En Santiago de Cuba, mientras los jubilados soportan horas de espera bajo el sol para acceder a sus propias pensiones, el Estado ha respondido con sopa, bebidas y sillas —gestos de alivio que, en su misma generosidad, confiesan la profundidad del problema que no se quiere resolver. Es una imagen antigua en la historia humana: el poder que administra el sufrimiento en lugar de suprimirlo, convirtiendo la resignación en virtud y la espera en costumbre. La crisis de efectivo y las limitaciones estructurales del sistema bancario cubano llevan años empujando a adultos mayores a madrugar o acampar d
Santiago de Cuba ofrece sopa y sillas en lugar de solucionar el acceso al efectivo de jubilados
Se intenta hacer más llevadera la cola en lugar de acabar con la necesidad de hacerla
¿Por qué crees que las autoridades eligieron esta respuesta en lugar de resolver directamente el acceso al efectivo?
Porque resolver el acceso requeriría cambios estructurales en el sistema bancario y la disponibilidad de divisas. Proporcionar sopa es inmediato, visible, y permite decir que se está «haciendo algo».
¿Qué ven los jubilados en esto? ¿Lo perciben como ayuda genuina o como un gesto vacío?
Probablemente ambas cosas. La sopa y la silla son reales, alivian el sufrimiento de esa jornada específica. Pero cualquiera que haya pasado la noche en una fila sabe que lo que necesita es no estar allí.
El caso del anciano de 90 años que se desmayó en 2024 parece importante. ¿Qué dice eso sobre el riesgo real?
Dice que esto no es solo incómodo. Es peligroso. Un adulto mayor bajo el sol durante horas puede colapsar. Las sillas no previenen eso.
¿Hay algo que sugiera que esto podría cambiar pronto?
No. El problema es de fondo: escasez de efectivo y limitaciones bancarias que llevan años sin resolverse. Las instituciones ni siquiera han dicho cuánto tiempo durará el «apoyo».
¿Qué es lo más irónico de esta situación?
Que se movilicen recursos para hacer más soportable esperar, cuando esos mismos recursos podrían usarse para que la gente no tenga que esperar en absoluto.
The Pulse
- Jubilados en Santiago de Cuba se ven obligados a formar filas desde la tarde anterior —o pasar la noche entera frente al banco— solo para tener alguna posibilidad de retirar su pensión al día siguiente.
- La vulnerabilidad física es real y documentada: en marzo de 2024, un hombre de 90 años se desmayó bajo el sol mientras esperaba cobrar su jubilación, y tuvo que ser auxiliado por desconocidos.
- ETECSA, la FEU y otras instituciones movilizaron recursos logísticos —sopa instantánea, bebidas y asientos— para asistir a los pensionados, presentando la iniciativa como una 'obra humanista' y un gesto revolucionario.
- La medida es aplaudida por quienes la reciben, pero no toca la raíz: la escasez crónica de efectivo y las limitaciones estructurales del sistema bancario cubano permanecen intactas.
- Las instituciones no han precisado cuánto durará el 'apoyo logístico', un silencio que revela lo que todos saben: las colas no son un fenómeno pasajero, sino la expresión visible de una crisis estructural sin fecha de resolución.
En Santiago de Cuba, mientras los jubilados soportan horas de espera bajo el sol para acceder a sus propias pensiones, el Estado ha respondido con sopa, bebidas y sillas —gestos de alivio que, en su misma generosidad, confiesan la profundidad del problema que no se quiere resolver. Es una imagen antigua en la historia humana: el poder que administra el sufrimiento en lugar de suprimirlo, convirtiendo la resignación en virtud y la espera en costumbre. La crisis de efectivo y las limitaciones estructurales del sistema bancario cubano llevan años empujando a adultos mayores a madrugar o acampar desde la víspera, y ninguna silla cambia esa realidad.
En Santiago de Cuba, la respuesta oficial a un problema que lleva años sin solución ha tomado una forma peculiar: mientras los jubilados esperan horas bajo el sol para cobrar sus pensiones, el gobierno les ofrece sopa instantánea, bebidas refrescantes y sillas para hacer más soportable la espera.
Esta semana, ETECSA anunció que sus trabajadores se sumaron al llamado 'apoyo logístico' para los pensionados, poniendo a disposición de los bancos alimentos y asientos desde los Centros de Telecomunicaciones de los nueve municipios de la provincia. La Federación Estudiantil Universitaria de la Universidad de Oriente también participó, enviando estudiantes a la sucursal 8132 del Banco Popular de Ahorro. La organización describió la iniciativa como una 'obra humanista' que demuestra el compromiso de los jóvenes con la Revolución.
El alivio es real y tangible para quienes lo reciben. Pero el problema de fondo permanece intacto: los jubilados siguen necesitando madrugar —a veces comenzando la fila desde la tarde anterior y pasando la noche completa frente al banco— para tener alguna posibilidad de retirar su dinero. En junio pasado, una multitud de pensionados se concentró en la Plaza de Dolores con ese mismo propósito. El contraste es elocuente: se intenta hacer más llevadera la cola en lugar de acabar con la necesidad de hacerla.
La vulnerabilidad de los jubilados ante estas condiciones quedó expuesta de forma brutal en marzo de 2024, cuando un hombre de 90 años se desmayó bajo el sol mientras esperaba cobrar su jubilación en Santiago de Cuba. Ese incidente ilustra lo que está realmente en juego: no se trata solo de incomodidad, sino de riesgo físico real para personas mayores.
Las instituciones no han precisado cuánto tiempo durará este apoyo, y ese silencio es significativo. Las colas de jubilados no son un fenómeno pasajero: son la expresión visible de una crisis estructural —escasez crónica de efectivo, limitaciones del sistema bancario— que el gobierno ha optado por maquillar en lugar de resolver. Mientras la solución esencial no llegue, las sillas y la sopa seguirán siendo lo que son: un reconocimiento tácito del problema acompañado de la decisión de no enfrentarlo.
En Santiago de Cuba, las instituciones públicas han encontrado una respuesta peculiar a un problema que lleva años sin solución: mientras los jubilados esperan horas bajo el sol para cobrar sus pensiones, el gobierno les ofrece sopa instantánea, bebidas refrescantes y sillas para hacer más soportable la espera.
Esta semana, ETECSA anunció que sus trabajadores se sumaron al «apoyo logístico» para los pensionados, poniendo a disposición de los bancos bebidas, sopa y asientos desde los Centros de Telecomunicaciones de los nueve municipios de la provincia. La Federación Estudiantil Universitaria de la Universidad de Oriente también participó, enviando estudiantes de la Red Juvenil Comunitaria a la sucursal 8132 del Banco Popular de Ahorro con alimentos para los ancianos que formaban cola. La organización describió la iniciativa como una «obra humanista» que demuestra el compromiso de los jóvenes con la Revolución.
No es difícil entender por qué estas medidas pueden parecer bienvenidas. Los jubilados que pasan horas esperando bajo el calor agradecen sin duda una bebida fría, un lugar donde sentarse o un plato de sopa. Las imágenes difundidas muestran a numerosos adultos mayores aglomerados frente a instituciones bancarias, muchos de ellos expuestos directamente al sol. Cualquier alivio en esas condiciones es tangible y real.
Pero aquí está el problema: estas medidas tratan los síntomas mientras dejan intacta la enfermedad. Los jubilados siguen necesitando madrugar, a veces comenzando la fila desde la tarde anterior, para conseguir un buen lugar y tener alguna posibilidad de retirar su dinero. En junio pasado, una multitud de pensionados se concentró en la Plaza de Dolores para cobrar en una sucursal del Banco Popular de Ahorros. Algunos llegaban a las seis de la tarde del día anterior y pasaban la noche completa frente al banco. El contraste es evidente: se intenta hacer más llevadera la cola en lugar de acabar con la necesidad de hacerla.
La raíz del problema es mucho más profunda que las sillas y la sopa. La escasez crónica de efectivo y las limitaciones estructurales del sistema bancario cubano llevan años obligando a trabajadores y jubilados a soportar estas filas interminables. No es un fenómeno nuevo ni localizado. Lo que sí es nuevo es la forma en que se presenta la respuesta: como si proporcionar comodidades durante la espera fuera equivalente a resolver el acceso al dinero.
La vulnerabilidad de los jubilados ante estas condiciones quedó especialmente expuesta en marzo de 2024, cuando un hombre de 90 años se desmayó mientras hacía cola para cobrar su jubilación en Santiago de Cuba. Estaba bajo el sol y tuvo que ser auxiliado por otras personas. Ese incidente ilustra lo que está realmente en juego: no se trata solo de incomodidad, sino de riesgo físico real para personas mayores.
Las instituciones no han precisado cuánto tiempo durará este «apoyo». Eso es significativo. Porque si el problema fuera realmente temporal, si fuera una cuestión de días o semanas, la pregunta no tendría importancia. Pero todos saben que las colas de jubilados esperando cobrar sus pensiones no son un fenómeno pasajero. Son la expresión visible de un problema estructural que el gobierno ha optado por maquillar en lugar de resolver.
La solución esencial sigue siendo la misma que hace años: permitir que un jubilado pueda cobrar su pensión sin tener que madrugar, pasar horas al sol o acampar desde la víspera para acceder a su propio dinero. Mientras eso no suceda, las sillas y la sopa seguirán siendo lo que son: un reconocimiento tácito de que el problema existe, acompañado de la decisión de no enfrentarlo.
Notable Quotes
Las iniciativas pueden aliviar durante unas horas las difíciles condiciones que soportan los pensionados, pero el paliativo no cambia la realidad— Análisis de la situación en Santiago de Cuba