En la víspera de unas elecciones que decidirán buena parte del futuro político de España, el principal partido de la derecha y la formación de Vox parecen ponerse de acuerdo, a plena vista, en cómo repartirse el Senado para renovar el Tribunal Constitucional. Un tribunal concebido para que la mayoría que gobierna no pueda elegir sola a quienes podrían anular sus leyes corre ahora el riesgo de convertirse en un trofeo. Lo que se discute, según la columna publicada en El País el 25 de octubre de 2026, no es solo la composición de cuatro magistraturas, sino si queda en pie el último espacio donde
Todo el poder para la derecha: el pacto PP-Vox y la renovación del Constitucional
Un tribunal de garantías convertido en trofeo electoral
¿Cuál es la tesis central del artículo?
Que lo alarmante no es quién gane la mayoría del Constitucional, sino que un solo bloque acumule Gobierno, Cortes, poder territorial y el tribunal, y no quede freno alguno.
¿Por qué importan los tres quintos?
Porque obligan a pactar. Evitan que quien aprueba las leyes elija solo a quienes pueden anularlas.
Aclaremos qué es hecho y qué es valoración. Que el mandato de cuatro magistrados venció en diciembre es un dato. Que el PP no habría cedido un solo puesto es una afirmación del autor, y está formulada en condicional.
Cierto. Lo comprobable es que el PP usó su mayoría en el Senado para ampliar repetidamente el plazo de candidaturas.
¿Y la comparación con la izquierda?
El autor la admite: misma aritmética, pero distintos socios. Con todo, califica a Junts, ERC y Bildu como más alejados del marco constitucional, y eso es un juicio suyo.
Exacto. Y lo mismo vale para el paralelismo con Orbán: es una comparación de opinión, no una conclusión demostrada sobre lo que haría Vox con el tribunal.
¿Qué ofrece el autor como salida?
Que la izquierda se comprometa a negociar la renovación y no repita el bloqueo del PP.
Y queda abierto lo esencial: si la derecha logra los tres quintos el 29 de noviembre. Nada de eso está decidido aún.
The Pulse
- PP y Vox negocian provincia por provincia en el Senado para alcanzar los tres quintos que permitirían nombrar a los cuatro magistrados pendientes.
- El bloqueo prolongado del PP a la renovación del Constitucional ha dejado vacantes que ahora sirven de moneda de cambio.
- La izquierda responde con el argumento de que también ha pactado listas conjuntas, mientras el autor insiste en que no son operaciones equiparables.
- Vox, que llegó a proponer suprimir el Tribunal, aparece ahora como socio indispensable de una operación que el autor compara con derivas iliberales.
- Todo queda pendiente de las elecciones del 29 de noviembre, que dirán si la derecha suma los tres quintos y el control del tribunal.
En la víspera de unas elecciones que decidirán buena parte del futuro político de España, el principal partido de la derecha y la formación de Vox parecen ponerse de acuerdo, a plena vista, en cómo repartirse el Senado para renovar el Tribunal Constitucional. Un tribunal concebido para que la mayoría que gobierna no pueda elegir sola a quienes podrían anular sus leyes corre ahora el riesgo de convertirse en un trofeo. Lo que se discute, según la columna publicada en El País el 25 de octubre de 2026, no es solo la composición de cuatro magistraturas, sino si queda en pie el último espacio donde una mayoría puede ser frenada.
Por primera vez desde la llegada de la democracia, el principal partido de la derecha negocia con la extrema derecha antes de que los ciudadanos hayan votado. Lo hacen a la vista de todos, discutiendo en qué provincias conviene que uno de los dos se retire para no estorbar al otro. El primer proyecto común que se proponen no es una política que cambie la vida de la gente, sino asegurarse una mayoría en el Senado para renovar el Tribunal Constitucional sin contar con nadie más.
La Constitución exige tres quintos para que las Cámaras propongan magistrados precisamente para evitar que una sola mayoría elija a quienes pueden anular sus leyes. Cuando venció en diciembre el mandato de cuatro magistrados, lo habitual habría sido un pacto entre los grandes partidos. El PP, según el autor, no ha cedido ningún puesto y ha usado su mayoría en el Senado para ir aplazando el proceso, a la espera de alcanzar esa mayoría reforzada.
El texto reconoce el argumento de que la izquierda también ha pactado listas conjuntas, pero sostiene que no es lo mismo: sus socios no cuestionan el marco constitucional como lo hace Vox, que pone en duda el Estado autonómico y la lucha contra la violencia de género. Lo que está en juego, concluye, es que un mismo bloque concentre el Gobierno, las Cámaras, el poder territorial y el Constitucional. Cuando un tribunal de garantías se convierte en trofeo electoral, queda dañado aquello para lo que existe. La respuesta llegará el 29 de noviembre.
Por primera vez desde que hay democracia en España, el principal partido de la derecha negocia con la extrema derecha antes de que los ciudadanos hayan votado. Lo hacen a plena luz, discutiendo provincia por provincia en cuáles conviene que uno de los dos se retire para no estorbar al otro. Así lo describe un artículo de opinión publicado en El País el 25 de octubre de 2026.
El autor señala que cabría esperar que dos formaciones que aspiran a gobernar juntas empezaran por pactar algo que cambie la vida de la gente, como una política de vivienda o una reforma fiscal. Sin embargo, el primer proyecto común que se proponen, sin que Feijóo se moleste en disimularlo, es lograr en el Senado la mayoría que les permita renovar el Tribunal Constitucional sin contar con nadie más. Para el autor, lo que cohesiona al bloque es la voluntad de hacerse con los contrapoderes, un patrón visto en democracias que derivaron hacia el iliberalismo. Añade que no hace falta exagerar ni invocar a Hungría para ver que el orden de prioridades es revelador.
La Constitución exige una mayoría de tres quintos para que las Cámaras propongan magistrados del Constitucional. La razón, que hoy puede parecer ingenua, es que la mayoría que aprueba las leyes no pueda elegir por sí sola a quienes tienen poder para anularlas. En diciembre del año pasado venció el mandato de cuatro magistrados cuya renovación corresponde al Senado: dos del sector progresista y dos del conservador. Lo habitual habría sido un acuerdo entre los dos grandes partidos sobre los cuatro nombres, de modo que el tribunal conservara su equilibrio.
El PP, según el autor, no habría cedido un solo puesto. Ha usado su mayoría en el Senado, una y otra vez, para ampliar el plazo de presentación de candidaturas, y hoy se entiende mejor por qué: si la derecha alcanza los tres quintos el 29 de noviembre, podrá nombrar a los cuatro.
El texto reconoce el argumento contrario, que la izquierda hizo algo parecido cuando el PSOE y el Frente Amplio registraron listas conjuntas al Senado. Admite que ambas operaciones responden a la misma aritmética, pero niega que sean equiparables en socios o en historia. En la candidatura de la izquierda no figuran Junts, ERC ni Bildu, a los que el autor describe como partidos más alejados del marco constitucional. Vox, en cambio, cuestiona el Estado autonómico, la legislación contra la violencia de género y la igualdad de las personas migrantes, y forma parte de Patriotas por Europa, la familia política que impulsó Orbán y cuyo modelo de gobierno consistió en neutralizar los contrapoderes. Vox llegó a proponer suprimir el Constitucional, y su relación con él ha sido, según el autor, la de quien lo usa como arma política y lo desprecia cuando no le da la razón.
Lo que está en juego, sostiene, no es tanto la mayoría del tribunal como que un mismo bloque concentre el Gobierno, las dos Cámaras, casi todo el poder territorial y el Constitucional. La preocupación no es que la izquierda pierda su mayoría allí, sino que desaparezca el último lugar donde una mayoría puede ser frenada.
El autor añade una condición: esa resistencia solo es legítima si no degenera en un bloqueo como el que el PP ha mantenido en esta legislatura. Por eso propone que la izquierda se comprometa desde ahora a negociar la renovación. Cuando un tribunal de garantías se convierte en trofeo electoral, concluye, da bastante igual quién lo gane: queda dañado aquello para lo que existe, poder decirle que no a quien te ha nombrado. Todo apunta al 29 de noviembre, cuando se verá si la derecha alcanza los tres quintos.
Notable Quotes
Lo que cohesiona este bloque es la voluntad de hacerse con los contrapoderes, según el autor.— Artículo de opinión, El País