Tercer debate presidencial: enfrentamientos, acusaciones y momentos peculiares

Estamos viviendo una crisis, la gente se está muriendo y tenemos candidatos que están leyendo documentos
Julio Guzmán criticó a Rafael López por depender de apuntes durante el debate presidencial.

En la víspera de unas elecciones que definirán el rumbo del Perú, el tercer debate presidencial organizado por el JNE se convirtió en espejo de una democracia bajo tensión: seis candidatos que, en lugar de iluminar el camino hacia el poder, prefirieron disputar el terreno con acusaciones, ironías y gestos que revelaron más sobre sus fragilidades que sobre sus visiones de país. Lo que debía ser un foro de ideas se transformó en una arena donde lo personal eclipsó lo programático, recordándonos que los debates no solo muestran propuestas, sino también el carácter de quienes aspiran a gobernar.

  • Rafael Santos lanzó el primer golpe al acusar a Lescano, Salaverry y Guzmán de integrar el 'club de los lagartos' por obstaculizar la importación de vacunas, encendiendo una noche que ya no volvería a calmarse.
  • Ciro Gálvez habló en quechua desde una conexión remota, pero el JNE no había previsto traductor, dejando a millones de peruanos sin poder escuchar a uno de sus candidatos en su propia lengua.
  • Rafael López fue sorprendido leyendo sus respuestas de apuntes escritos, y Guzmán lo denunció como una falta de respeto imperdonable ante una ciudadanía golpeada por la crisis y el desempleo.
  • Salaverry y López se cruzaron acusaciones de difamación y vínculos cuestionables, mientras Guzmán llamó a Santos 'chaleco' de López, obligando a los moderadores a intervenir para contener el altercado.
  • Al cierre de la noche, el debate había revelado menos sobre los planes de gobierno y más sobre las fracturas personales y estratégicas que dividen a una clase política en plena campaña.

El tercer debate presidencial convocado por el Jurado Nacional de Elecciones se celebró el jueves por la noche con seis candidatos en escena, pero la exposición de propuestas pronto cedió paso a un clima de acusaciones mutuas que marcó el tono de toda la jornada.

Rafael Santos, de Perú Patria Segura, fue el primero en elevar la temperatura al acusar directamente a Lescano, Salaverry y Guzmán de pertenecer al 'club de los lagartos' por haber bloqueado, según él, la importación de vacunas contra la COVID-19. Los tres aludidos optaron por ignorar el ataque y continuar con sus intervenciones.

Uno de los momentos más llamativos de la noche fue protagonizado por Ciro Gálvez, quien eligió expresarse en quechua desde una conexión remota por razones de salud. El JNE no había previsto traducción simultánea, lo que dejó a gran parte de la audiencia sin comprender sus palabras. Gálvez protestó públicamente por la omisión.

Rafael López generó otra escena incómoda al leer sus respuestas directamente de sus apuntes, llegando incluso a levantar las hojas para encontrar la anotación correcta. Julio Guzmán lo criticó con dureza, calificando esa actitud de falta de respeto hacia una ciudadanía que atraviesa una crisis profunda.

El intercambio más áspero enfrentó a Salaverry y López, quienes se acusaron mutuamente de difamación y vínculos políticos cuestionables. El punto más álgido llegó cuando Guzmán llamó a Santos 'chaleco' de López, insinuando que ambos actuaban en coordinación, lo que desató un altercado que los moderadores debieron apaciguar.

Al final, el debate dejó en evidencia que, a pocos días de las elecciones, las fracturas entre los candidatos son tanto ideológicas como personales, y que el escenario del debate se ha convertido en el lugar donde esas tensiones se hacen más visibles ante la ciudadanía peruana.

El tercer debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones transcurrió el jueves por la noche en un clima de tensión constante, donde los seis candidatos en contienda aprovecharon el tiempo no solo para exponer sus propuestas de gobierno, sino también para atacarse mutuamente con acusaciones que iban desde lo político hasta lo personal.

Rafael Santos, candidato por Perú Patria Segura, fue quien abrió el fuego de los enfrentamientos. Dirigiéndose directamente a Yonhy Lescano de Acción Popular, Daniel Salaverry de Somos Perú y Julio Guzmán del Partido Morado, los acusó de integrar el "club de los lagartos" por obstaculizar la importación de vacunas contra la COVID-19. Santos argumentó que su partido había propuesto traer las vacunas desde el año anterior, pero que medidas que calificó como populistas y mentirosas de gobiernos que no escuchan al pueblo habían impedido concretar esa gestión. Los tres candidatos atacados decidieron no responder directamente y continuaron presentando sus propuestas.

Uno de los momentos más peculiares de la noche ocurrió cuando Ciro Gálvez, candidato por Renacimiento Unido Nacional, decidió expresar sus propuestas completamente en quechua. El problema fue que el JNE no había previsto un traductor simultáneo para ese idioma, lo que dejó a buena parte de la audiencia sin poder comprender sus intervenciones. Gálvez protestó públicamente por esta omisión, señalando que debería haber habido traducción simultánea del quechua al español. Su participación fue además limitada por razones de salud: Gálvez se conectó vía Zoom desde una ubicación remota en lugar de asistir físicamente al debate.

Rafael López de Renovación Popular enfrentó críticas por su dependencia de apuntes escritos durante el evento. Cuando el moderador Pedro Tenorio le formuló una pregunta sobre las menores que abandonan sus centros de estudios, López comenzó a leer directamente de las hojas que llevaba en la mano, disculpándose por ello e incluso levantando sus notas para asegurarse de estar leyendo la anotación correcta. Esta conducta no pasó desapercibida para Julio Guzmán, quien lo cuestionó duramente, expresando que le parecía "increíble" que candidatos estuvieran leyendo sus propuestas sobre temas tan importantes en medio de una crisis nacional donde la gente se estaba muriendo y sin empleo. Guzmán caracterizó el comportamiento como una falta de respeto hacia los ciudadanos que escuchaban el debate.

Daniel Salaverry y Rafael López protagonizaron un intercambio particularmente áspero. Salaverry recordó que durante su presidencia del Congreso había enfrentado a los fujiapristas, a quienes describió como socios de López. López respondió dirigiéndose a los moderadores Mónica Delta y Pedro Tenorio para expresar su malestar por lo que consideraba difamaciones. Cuando Salaverry volvió a tomar la palabra, profundizó sus críticas, cuestionando si López había sido socio de George Soros y señalando la contradicción entre su discurso pro vida y su supuesta oposición a la ideología de género.

El momento más álgido llegó cuando Julio Guzmán se refirió a Rafael Santos como el "chaleco" de Rafael López, sugiriendo que ambos provenían del "mismo vientre de alquiler". Esta acusación generó un altercado que los moderadores tuvieron que intervenir para apaciguar. La tensión reflejaba una dinámica subyacente en la que Santos parecía estar blindando a López de críticas más directas, algo que Guzmán no dejó pasar sin señalar.

A lo largo de la noche quedó claro que el debate había dejado de ser un espacio para presentar propuestas coherentes y se había convertido en una arena de enfrentamientos personales y acusaciones cruzadas. Los candidatos oscilaban entre momentos de exposición de sus planes de gobierno y ataques que buscaban desacreditar a sus rivales. Con la elección presidencial acercándose, estos debates se habían convertido en el escenario donde las fracturas entre los candidatos se hacían más visibles, revelando no solo diferencias ideológicas sino también tensiones personales y estrategias políticas que iban más allá de las propuestas.

Me parece increíble que haya candidatos que estén leyendo sus propuestas de temas tan importantes. La verdad que es una falta de respeto a todos ustedes y a todos los peruanos que están escuchando.
— Julio Guzmán, candidato del Partido Morado
La solución la hemos tenido desde el año pasado, pero justamente, por medidas populistas y mentirosas de Gobiernos que no escuchan al pueblo, no nos dejan traerlas.
— Rafael Santos, candidato de Perú Patria Segura
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Santos decidió atacar a tres candidatos a la vez con esa acusación del 'club de los lagartos'?

Model

Porque la vacuna era el tema del momento. Perú estaba en plena crisis de COVID, la gente se moría, y Santos quería posicionarse como el único que había tenido la solución clara desde antes. Atacar a tres rivales simultáneamente lo hacía parecer como si estuviera rodeado de incompetentes.

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¿Y por qué López llevaba apuntes al debate? ¿No se suponía que debería conocer sus propuestas de memoria?

Model

Eso es lo que Guzmán estaba señalando. En un debate presidencial, leer tus respuestas sugiere que no las dominas, que no las has internalizado. En medio de una crisis, eso se ve como falta de preparación o falta de convicción.

Inventor

El asunto de Gálvez hablando en quechua sin traductor parece casi simbólico.

Model

Lo es. Gálvez estaba haciendo una declaración política: que el quechua merece ser escuchado en espacios de poder nacional. Pero el JNE no estaba preparado para eso. Fue un choque entre una intención inclusiva y una institución que no había previsto la diversidad lingüística.

Inventor

¿Qué significaba cuando Guzmán llamó a Santos 'chaleco' de López?

Model

Que Santos estaba protegiéndolo, cubriéndolo de ataques directos. En la jerga política, un 'chaleco' es alguien que absorbe los golpes para que otro no los reciba. Guzmán estaba diciendo que Santos y López estaban coordinados, que no eran rivales reales.

Inventor

¿El debate logró aclarar algo sobre las propuestas de estos candidatos?

Model

No mucho. El debate se convirtió en una pelea de egos. Cada candidato estaba más preocupado por desacreditar a los otros que por explicar cómo gobernaría. La gente que sintonizó probablemente aprendió más sobre las tensiones personales que sobre los planes de gobierno.

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