En las costas de Sunny Isles Beach, donde el lujo convive con la vigilancia constante, tres jóvenes creyeron que la velocidad de un instante podría superar el alcance de la justicia. Un bolso Hermès Birkin de casi dieciséis mil dólares, robado en segundos de una boutique de consignación, recorrió en menos de veinticuatro horas el camino completo del delito moderno: la huida, la venta apresurada, el arrepentimiento ajeno, y el arresto. La tecnología, silenciosa y omnipresente, demostró una vez más que los actos fugaces dejan huellas duraderas.