Durante más de medio siglo, el código de barras ha sido el silencioso intermediario entre el producto y la caja registradora. Ahora, la industria minorista se prepara para reemplazarlo con códigos bidimensionales capaces de condensar miles de caracteres de información —lotes, alérgenos, orígenes, fechas de vencimiento— en un espacio diminuto. Antes de que termine 2027, este cambio podría convertir cada compra en un acto más informado y cada caja registradora en una barrera activa contra productos contaminados.