En un país moldeado por la colisión de placas tectónicas, Chile volvió a sentir el pulso de la tierra el sábado 1 de agosto, cuando el Centro Sismológico Nacional reportó un nuevo temblor. Situado en el Cinturón de Fuego, ese arco de tensión geológica que concentra las tres cuartas partes de la actividad sísmica del planeta, Chile no experimenta estos eventos como excepciones sino como parte constitutiva de su existencia. La memoria del terremoto de Valdivia de 1960 —el más poderoso jamás registrado en la historia instrumental— recuerda que bajo esa tierra habita una fuerza que exige respeto y