Tres semanas después de que seis trabajadores sociales perdieran la vida en un centro de acogida de menores en Stade, el hombre acusado de ese crimen fue hallado muerto en su celda de aislamiento en la prisión de Bremervörde, aparentemente por suicidio. Con él se cierra el proceso penal, pero se abre una herida distinta: la de las familias que no tendrán juicio, y la de un sistema que no supo —o no quiso— ver las señales de un hombre al borde. La tragedia no termina con la muerte del acusado; en cierto modo, se ramifica.
Sospechoso del tiroteo de Stade aparece muerto en su celda de prisión
Seis empleados de servicios sociales fueron asesinados en el tiroteo del 29 de junio en Stade; el sospechoso murió en prisión preventiva.