Más de 493.000 niños somalíes sufren desnutrición aguda grave, con bebés enterrados sin nombre tras nacer débiles por el hambre extrema. La ayuda internacional se desplomó: EE.UU. pasó de primer donante al décimo lugar, dejando un déficit de financiación del 69,5% en los planes humanitarios.
Somalia entierra bebés muertos de hambre mientras colapsa la ayuda internacional
Ya solo confiamos en la ayuda de Dios
¿Por qué Somalia está en esta situación ahora, en 2026, cuando ya pasó por una hambruna hace quince años?
Porque la ayuda internacional que mantenía a flote el país se ha desplomado. Estados Unidos pasó de ser el primer donante al décimo lugar. Ahora solo reciben el treinta por ciento de lo que necesitan.
¿Y eso es por decisión política o por cambios económicos globales?
Por decisión política. Trump volvió a la presidencia en enero de 2025 y cambió la prioridad de la ayuda exterior. Pero también hay factores que no controla: los conflictos en Irán y Yemen han encarecido todos los suministros.
¿Cuántos niños estamos hablando que están en peligro?
Más de cuatrocientos noventa y tres mil con desnutrición aguda grave. Y alrededor de uno coma nueve millones más están en la frontera peligrosa de la desnutrición.
¿Esos números vienen de la ONU o de estimaciones locales?
De la ONU. Pero lo que es más concreto es que doscientos centros de salud han cerrado, así que probablemente hay casos que ni siquiera se están detectando.
¿Y qué pasa ahora con El Niño?
Lluvias torrenciales en las próximas semanas. Dos millones de personas podrían ser desplazadas. Es irónico: gente que huye de la sequía ahora será víctima de inundaciones.
¿Hay alguna señal de que la situación mejore o simplemente empeora?
George Conway, coordinador humanitario de la ONU, dice que se ha podido sortear la amenaza en estos meses, pero que las próximas semanas son críticas. Con la escasez de medios, es difícil saber si aguantarán.
¿Qué significa eso en términos humanos?
Significa bebés enterrados sin nombre. Significa madres que pierden hijos y tienen que seguir adelante cuidando a los otros. Significa que el agua cuesta cuatro veces más de lo que costaba hace poco.
¿Y el Gobierno somalí está haciendo algo o está paralizado?
El Gobierno está debilitado por la inestabilidad y los conflictos internos. Al Shabab controla territorios enteros. Los hospitales funcionan con lo que pueden.
The Pulse
- Más de 493.000 niños somalíes con desnutrición aguda grave
- 200 centros de salud cerrados por recortes de financiación
- Déficit de ayuda internacional del 69,5% tras caída de donaciones estadounidenses
- 700.000 somalíes desplazados en 2026; 2 millones en riesgo por El Niño
- Un tercio de la población (6 millones) padece hambre aguda
Más de 493.000 niños somalíes sufren desnutrición aguda grave, con bebés enterrados sin nombre tras nacer débiles por el hambre extrema. La ayuda internacional se desplomó: EE.UU. pasó de primer donante al décimo lugar, dejando un déficit de financiación del 69,5% en los planes humanitarios.
Somalia afronta una crisis humanitaria con más de 493.000 menores con desnutrición aguda grave, agravada por el cierre de 200 centros de salud y la caída del 69,5% en financiación internacional tras el regreso de Trump.
Shukri Mahad Mohamed pesa cuatro kilos y medio. A los cuatro años, debería pesar cuatro veces más. Su madre, Madina Osman Hassan, de veintidós años, lo sostiene en silencio en una silla de plástico del Hospital Daynile de Mogadiscio, observando el rostro consumido de su hijo. Somalia fue el primer país en el que se declaró oficialmente una hambruna en el siglo XXI, en 2011. Esa sombra ha vuelto.
Más de doscientos centros de salud han cerrado por los recortes en financiación internacional. Los suministros esenciales —combustible, agua, medicinas— se han encarecido por los conflictos en Irán y Yemen. El resultado es que más de cuatrocientos noventa y tres mil menores somalíes padecen desnutrición aguda grave, lo que significa que están en peligro de muerte. Algunos niños no logran sobrevivir ni para recibir un nombre. Amina Abukar Tifu, de veintiséis años, llegó hace poco al campamento de desplazados de Balow en Burhakaba. Enterró a su último hijo dos meses después de parirlo, débil desde el nacimiento. Lo sepultaron en el campo con una simple oración alrededor de una tumba improvisada.
Abdi Adan, responsable del campamento de Balow, perdió a su propio hijo el mes pasado. Rashid tenía tres años. "Yo mismo perdí el mes pasado a un hijo por el hambre. Nuestros hijos comen una vez al día", dice durante una ceremonia de bienvenida al pie de las primeras cabañas. "Ya solo confiamos en la ayuda de Dios", añade, mirando hacia el mar de plástico, telas y desolación que rodea el asentamiento. En los primeros seis meses de 2026, Somalia registró un aumento del treinta y dos por ciento en el número de niños ingresados en centros de estabilización con desnutrición aguda grave comparado con el mismo período de 2025. El cierre de centros complica la identificación de casos y su prevención.
La cooperación internacional se ha desplomado. Estados Unidos, que era el primer donante, ahora ocupa el décimo lugar. El déficit de ayuda es del sesenta y nueve coma cinco por ciento. Somalia recibe alrededor del treinta coma cinco por ciento de los ochocientos cincuenta y dos millones de dólares requeridos. En 2022, se cubrió el noventa y dos por ciento de los dos mil doscientos setenta millones de dólares solicitados. La caída es dramática. Ruth Situma, especialista en nutrición de Unicef, advierte que solo el cinco por ciento de los niños entre seis y veintitrés meses recibe lo suficiente para crecer y desarrollarse bien. "El riesgo de hambruna es real en distintas localidades", dice durante una visita al campo de Caaneyste en la capital.
Una espiral de desgracias acelera la posibilidad de que sea declarada de nuevo oficialmente la hambruna. El fenómeno meteorológico conocido como El Niño traerá lluvias torrenciales en las próximas semanas. Esas inundaciones podrían afectar a tres millones de somalíes y desplazar a dos millones, según las cifras del Gobierno. Es una ironía cruel: gente que huye de la sequía ahora será víctima de lluvias devastadoras. Además, los conflictos bélicos en torno al estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, y el estrecho de Bab el Mandeb frente a las costas de Yemen han estrangulado el comercio mundial de crudo, encareciendo todos los suministros que llegan a Somalia.
En Somalia viven unos veinte millones de habitantes. Un tercio de la población, seis millones de personas, padece hambre aguda. La falta de recursos limita el alcance del Programa Mundial de Alimentos de la ONU a apenas una de cada diez personas necesitadas. El país arrastra sequía, malas cosechas, guerra contra grupos yihadistas e inestabilidad gubernamental. Durante años, cientos de miles de personas se han convertido en desplazados internos, alrededor del dieciocho por ciento de la población. Solo en 2026, setecientos mil somalíes han dejado atrás sus lugares de residencia, y quinientos mil de ellos lo han hecho directamente por la sequía, según el Consejo Noruego para los Refugiados.
Mads Oyen, jefe de operaciones de Unicef, explica que el conflicto armado ha elevado el coste del envío de ayuda. "El conflicto armado ha elevado el coste del envío de ayuda y ahora por cada kilo que traemos desde Mogadiscio pagamos dos dólares", dice en el almacén del Hospital de Burhakaba, donde ni siquiera hay agua corriente. Desde el año pasado, el servicio aéreo se ha encarecido un cuarenta por ciento. Los tentáculos del grupo terrorista Al Shabab controlan la carretera y el perímetro de Burhakaba, convertida en uno de los epicentros del riesgo de hambruna. En algunas zonas rurales, el precio del agua se ha multiplicado por cuatro: un depósito de doscientos litros ha pasado de costar dos dólares a ocho.
Sahra Maday Abdinur, de treinta y nueve años, está sentada en el suelo de su choza en el campo de desplazados de Caaneyste con su hijo Abdelmalik, de tres años, en brazos. Es divorciada y dejó su casa hace mes y medio, a unos ciento cincuenta kilómetros de la capital, huyendo de la sequía que azotaba sus cultivos. Tiene otros cuatro hijos más. "Si estoy todo el tiempo llevándolo al hospital, ¿quién se queda al cuidado del resto?", se pregunta. En Baidoa, a decenas de kilómetros más allá de Burhakaba, se agolpan cerca de una veintena de campamentos de desplazados. Malaka Ibrahim Edin, de cuarenta años, espera turno en un dispensario levantado con paneles de chapa ondulada para que su hijo Abdiwahid Nur Sanweyn, de nueve meses, sea atendido por malnutrición. Tiene otros nueve hijos. Perdió a su hermano Abshir, de diecinueve años, el diecisiete de agosto, cuando una bala lo mató dentro de la choza familiar durante un ataque. Pero Malaka no puede permitirse dejar de mirar hacia delante.
Notable Quotes
Yo mismo perdí el mes pasado a un hijo por el hambre. Nuestros hijos comen una vez al día.— Abdi Adan, responsable del campamento de desplazados de Balow
El conflicto armado ha elevado el coste del envío de ayuda y ahora por cada kilo que traemos desde Mogadiscio pagamos dos dólares.— Mads Oyen, jefe de operaciones de Unicef