Tres perfiles cerebrales en el TDAH abren camino a tratamientos personalizados

Detrás del mismo diagnóstico podrían existir cerebros distintos
El hallazgo marca un cambio profundo en cómo se entiende el TDAH, sugiriendo que la biología cerebral varía significativamente entre pacientes.
Mark

¿Por qué importa tanto descubrir que hay tres biotipos diferentes si el diagnóstico clínico sigue siendo el mismo?

Mimi

Porque hasta ahora, dos pacientes con TDAH podían tener cerebros completamente distintos y recibir el mismo tratamiento. Este hallazgo abre la puerta a terapias diseñadas específicamente para cada perfil neurobiológico.

Luke

Pero hay que ser claros: las resonancias magnéticas aún no permiten diagnosticar TDAH individualmente en la práctica clínica. Esto es investigación prometedora, no una herramienta clínica lista para usar.

Mark

¿Qué hace tan diferente ese tercer perfil, el que tiene desregulación emocional?

Mimi

Presenta 45 áreas cerebrales alteradas, casi el doble que los otros dos. Especialmente en regiones que controlan las emociones y los impulsos. Explica por qué algunos niños tienen crisis emocionales intensas ante situaciones pequeñas.

Luke

Lo interesante es que eso que describe Mimi—esas explosiones emocionales—no está realmente en los criterios diagnósticos actuales del TDAH. Muchos de esos pacientes terminan diagnosticados con ansiedad o trastornos oposicionistas en lugar de reconocer que es parte del TDAH.

Mark

¿Entonces el sistema diagnóstico actual está fallando a estos pacientes?

Mimi

No está fallando exactamente, pero está incompleto. Se basa en comportamientos observables, no en lo que está pasando realmente en el cerebro. Dos personas pueden tener el mismo diagnóstico pero necesitar tratamientos muy diferentes.

Luke

El estudio analizó 1.831 participantes de 10 centros internacionales, así que hay una base sólida. Pero los autores mismos dicen que se necesitan estudios de seguimiento para entender cómo evolucionan estos subtipos con el tiempo.

Mark

¿Cuándo podríamos esperar tratamientos personalizados basados en estos biotipos?

Mimi

Probablemente el futuro combine distintas estrategias adaptadas a cada perfil: rehabilitación cognitiva, actividad física, medicación específica. Pero eso requiere más investigación.

Luke

Y requiere que los sistemas de salud cambien cómo diagnostican y tratan el TDAH. Eso no sucede de la noche a la mañana. Lo que tenemos ahora es una dirección clara, no una solución inmediata.

  • Estudio de 1.831 participantes de 10 centros internacionales publicado en JAMA Psychiatry
  • Tres biotipos cerebrales identificados mediante resonancias magnéticas y análisis computacional
  • Tercer perfil mostró 45 áreas cerebrales alteradas versus 26 en los otros dos perfiles
  • Desregulación emocional no está incluida en los criterios diagnósticos actuales del DSM-5

El diagnóstico actual del TDAH se basa en comportamientos visibles, pero oculta diferencias cerebrales profundas entre pacientes con el mismo diagnóstico clínico. Un tercer perfil severo mostró 45 áreas cerebrales alteradas con desregulación emocional intensa, explicando crisis emocionales que muchas familias reportan desde hace años.

Un estudio internacional publicado en JAMA Psychiatry identificó tres biotipos cerebrales distintos en el TDAH mediante resonancias magnéticas, revelando que pacientes con el mismo diagnóstico presentan diferencias neurobiológicas significativas que requieren tratamientos personalizados.

Durante décadas, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad se definió por lo que se veía: un niño que no podía concentrarse, que se movía demasiado, que actuaba sin pensar. Pero en las consultas, en las aulas y en los hogares, algo más complejo estaba ocurriendo. Algunos pacientes mostraban dificultades para sostener la atención. Otros reaccionaban con crisis emocionales devastadoras ante situaciones cotidianas, con explosiones de ira, llanto o frustración que parecían desproporcionadas y casi imposibles de controlar. El sistema diagnóstico existente no capturaba esa diversidad.

Un estudio publicado en JAMA Psychiatry cambió esa perspectiva. Investigadores internacionales analizaron datos de 1.831 participantes provenientes de 10 centros distintos, utilizando resonancias magnéticas cerebrales y algoritmos de inteligencia artificial para mapear cómo diferentes regiones del cerebro se relacionaban entre sí. En lugar de examinar áreas aisladas, el equipo empleó una técnica llamada redes de similitud morfométrica que permitió detectar patrones estructurales complejos. Lo que encontraron fueron tres biotipos cerebrales claramente diferenciados, cada uno con su propia arquitectura neurobiológica.

El primer perfil correspondía al subtipo predominantemente inatento, vinculado a alteraciones en áreas cerebrales responsables de mantener la atención sostenida. El segundo mostraba un patrón hiperactivo e impulsivo, relacionado con cambios en circuitos involucrados en el control conductual. Pero fue el tercero el que más sorprendió a los investigadores: un biotipo severo combinado con desregulación emocional profunda. Este grupo presentaba 45 áreas cerebrales con desviaciones significativas, casi el doble de las 26 observadas en los otros dos perfiles. Las diferencias aparecían especialmente en regiones vinculadas con la regulación emocional, el control de impulsos y la motivación, como la corteza prefrontal medial y el pálido.

Esa arquitectura cerebral alterada explicaba algo que muchas familias llevaban años reportando sin encontrar respuesta: por qué algunos niños con TDAH podían parecer tranquilos hasta que una situación de estrés o frustración desencadenaba crisis intensas y prolongadas. Paul Rosen, director de la ADHD Rapid Assessment Clinic del Norton Children's Medical Group, describió a este grupo como "volcanes en estado latente". Sin embargo, la desregulación emocional no ocupaba un lugar central en los criterios diagnósticos tradicionales. Muchos de estos pacientes terminaban recibiendo diagnósticos adicionales de ansiedad, trastornos oposicionistas o alteraciones del estado de ánimo, sin que se reconociera que esa desregulación era parte integral del propio TDAH.

El problema fundamental radicaba en que el diagnóstico actual, basado en el DSM-5, se organizaba según listas de síntomas observables divididas en tres presentaciones: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva/impulsiva o combinada. Esas categorías se construían sobre el comportamiento, no sobre diferencias biológicas reales del cerebro. Dos personas podían recibir exactamente el mismo diagnóstico y presentar dificultades completamente distintas. Los nuevos estudios buscaban precisamente cambiar esa lógica: en lugar de partir únicamente de síntomas visibles, intentaban identificar patrones biológicos concretos detrás de cada perfil.

Los investigadores también encontraron variaciones en distintos sistemas neuroquímicos cerebrales, incluidos circuitos relacionados con serotonina, dopamina, acetilcolina y glutamato. Eso resultaba especialmente relevante porque muchos tratamientos actuales actuaban precisamente sobre esos mecanismos. La posibilidad de identificar perfiles biológicos diferenciados podría permitir, en el futuro, diseñar intervenciones más específicas según las necesidades de cada paciente, en lugar de aplicar estrategias generales para todos los casos. Investigaciones paralelas desarrolladas por Lund University en adultos con TDAH reforzaron esa idea, mostrando que las diferencias funcionales se relacionaban más con la gravedad de los síntomas que con el uso de medicación en sí, e identificando alteraciones en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, coordinación motora, flexibilidad cognitiva y control de impulsos.

Pese al entusiasmo que generaban estos resultados, los especialistas advertían sobre limitaciones importantes. Las resonancias cerebrales aún no permitían diagnosticar TDAH de manera individual en la práctica clínica cotidiana, y serían necesarios estudios de seguimiento para comprender cómo evolucionaban estos subtipos a lo largo del tiempo. Sin embargo, el hallazgo marcaba un cambio profundo en la forma de estudiar el trastorno. Por primera vez, múltiples investigaciones empezaban a converger en una idea que durante años había sido discutida principalmente desde la experiencia clínica: detrás del mismo diagnóstico podrían existir cerebros distintos, trayectorias diferentes y necesidades terapéuticas específicas. Para millones de personas con TDAH y sus familias, esa diferencia podría cambiar en el futuro no solo el tratamiento, sino también la manera de comprender el trastorno.

Volcanes en estado latente: niños que pueden parecer tranquilos hasta que una situación de estrés desencadena crisis intensas
— Paul Rosen, director de la ADHD Rapid Assessment Clinic del Norton Children's Medical Group
El futuro del tratamiento probablemente combine distintas estrategias adaptadas a cada perfil clínico y neurobiológico, incluyendo rehabilitación cognitiva, actividad física y abordajes personalizados
— Maurizio Cundari, líder del estudio de Lund University
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