Durante décadas, la medicina ha tratado el cuerpo y la historia emocional como territorios separados; un estudio de seis millones de personas publicado en Barcelona viene a desafiar esa separación. Quienes vivieron traumas en la infancia —abuso, acoso, pérdida de un progenitor— cargan en el cuerpo adulto un riesgo significativamente mayor de diabetes, migraña y enfermedades cardiovasculares. La herida temprana, sugiere la investigación, no desaparece: se inscribe silenciosamente en la biología, y espera.
Trauma infantil aumenta hasta 57% el riesgo de enfermedades físicas en adultos
Millones de personas que sufrieron trauma infantil enfrentan mayor riesgo de enfermedades físicas crónicas en la adultez, con impacto desproporcionado en mujeres víctimas de abuso sexual.