En un momento en que las tensiones militares en Oriente Medio amenazan una de las arterias más vitales del comercio global, la Unión Europea ha convocado a sus expertos para medir el pulso de su seguridad energética. Por ahora, las reservas estratégicas y la diversificación de importaciones mantienen a raya la crisis, pero la historia enseña que la calma del presente no garantiza la tranquilidad del mañana. Europa observa, calcula y se prepara, consciente de que la estabilidad energética de 450 millones de personas depende de decisiones tomadas antes de que el problema llegue a sus puertas.