Desde el corazón de Silicon Valley, dos de los inversores más influyentes del mundo tecnológico han decidido convertir una convicción en institución: que el título universitario tradicional ya no es el único —ni necesariamente el mejor— camino hacia el éxito. La Horowitz Andreessen Academy, respaldada con 42 millones de dólares y el apoyo de figuras como los líderes de Nvidia y Microsoft, abrirá sus puertas en 2027 con cincuenta estudiantes pioneros, apostando por el aprendizaje práctico sobre la acumulación de créditos académicos. Es un momento en que la élite tecnológica no solo cuestiona el