En la tensión entre la lealtad partidaria y la conciencia política, la congresista republicana María Elvira Salazar eligió hablar antes de callar. Tras cuestionar públicamente las políticas migratorias del presidente Trump, buscó y obtuvo una conversación directa con él, describiendo el encuentro como 'fantástico' y esperando haber sembrado una duda útil sobre el costo de perder el voto hispano. Es el viejo dilema de quien sirve a un partido sin rendirse del todo a él: cuánto se puede decir sin romper, y cuánto silencio cuesta más que las palabras.