Cada otoño, los datos de vacunación escolar revelan el estado de un pacto colectivo entre familias, médicos y comunidades. Este año, ese pacto muestra grietas profundas: solo el 92,4% de los niños de kínder en Estados Unidos recibió las vacunas contra sarampión, paperas y rubeola en el ciclo 2025-2026, por debajo del umbral del 95% necesario para la inmunidad comunitaria, mientras las exenciones no médicas alcanzaron un récord histórico del 4,2%. Lo que distingue este momento de otros retrocesos es su origen: la confusión no surge desde los márgenes de la sociedad, sino desde las propias insti
Tasas de vacunación escolar en EE.UU. bajan y exenciones alcanzan máximo histórico
Caos y confusión en los sistemas de recomendaciones de vacunación
¿Por qué importa tanto que caiga de 95% a 92,4%? Parece una diferencia pequeña.
Porque esos tres puntos porcentuales representan la diferencia entre una enfermedad contenida y una que se propaga. El sarampión es altamente contagioso. Necesitas ese 95% para crear una barrera que proteja incluso a los que no pueden vacunarse: bebés, personas con alergias graves, gente inmunodeprimida.
Entiendo. Pero ¿qué explica realmente el aumento de exenciones? ¿La gente simplemente cambió de opinión?
No es tan simple. Hubo un cambio en el mensaje desde el gobierno federal. Cuando los funcionarios de salud cuestionan públicamente las vacunas, los padres que ya tenían dudas sienten que tienen permiso para actuar sobre ellas. Es confusión deliberada convertida en política.
¿Y las exenciones médicas? ¿Esas también subieron?
No, eso es lo interesante. Las exenciones médicas se mantuvieron estables en torno a 0,2%. Son los padres que eligen no vacunar por razones no médicas los que están aumentando. Eso sugiere que no se trata de limitaciones médicas reales, sino de decisiones basadas en información conflictiva.
¿Qué pasa ahora con esos 250.000 niños susceptibles al sarampión?
Están en riesgo. Y no están distribuidos uniformemente. Hay bolsas de comunidades con tasas de vacunación muy bajas. Eso es donde los brotes pueden encenderse y propagarse rápidamente, especialmente cuando los niños se reúnen en escuelas.
Il Polso
- Las tasas de vacunación en kínder cayeron por cuarto año consecutivo, alejándose aún más del umbral del 95% que garantiza la inmunidad comunitaria frente al sarampión.
- Las exenciones no médicas llegaron al 4,2%, su nivel más alto registrado, representando unos 155.000 niños desprotegidos distribuidos de forma desigual por el territorio nacional.
- Funcionarios federales encabezados por Robert F. Kennedy Jr. han cuestionado activamente las directrices de vacunación infantil, sembrando una confusión que los pediatras identifican como la causa principal del retroceso.
- El país atraviesa su peor brote de sarampión desde 1991, con más de 250.000 niños de kínder susceptibles a la enfermedad concentrados en regiones específicas de alto riesgo.
- Autoridades estatales y escolares intentan revertir la tendencia con campañas de regreso a clases, pero sus mensajes compiten directamente con la incertidumbre generada desde Washington.
Cada otoño, los datos de vacunación escolar revelan el estado de un pacto colectivo entre familias, médicos y comunidades. Este año, ese pacto muestra grietas profundas: solo el 92,4% de los niños de kínder en Estados Unidos recibió las vacunas contra sarampión, paperas y rubeola en el ciclo 2025-2026, por debajo del umbral del 95% necesario para la inmunidad comunitaria, mientras las exenciones no médicas alcanzaron un récord histórico del 4,2%. Lo que distingue este momento de otros retrocesos es su origen: la confusión no surge desde los márgenes de la sociedad, sino desde las propias instituciones federales llamadas a proteger la salud pública, en el peor año de sarampión que el país ha vivido desde 1991.
Los datos llegaron el lunes como cada año, pero esta vez narraban un retroceso sostenido. Solo el 92,4% de los niños que ingresaron al kínder en el ciclo 2025-2026 había recibido las vacunas obligatorias contra sarampión, paperas y rubeola, una cifra que se aleja del 95% que era estándar antes de la pandemia y que representa el umbral mínimo para sostener la inmunidad comunitaria.
Lo más alarmante fue el aumento de las exenciones no médicas, que subieron del 3,6% al 4,2%, equivalente a unos 155.000 niños en todo el país. Es el cuarto récord consecutivo en este indicador, y las exenciones crecieron en 41 estados y el Distrito de Columbia. La causa señalada por los expertos es clara: la confusión generada desde el gobierno federal, donde Robert F. Kennedy Jr. y otros funcionarios han cuestionado las directrices de vacunación infantil. El presidente Trump llegó a solicitar nuevas recomendaciones que promovieran espaciar las vacunas en visitas separadas, una teoría sin respaldo científico. El doctor James Campbell, de la Academia Estadounidense de Pediatría, fue directo: el caos en las recomendaciones federales es el origen principal del problema.
Las caídas no se limitaron al sarampión. También bajaron las tasas de vacunación contra la polio, la difteria, el tétanos, la tosferina y la varicela. Todo esto ocurre mientras Estados Unidos vive su peor año de sarampión desde 1991, con más de un cuarto de millón de niños de kínder susceptibles a la enfermedad, concentrados en regiones específicas que enfrentan riesgos desproporcionados de brotes.
El cambio de tono institucional también fue visible en la forma de comunicar los datos. Los CDC, que antes publicaban estos números con análisis detallado en su revista insignia, esta vez emitieron apenas un comunicado de tres frases. Mientras tanto, autoridades estatales como el secretario de Salud de Carolina del Norte intentan recordar a los padres que proteger la salud infantil es una responsabilidad compartida, aunque sus mensajes deben abrirse paso en medio de la incertidumbre que llega desde Washington.
Los números llegaron el lunes, como llegan cada año, pero esta vez contaban una historia de retroceso. Las tasas de vacunación entre niños de kínder en Estados Unidos volvieron a caer, mientras que la proporción de menores con exenciones alcanzó un nivel nunca antes visto. El 92,4% de los niños que entraban al jardín de infancia durante el ciclo 2025-2026 había recibido las vacunas obligatorias contra sarampión, paperas y rubeola, una cifra que suena alta hasta que se compara con el 95% que era estándar antes de la pandemia de COVID-19. Ese umbral del 95% no es arbitrario: es el punto en el que la inmunidad comunitaria se vuelve lo suficientemente sólida como para detener la propagación de una enfermedad incluso entre quienes no están protegidos.
Lo más notable fue el aumento de las exenciones. El porcentaje de niños exentos de los requisitos de vacunación subió a 4,2%, frente al 3,6% del año anterior. En números reales, eso significa aproximadamente 155.000 niños en todo el país durante este ciclo escolar. Es el cuarto año consecutivo en que se alcanza un récord histórico en exenciones, y la abrumadora mayoría de estos casos no obedece a razones médicas legítimas, sino a decisiones de padres que optan por no vacunar a sus hijos. Las exenciones aumentaron en 41 estados y en el Distrito de Columbia.
Los expertos señalan una causa clara: la confusión sembrada desde las más altas esferas del gobierno federal. Robert F. Kennedy Jr., quien fue una voz prominente del movimiento antivacunas antes de que el presidente Donald Trump lo colocara al frente de las agencias federales de salud, ha trabajado junto con otros funcionarios para cuestionar y debilitar las directrices de vacunación infantil. Hace poco más de dos semanas, Trump solicitó nuevas recomendaciones sobre vacunación que promovieran su teoría desacreditada de que las vacunas infantiles deberían espaciarse en visitas médicas separadas. El doctor James Campbell, de la Academia Estadounidense de Pediatría, lo expresó de manera directa: "El origen de esto se debe principalmente a que ha habido tanto caos y confusión en los sistemas de recomendaciones de vacunación en el último año, más o menos".
Las caídas no se limitaron al sarampión. Las tasas de vacunación también disminuyeron para la polio, para la vacuna combinada contra difteria, tétanos y tosferina, y para la primera dosis de la vacuna contra la varicela. La protección contra la hepatitis B se mantuvo estable, aunque Campbell advirtió que pasarán algunos años antes de que los recientes intentos federales de alterar las recomendaciones de hepatitis B en bebés se reflejen en las tasas de los niños de kínder.
Esta caída de las tasas de vacunación ocurre en el peor momento posible. Estados Unidos está atravesando su peor año de infecciones de sarampión desde 1991. Según Campbell, más de un cuarto de millón de niños que ingresan al kínder son ahora susceptibles al sarampión. Estos niños vulnerables no están distribuidos uniformemente por todo el país; las concentraciones de menores no vacunados son más altas en algunas regiones que en otras, lo que explica por qué los brotes de sarampión varían en intensidad y por qué ciertos lugares enfrentan riesgos mucho mayores que otros.
La forma en que se comunicaron estos datos también refleja el cambio en el tono del gobierno federal. En el pasado, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades publicaban estos números en su publicación insignia, el Morbidity and Mortality Weekly Report, acompañados de análisis detallado sobre tendencias y la importancia de las vacunas. Este año, la agencia publicó los datos en internet y emitió un comunicado de apenas tres frases, observando que hubo una pequeña disminución en la cobertura de vacunación y diciendo simplemente que los CDC seguían alentando a los padres a hablar con sus médicos sobre opciones de vacunación.
Mientras tanto, autoridades escolares y de salud pública de todo el país están haciendo su trabajo tradicional de regreso a clases, instando a los padres a vacunar a sus hijos. Dev Sangvai, secretario de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte, señaló que "la temporada de regreso a clases es un recordatorio importante de que proteger la salud de nuestros niños es una responsabilidad compartida y un objetivo compartido". Pero esos mensajes compiten ahora con la incertidumbre sembrada desde Washington, donde los funcionarios federales de salud cuestionan las mismas directrices que los pediatras locales están tratando de promover.
Citazioni salienti
El origen de esto se debe principalmente a que ha habido tanto caos y confusión en los sistemas de recomendaciones de vacunación en el último año, más o menos— Doctor James Campbell, Academia Estadounidense de Pediatría
La temporada de regreso a clases es un recordatorio importante de que proteger la salud de nuestros niños es una responsabilidad compartida y un objetivo compartido— Dev Sangvai, secretario de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte