En el cruce entre la geopolítica y la economía doméstica, España vuelve a contemplar cómo las tensiones en el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo transforman facturas cotidianas en señales de alarma sistémica. Los instrumentos que amortiguaron el primer choque —reservas estratégicas, rutas alternativas, rebajas fiscales— se encuentran ahora debilitados o próximos a expirar, mientras el Banco Central Europeo advierte que lo peor de la inflación energética aún no ha llegado a los precios subyacentes. La economía española resiste, pero esa misma resistencia ha alimentado una falsa sensación de inmuni