En los márgenes de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, se reunió con el líder iraní Masoud Pezeshkian para transmitir un mensaje que lleva el peso de siete meses de guerra: el estrecho de Ormuz debe reabrirse, los ataques contra vecinos deben cesar, y el diálogo sigue siendo la única salida honesta a un conflicto que ningún bando ha logrado ganar militarmente. Europa se ofrece como puente, consciente de que la estabilidad regional y el precio de la energía global dependen de que alguien, en algún momento, decida escuchar.