Rusia abandona el dólar y entrega a China el control de su economía con el yuan

El yuan acompañó cada contenedor, cada cargamento energético
Cómo la moneda china se convirtió en la divisa dominante del comercio exterior ruso tras las sanciones occidentales.
Mark

¿Por qué Rusia no simplemente mantuvo el dólar si era lo que siempre había usado?

Mimi

No tuvo opción. Las sanciones congelaron sus reservas en dólares y la expulsaron de los sistemas de pago internacionales. Necesitaba comerciar, así que tuvo que adaptarse rápidamente.

Mark

Pero ¿por qué el yuan específicamente? ¿No podría haber usado otras monedas?

Mimi

China es su principal socio comercial ahora. Absorbe el 30% de sus exportaciones y proporciona el 40% de sus importaciones. El yuan era la moneda natural para esa relación.

Mark

¿Esto significa que Rusia está bajo el control de China?

Mimi

Es más complicado que eso. Rusia depende de China para importaciones críticas, pero también China necesita el petróleo y el gas ruso. Lo que cambió es quién tiene más poder en esa negociación.

Mark

¿Podría otros países hacer lo mismo que Rusia?

Mimi

Algunos ya lo están intentando. Los BRICS buscan formas de reducir su dependencia del dólar. Pero Rusia es el caso más extremo porque fue forzado por las sanciones.

Mark

¿Significa esto que el dólar está perdiendo su dominio global?

Mimi

No necesariamente de forma rápida. Pero en mercados específicos como el de energía, ya se ve un cambio. Rusia muestra que es posible reorganizar un sistema financiero entero cuando la presión es suficientemente grande.

Mark

¿Cuál es el riesgo para Rusia en esta dependencia de China?

Mimi

Si China decide reducir sus compras o cambiar los términos, Rusia tendría pocas alternativas. Antes podía diversificar entre múltiples socios. Ahora está mucho más concentrado.

  • Las sanciones de 2024 contra la Bolsa de Moscú fueron el punto de quiebre definitivo: dólar y euro dejaron de cotizar en el mercado oficial ruso, cediendo el protagonismo al yuan de forma irreversible.
  • China no solo presta su moneda, sino que se ha convertido en el proveedor del 40% de las importaciones rusas y el destino del 30% de sus exportaciones, acumulando un poder negociador que Moscú difícilmente puede contrarrestar.
  • El déficit presupuestario ruso acumula 6,5 billones de rublos hasta julio y el gasto público se dispara, revelando que la resistencia financiera tiene un coste interno creciente que el petróleo apenas logra cubrir.
  • JP Morgan y otros analistas identifican el mercado de materias primas como el frente más avanzado de la desdolarización, con contratos energéticos que ya se denominan en monedas distintas al dólar a escala global.
  • Los BRICS avanzan en la misma dirección que Rusia, buscando interconectar sistemas nacionales de pago, mientras el Banco Popular de China declara la internacionalización del yuan como prioridad estratégica para los próximos cinco años.

Cuatro años después de que las sanciones occidentales congelaran sus reservas y la expulsaran de los circuitos financieros globales, Rusia ha consumado una transformación monetaria sin precedentes: el yuan chino ha desplazado al dólar como divisa de referencia en el 85% de su comercio exterior. Lo que comenzó como una adaptación forzada se ha convertido en un experimento histórico sobre los límites del poder financiero occidental y la viabilidad de un orden monetario alternativo. El mundo observa, y algunos lo imitan.

Cuatro años después de la invasión de Ucrania, el sistema financiero ruso es casi irreconocible. El dólar, moneda de referencia durante décadas, ha sido desplazado por el yuan chino: en 2025, el 85% de los pagos del comercio exterior ruso se realizaron en rublos o monedas de países aliados, mientras las divisas occidentales quedaron reducidas al 15% de las transacciones.

El cambio no fue una elección, sino una respuesta de supervivencia. Cuando Occidente congeló unos 300.000 millones de dólares de las reservas del Banco de Rusia y cerró el acceso a la infraestructura financiera internacional, Moscú miró hacia el Este. China pasó a absorber el 30% de las exportaciones rusas y a cubrir el 40% de sus importaciones. El yuan acompañó cada cargamento energético desviado de los circuitos occidentales. El punto de quiebre llegó en junio de 2024, cuando nuevas sanciones obligaron a suspender la negociación de dólares y euros en la Bolsa de Moscú, consolidando al yuan como la principal divisa extranjera de referencia.

La dependencia de Pekín va más allá de la moneda: Rusia necesita maquinaria, vehículos y componentes electrónicos chinos para mantener su industria y su esfuerzo de guerra, y los paga con petróleo, gas y carbón. Pero la pérdida de compradores occidentales ha reforzado el poder negociador chino de forma significativa. Mientras tanto, las cuentas públicas rusas muestran grietas: el déficit acumuló 6,5 billones de rublos hasta julio, aunque el superávit comercial creció hasta 52.300 millones de dólares entre enero y mayo de 2026.

Las implicaciones trascienden a Moscú. El Banco Popular de China ha vuelto a situar la internacionalización del yuan entre sus prioridades, y otros miembros de los BRICS avanzan en fórmulas para reducir su dependencia del dólar. JP Morgan reconoce que la desdolarización avanza, especialmente en el mercado de materias primas, y señala a Rusia como el caso de estudio más revelador. La pregunta que se hacen los inversores es si Moscú está mostrando cómo puede comenzar el fin de la hegemonía del dólar.

Cuatro años después de la invasión de Ucrania, Rusia ha reconfigurado su sistema financiero de manera casi irreconocible. El dólar, que durante décadas fue la moneda de referencia para el comercio exterior ruso, ha sido desplazado por el yuan chino. Las cifras son contundentes: en 2025, aproximadamente el 85% de los pagos del comercio exterior ruso se realizaron en rublos o en monedas de países que Moscú considera aliados. El dólar, el euro y otras divisas occidentales quedaron reducidos a apenas el 15% de las transacciones.

Este cambio no fue una elección estratégica deliberada, sino una respuesta a la presión de las sanciones occidentales. Cuando Estados Unidos y sus aliados congelaron alrededor de 300.000 millones de dólares de las reservas del Banco de Rusia y expulsaron a entidades rusas de gran parte de la infraestructura financiera internacional, Moscú se vio obligada a buscar alternativas. Las empresas rusas enfrentaban dificultades crecientes para cobrar y pagar en las monedas que habían utilizado durante décadas. La respuesta fue mirar hacia el Este, hacia China.

El giro fue progresivo pero acelerado. China pasó a absorber alrededor del 30% de las exportaciones rusas y a proporcionar cerca del 40% de sus importaciones. El yuan acompañó cada contenedor, cada cargamento energético, cada operación que se desviaba de los circuitos comerciales occidentales. El punto de quiebre llegó en junio de 2024, cuando nuevas sanciones estadounidenses contra la Bolsa de Moscú obligaron a suspender la negociación de dólares y euros en el mercado oficial. Aunque estas monedas continuaron utilizándose fuera de bolsa, dejaron de ser relevantes en el mercado formal, consolidando al yuan como la principal divisa extranjera de referencia para Rusia.

La dependencia de China se extiende más allá de la moneda. Rusia ahora depende de Pekín para adquirir maquinaria, vehículos, componentes electrónicos y bienes de doble uso que mantienen funcionando tanto su industria civil como sectores vinculados al esfuerzo de guerra. Moscú paga muchas de esas compras con lo que todavía vende masivamente al exterior: petróleo, gas y carbón fluyen hacia Asia en sentido contrario. Pero la pérdida de compradores occidentales ha reforzado significativamente el poder negociador chino. Esta dependencia llega en un momento en que las grietas en las cuentas públicas rusas se hacen más visibles. El déficit presupuestario acumuló 6,5 billones de rublos hasta julio, equivalente al 2,8% del PIB, mientras que el gasto público alcanzó 28,6 billones de rublos y la contratación pública se disparó un 39%.

A pesar de estos desafíos, Rusia aún dispone de margen financiero. El superávit por cuenta corriente alcanzó los 27.000 millones de dólares entre enero y mayo de 2026, frente a los 21.800 millones un año antes, y el superávit comercial aumentó hasta 52.300 millones. El petróleo sigue siendo la correa de transmisión fundamental entre las exportaciones y las necesidades financieras del Kremlin.

Lo que sucede en Rusia tiene implicaciones que van mucho más allá de Moscú. China lleva años intentando ampliar el uso internacional del yuan, y esta semana el Banco Popular de China volvió a situar entre sus prioridades para los próximos cinco años aumentar la utilización de su moneda en el comercio e inversión internacionales. Otros miembros de los BRICS, el grupo de economías emergentes que incluye a Brasil, India, Sudáfrica y otros países, también avanzan en direcciones similares, buscando fórmulas para conectar sistemas nacionales de pagos y reducir su dependencia del dólar estadounidense.

JP Morgan, el banco de inversión estadounidense, reconoce que la desdolarización está avanzando, aunque de forma desigual. Los analistas identifican precisamente el mercado de materias primas como uno de los lugares donde el cambio resulta más visible, y señalan directamente a Rusia como el caso de estudio: una proporción grande y creciente de la energía mundial está comenzando a fijarse mediante contratos denominados en monedas distintas del dólar. La pregunta que ahora se plantean los inversores es si Rusia está enseñando cómo puede comenzar el fin de la hegemonía del dólar.

El yuan tiene un peso cada vez más significativo en la financiación empresarial y en las operaciones exteriores
— Banco de Rusia
Una proporción grande y creciente de la energía mundial está comenzando a fijarse mediante contratos denominados en monedas distintas del dólar
— JP Morgan
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