Argentina y Brasil albergarán primeros centros de fabricación de vacunas ARN mensajero en Latinoamérica

Rompiendo el ciclo de dependencia que caracterizó el acceso a medicamentos innovadores
Cómo la fabricación regional de vacunas ARN mensajero podría transformar la autonomía de Latinoamérica en salud.

En un momento en que la pandemia reveló con crudeza la fragilidad de las cadenas globales de suministro médico, América Latina da un paso hacia la soberanía sanitaria: Argentina y Brasil han sido elegidas para albergar los primeros centros de fabricación de vacunas ARN mensajero en la región. La decisión, respaldada por la OMS y la OPS tras evaluar más de treinta propuestas, no es solo logística sino filosófica —un intento de romper el ciclo histórico de dependencia que ha dejado a los países del sur esperando mientras otros deciden quién recibe qué y cuándo.

  • La pandemia expuso sin rodeos que Latinoamérica depende de suministros externos para acceder a las vacunas más avanzadas, una vulnerabilidad que costó vidas y tiempo.
  • Más de treinta propuestas compitieron por ser seleccionadas, lo que revela tanto el hambre regional por autonomía biotecnológica como la escasez de capacidad técnica real para sostenerla.
  • Sinergium Biotech en Argentina y Bio-Manguinhos/Fiocruz en Brasil emergen como los pilares de esta nueva arquitectura regional, con planes concretos de asociación para producir los componentes activos de las vacunas.
  • La plataforma de transferencia tecnológica OMS-OPS, lanzada con más de doscientos actores públicos y privados, intenta convertir el conocimiento del ARN mensajero en un bien compartido y no en un monopolio del norte global.
  • El horizonte es promisorio pero incierto: lo que ocurra en estas plantas determinará si la región consolida capacidad médica de punta o si esta oportunidad se diluye en intenciones sin seguimiento.

La tecnología ARN mensajero —la misma que sustenta las vacunas de Pfizer y Moderna— llegará por primera vez a plantas de fabricación en América Latina. Argentina y Brasil fueron elegidas para albergar estos centros pioneros tras un proceso riguroso en el que expertos independientes evaluaron más de treinta propuestas de países y empresas de la región.

En Brasil, el Instituto Bio-Manguinhos de la Fundación Oswaldo Cruz, dependiente del Ministerio de Salud, liderará la producción. En Argentina, la empresa biofarmacéutica Sinergium Biotech asumirá ese rol, con planes de asociarse con mAbxience para desarrollar los componentes activos de la vacuna. Ambas instituciones son el resultado de una iniciativa conjunta de la OMS y la OPS, lanzada en agosto con la participación de más de doscientos actores del sector público y privado.

La iniciativa responde a una necesidad estructural que la pandemia dejó al descubierto: la dependencia latinoamericana de suministros externos. A diferencia de las vacunas tradicionales, las de ARN mensajero no contienen virus y utilizan fragmentos del código genético viral para entrenar al sistema inmunológico, sin riesgo de provocar infección.

Para Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS, esta capacidad regional abre un camino hacia una inmunización más justa: no solo producir dosis, sino permitir que los países latinoamericanos se asocien para fabricar vacunas destinadas a toda la región. Si estas plantas cumplen su promesa, América Latina podría consolidarse como productor de tecnología médica de vanguardia; si no, la oportunidad quedará como una más entre las promesas incumplidas de la historia sanitaria regional.

La tecnología que revolucionó la respuesta global a la pandemia —el ARN mensajero que sustenta las vacunas de Pfizer y Moderna— llegará por primera vez a plantas de fabricación en América Latina. Argentina y Brasil fueron elegidas para albergar estos centros pioneros, una decisión que marca un punto de inflexión en cómo la región accede a las herramientas de inmunización más avanzadas.

La selección no fue casual. Un grupo de expertos independientes evaluó más de treinta propuestas de países y empresas de toda la región, buscando identificar cuáles tenían la capacidad técnica, la infraestructura y el compromiso para producir estas vacunas de nueva generación. En Brasil, el Instituto de Tecnología en Inmunobiológicos de la Fundación Oswaldo Cruz —conocido como Bio-Manguinhos/Fiocruz— del Ministerio de Salud, fue el elegido. En Argentina, la empresa biofarmacéutica privada Sinergium Biotech recibió la designación, con planes de asociarse con mAbxience, otra compañía de biotecnología, para desarrollar y fabricar los componentes activos de la vacuna.

Esta iniciativa responde a una necesidad estructural que la pandemia expuso sin ambigüedad: la dependencia de Latinoamérica de suministros externos de medicamentos y vacunas. Al establecer capacidad de fabricación regional, los países pueden no solo reducir esa vulnerabilidad, sino también garantizar que la inmunización sea más equitativa y accesible en toda la región. La plataforma de transferencia tecnológica que sustenta este esfuerzo es una iniciativa conjunta de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, lanzada en agosto con la participación de más de doscientos actores del sector público y privado.

La tecnología del ARN mensajero representa un salto conceptual en el diseño de vacunas. A diferencia de las vacunas tradicionales, que contienen virus atenuados o inactivados, estas no incluyen ningún virus en su composición y, por lo tanto, no pueden provocar una infección accidental. En su lugar, utilizan fragmentos del código genético viral para entrenar al sistema inmunológico a reconocer las proteínas que el coronavirus presenta en su superficie, preparando al cuerpo para atacar el virus si llega a infectar.

Según Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS, esta capacidad de fabricación regional abre un camino hacia una inmunización más justa. No se trata solo de producir dosis, sino de que los países latinoamericanos puedan asociarse entre sí para fabricar vacunas destinadas a toda la región, rompiendo así el ciclo de dependencia que ha caracterizado el acceso a medicamentos innovadores. Lo que suceda en estas plantas en los próximos meses y años determinará si América Latina logra consolidarse como productor de tecnología médica de punta o si esta oportunidad se disuelve en promesas incumplidas.

Iniciativa que busca reducir la dependencia de suministros extranjeros y allanar el camino a una inmunización más equitativa en toda la región
— Funcionarios de la Organización Panamericana de la Salud
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan importante que Argentina y Brasil fabriquen estas vacunas en lugar de simplemente importarlas?

Model

Porque durante la pandemia vimos cómo los países ricos acaparaban las dosis mientras otros esperaban meses. Si Latinoamérica puede fabricar su propia tecnología de punta, no depende de negociaciones internacionales ni de la buena voluntad de otros gobiernos.

Inventor

Pero ¿realmente tienen la capacidad técnica para hacer esto? ¿No es muy complicado?

Model

Por eso evaluaron más de treinta propuestas. Eligieron a Fiocruz en Brasil porque tiene décadas de experiencia en inmunobiológicos. Y en Argentina, Sinergium no está sola —se asocia con mAbxience, que ya tiene experiencia en biotecnología. No es improvisación.

Inventor

¿Qué hace que el ARN mensajero sea tan diferente de las vacunas que conocemos?

Model

No contiene virus. Es solo código genético que le dice a tu cuerpo cómo defenderse. Eso significa que no hay riesgo de infección accidental, y se puede desarrollar mucho más rápido que las vacunas tradicionales.

Inventor

¿Esto significa que toda Latinoamérica tendrá acceso a estas vacunas?

Model

Ese es el objetivo. La plataforma permite que los países se asocien para fabricar juntos. Pero el acceso real dependerá de decisiones políticas y de cuánto inviertan en mantener estas plantas funcionando después del entusiasmo inicial.

Inventor

¿Cuál es el riesgo de que esto fracase?

Model

Que se quede en un anuncio. Transferir tecnología es complicado. Requiere dinero, personal capacitado, regulaciones claras. Si los gobiernos no sostienen el compromiso, estas plantas podrían quedar obsoletas.

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