En América Latina, poseer tecnología no equivale a aprovecharla: apenas el 15% de las empresas de la región convierte su inversión digital en crecimiento real, mientras el 85% restante opera con procesos manuales que erosionan su competitividad año tras año. Esta brecha no es solo estadística; es el reflejo de una mentalidad que confunde la herramienta con la estrategia. En 2026, con soluciones accesibles y modelos escalables al alcance de cualquier microempresa, la pregunta ya no es si digitalizar, sino si las MiPymes latinoamericanas están dispuestas a cambiar la forma en que piensan sobre e