosas por su nombre.

No hay unanimidad total en el cuerpo diplomático. Un embajador en activo argumenta que la relación debe basarse en colaboración y confianza, no en mano dura. Le cuesta creer que Marruecos orquestara esa avalancha, y piensa que una situación tan compleja no se resuelve mostrando los dientes. Ignacio Molina, del Instituto Elcano, critica que hay que hacer todo lo posible para llevarse bien con Marruecos, pero no lo imposible. Señala que España ni siquiera ha ido tan lejos con el Sáhara como otros actores internacionales, y que el Gobierno podría mantener su política exterior actual pero con un tono más firme. Alberto Alemanno afirma que Sánchez hace con Marruecos lo mismo que critica a Von der Leyen por hacer con Trump: concesiones gratuitas a pesar de reveses continuos, hasta el punto de calificar a Rabat como ejemplar y leal tras la crisis. Concluye que la política del apaciguamiento no funciona con los chantajistas.

La oposición ha adoptado el marco que plantean Marruecos y los socios europeos más duros: España es incapaz de controlar su frontera. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, habló de crisis de soberanía, aunque ninguno de los líderes de la oposición pidió responsabilidades a Marruecos. José Manuel García Margallo, ministro de Exteriores entre 2011 y 2016, afirma que ha faltado estrategia y consenso en política exterior. Insiste en que hay que tener relaciones amistosas con Marruecos pero fijar líneas rojas y dejar claro que habrá represalias si se pisan. Argumenta que no es creíble que un país con los cuerpos de seguridad e inteligencia de Marruecos no viera venir un movimiento de ochenta mil personas cuando las redes sociales estaban echando humo.

En la Unión Europea ha habido críticas abiertas a España, extrañamente explícitas en las relaciones entre Estados miembros. Desde muchas capitales se ha pasado factura por la regularización reciente de centenares de miles de migrantes. El comisario de Interior austriaco Magnus Brunner afirmó que esa regularización fue una mala señal, aunque tuvo que admitir que no hay vínculo directo entre la regularización y los incidentes de Ceuta. Giorgia Meloni y Mette Frederiksen lideraron las críticas, con una carta que acabaron firmando veintidós jefes de Estado y de Gobierno. España ha mostrado irritación por la falta de solidaridad europea, que contrasta con la reacción unánime a los ataques híbridos de 2021 en Lituania y Polonia. Josep Borrell, exjefe de la diplomacia europea, señala que el problema de España es en realidad un problema europeo, y que una política estrictamente securitaria debilita. Defiende las posiciones españolas pero apunta que es difícil pensar en un cambio de estrategia con Marruecos; más adelante sí se podría repensar el tono.

Mientras tanto, quedan dos mil quinientos menores y dos mil quinientos subsaharianos potenciales solicitantes de asilo en Ceuta, además de miles de marroquíes que regresan lentamente, entre cincuenta y cien al día según datos del Gobierno, dejando un estrés formidable en los servicios públicos. El marco del Gobierno es el de la continuidad para cerrar las heridas en Ceuta y conseguir estabilidad ante la proximidad de las elecciones. El de los expertos, diplomáticos y oposición defiende un tono menos complaciente, aunque gran parte admite que difícilmente habrá giros hasta después de las urnas.

No entiendo tantos miramientos con un vecino que fue cómplice de lo ocurrido o incompetente en la gestión
— Jorge Dezcallar, exembajador en Marruecos y exjefe de servicios secretos españoles
La política del apaciguamiento no funciona con los chantajistas
— Alberto Alemanno, académico
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