En los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump se reunió con nueve líderes latinoamericanos del Escudo de las Américas y les extendió una advertencia que es también una promesa: si sus gobiernos no pueden eliminar a los cárteles por sí solos, Washington lo hará en su lugar. La oferta, formulada con la misma franqueza con que fue pronunciada, revela una doctrina de intervención hemisférica que no pide permiso sino que lo anuncia. En el trasfondo, México —ausente de la alianza y señalado como epicentro del narcotráfico— encarna la tensión más profunda entre soberanía nacional y l