En las primeras horas del sábado 15 de agosto, la tierra habló desde las profundidades de Granada: un terremoto de magnitud 5 con epicentro en Alhendín recordó a miles de andaluces que el suelo que habitamos tiene su propia historia, ajena a nuestros planes. Sin víctimas que lamentar, pero con fachadas caídas y vecinos desalojados, el evento abrió una pausa colectiva en la que la fragilidad de lo construido se hizo visible frente a la permanencia de lo geológico. Las instituciones respondieron con celeridad, pero la pregunta que queda suspendida —¿cuánto aguantan nuestros edificios cuando la t