En las afueras de Ciudad de Guatemala, el Ejército desplegó fuerzas especializadas en la cárcel Fraijanes II para interrumpir redes de extorsión que operaban desde adentro de sus muros hacia el exterior del país. El operativo forma parte de una serie de intervenciones que revelan una verdad incómoda: el Estado ha perdido, en parte, el control de sus propios espacios de reclusión. Lo que se busca recuperar no es solo el orden físico de una prisión, sino la legitimidad de una institución que debería contener el crimen y que, en cambio, lo ha albergado.