Cuatro meses de violencia en Haití dejan más de 600 muertos según informe de la ONU

613 personas asesinadas, 375 heridas, más de 18.000 desplazadas, 176 mujeres y niñas víctimas de abuso sexual, incluyendo 111 mujeres y 77 niños entre civiles no vinculados al conflicto.
Casi un tercio de los muertos no tenían relación con el conflicto
Civiles alcanzados por balas perdidas o atacados bajo sospecha de vínculos con bandas rivales.
Mark

¿Por qué estas cuatro oleadas de violencia ocurrieron precisamente en estos meses?

Mimi

La reconfiguración de Viv Ansanm, la coalición que había mantenido cierto equilibrio entre pandillas, dejó un vacío de poder. Cuando esa estructura se debilitó, los grupos comenzaron a pelear por territorio y control. Las operaciones de seguridad que intensificaron desde finales de 2025 también aceleraron los enfrentamientos.

Mark

¿Quién está realmente muriendo en esta violencia?

Mimi

El 90% son víctimas de enfrentamientos entre bandas. Pero lo que más duele es que casi un tercio de los muertos y heridos no tenían nada que ver con el conflicto. Civiles alcanzados por balas perdidas, mujeres y niños sospechados sin razón. Eso son 214 muertos y 139 heridos que simplemente estaban en el lugar equivocado.

Mark

¿Qué rol juegan las compañías militares privadas en esto?

Mimi

Están ejecutando operativos de seguridad junto con la Policía Nacional. Incluso usaron drones explosivos en al menos un ataque documentado. El problema es que no hay claridad total sobre sus acciones y responsabilidades, y eso añade otra capa de incertidumbre a una situación ya caótica.

Mark

¿Por qué la Fuerza de Represión de Pandillas no está actuando directamente?

Mimi

Está desplegada pero limitada. Hace patrullajes, pero no participa en operaciones ofensivas. Dicen que necesitan más apoyo internacional. Es una fuerza de 5.550 efectivos en una ciudad donde el control territorial está completamente fragmentado.

Mark

¿Cuál es el costo humano más invisible?

Mimi

Los 176 casos de abuso sexual documentados contra mujeres y niñas, los 18.000 desplazados que perdieron sus hogares. Y la corrupción dentro de la policía: agentes que trabajan para las bandas, que las arman, que las protegen. Eso erosiona cualquier posibilidad de que las instituciones restauren el orden.

  • Cuatro oleadas de violencia entre marzo y julio dejaron 613 muertos y 375 heridos, con semanas en que los combates entre pandillas rivales mataban a decenas de personas en cuestión de días.
  • Casi un tercio de las víctimas —214 fallecidos y 139 heridos— eran civiles sin ningún vínculo con las bandas, entre ellos 111 mujeres y 77 niños alcanzados por balas perdidas o atacados por sospecha.
  • La corrupción dentro de la Policía Nacional de Haití agrava la crisis: al menos cinco agentes fueron detenidos por participar en secuestros, escoltar pandilleros y suministrarles armas.
  • La Fuerza Internacional de Represión de Pandillas, con 5.550 efectivos autorizados por la ONU, patrulla algunas zonas pero aún no ha desplegado operaciones directas contra las bandas.
  • El primer ministro haitiano y los representantes de la fuerza internacional piden más apoyo exterior, mientras la comunidad internacional no ha respondido con los recursos necesarios para que el mandato sea efectivo.

En los cuatro meses transcurridos entre marzo y julio de 2026, Haití volvió a convertirse en escenario de una de las crisis de violencia urbana más graves del hemisferio occidental: 613 personas perdieron la vida y cientos más resultaron heridas en Puerto Príncipe, donde el control del territorio se disputa entre coaliciones criminales mientras el Estado intenta recuperar su presencia con operativos de seguridad que, en ocasiones, también cobran víctimas inocentes. El sufrimiento documentado por Naciones Unidas —desplazados, mujeres y niñas abusadas, civiles alcanzados por balas perdidas— recuerda que detrás de cada cifra hay una vida interrumpida, y que la ausencia de orden no es un vacío neutral sino un espacio que el dolor ocupa.

Entre marzo y julio de 2026, Haití vivió cuatro meses de violencia sostenida que dejaron al menos 613 muertos y 375 heridos, según un informe de Naciones Unidas publicado el 6 de agosto. Los combates se concentraron en Puerto Príncipe, especialmente en Cité Soleil y la Plaine du Cul-de-Sac, una zona estratégica que alberga el puerto de contenedores, el aeropuerto internacional y las principales vías hacia el norte del país, lo que la convierte en un territorio codiciado por las pandillas.

El 90% de las muertes y heridas fueron consecuencia directa de enfrentamientos entre bandas rivales. La violencia se desplegó en cuatro oleadas: la primera comenzó el 6 de marzo con al menos 74 muertos en una semana; el 19 de abril los combates se reanudaron con 117 fallecidos; el 10 de mayo escalaron hasta 147 muertos en cuatro días; y el 13 de junio, 61 personas fueron asesinadas durante un ataque a una celebración callejera tras un partido de la Copa del Mundo entre Haití y Escocia. Los expertos de la ONU atribuyen el recrudecimiento a la fragmentación de Viv Ansanm, la coalición liderada por Jimmy Chérizier, y al aumento de operativos de seguridad desde finales de 2025.

Lo más perturbador es que casi un tercio de las víctimas no tenían ningún vínculo con el conflicto. Entre los civiles inocentes se cuentan 111 mujeres y 77 niños. Además, 176 mujeres y niñas —con edades de entre 10 y 71 años— sufrieron abusos sexuales a manos de integrantes de bandas, y más de 18.000 personas fueron desplazadas de sus hogares. El informe también documenta corrupción dentro de la Policía Nacional: al menos cinco agentes fueron detenidos por colaborar con pandillas.

La Fuerza Internacional de Represión de Pandillas, autorizada por el Consejo de Seguridad en octubre de 2025 con 5.550 efectivos, realiza patrullajes en algunas zonas pero no ha participado en operaciones directas. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé y los representantes de la fuerza reclaman mayor apoyo internacional. La pregunta que queda sin respuesta es si la comunidad internacional actuará a tiempo para que ese mandato se convierta en protección real para quienes siguen atrapados en la violencia.

Entre marzo y julio de este año, Haití atravesó cuatro meses de violencia que dejaron al menos 613 personas muertas y 375 heridas, según un informe de Naciones Unidas publicado el 6 de agosto. Los enfrentamientos ocurrieron principalmente en Puerto Príncipe, donde bandas criminales rivales luchan por el control territorial mientras las fuerzas de seguridad, en algunos casos apoyadas por compañías militares privadas, ejecutan operativos para contenerlas. El Servicio de Derechos Humanos de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití documentó que el 90% de las muertes y heridas fueron resultado directo de la violencia entre pandillas; casi el 9% ocurrió durante operaciones de seguridad; y el 1% restante fue consecuencia de actos de violencia popular contra personas sospechosas de tener vínculos con bandas.

La geografía de la crisis se concentra en un área crítica que incluye la comuna de Cité Soleil y la zona conocida como Plaine du Cul-de-Sac, donde convergen barriadas populares, naves industriales, el puerto de contenedores, el aeropuerto internacional y las dos carreteras principales que conectan con el norte del país y la terminal petrolera. Esta ubicación estratégica explica por qué el control territorial es tan disputado entre los grupos criminales. Lo más preocupante es que casi un tercio de las víctimas —214 fallecidos y 139 heridos— no tenían ninguna relación con el conflicto ni con las bandas. Fueron alcanzados por balas perdidas o atacados bajo la sospecha de estar vinculados a grupos rivales o a las fuerzas de seguridad. Entre estos civiles inocentes se cuentan 111 mujeres y 77 niños.

La violencia se desarrolló en cuatro oleadas distintas a lo largo del período. La primera comenzó el 6 de marzo cuando las bandas Tokyo, 400 Mawozo y Canaan se enfrentaron contra Chen Mechan, Pierre VI y Terre Noire, dejando al menos 74 muertos y 76 heridos en una sola semana. Días después, el 28 de marzo, nueve pandilleros de Canaan fueron asesinados en cuatro ataques con drones explosivos lanzados por una empresa militar privada. Una mediación promovida por empresas que operan en la zona logró reducir temporalmente la hostilidad. El 19 de abril los enfrentamientos se reanudaron con 117 muertos y 125 heridos en una semana. El 10 de mayo la violencia escaló nuevamente: 147 personas murieron y 75 fueron heridas en apenas cuatro días. En junio, los combates continuaron y alcanzaron un punto de quiebre el 13 de junio, cuando 61 personas fueron asesinadas y 20 heridas en un ataque contra una celebración callejera que se llevaba a cabo después de un partido de la Copa del Mundo entre Haití y Escocia. Desde entonces, la lucha entre bandas se expandió territorialmente hasta alcanzar la terminal de combustibles de Varreux.

Las consecuencias humanitarias son devastadoras. Más de 18.000 personas han sido obligadas a abandonar sus hogares. Naciones Unidas documentó que 176 mujeres y niñas, con edades que van desde los 10 hasta los 71 años, fueron víctimas de abusos sexuales cometidos por integrantes de bandas criminales. El informe también revela un problema de corrupción dentro de las propias fuerzas de seguridad: expertos de la ONU documentaron vínculos entre funcionarios de la Policía Nacional de Haití y grupos criminales, con al menos cinco agentes detenidos por participar en secuestros, actuar como escoltas de pandilleros y suministrarles armas y municiones.

Esta intensidad de violencia no se había visto en el sector desde principios de 2024, cuando 402 personas murieron y 254 fueron heridas en batallas territoriales entre las alianzas criminales G9 y G-PèP. Los expertos de la ONU atribuyen el recrudecimiento actual a dos factores principales: la reconfiguración y debilitamiento de Viv Ansanm, la coalición liderada por Jimmy Chérizier —conocido como Barbecue— que había logrado agrupar a distintas pandillas de ambas facciones; y el incremento de operaciones de seguridad que comenzaron a finales de 2025. Entre marzo y julio se ejecutaron aproximadamente 20 operativos especiales de la Policía Nacional de Haití, algunos con apoyo de compañías militares privadas. En esos ataques murieron al menos 55 personas y 41 fueron heridas; de estas víctimas, al menos 30 no tenían relación alguna con las bandas criminales.

Mientras tanto, la Fuerza de Represión de las Pandillas (GSF), una fuerza internacional de 5.550 efectivos autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en octubre de 2025, aún no ha desplegado su capacidad operativa completa. Según el informe, la GSF realizó patrullajes regulares en determinadas zonas de Cité Soleil pero no participó en operaciones directas contra las bandas. Tanto el primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, como representantes de la GSF han solicitado más apoyo internacional para poder actuar con mayor efectividad. La pregunta que permanece abierta es si la comunidad internacional proporcionará los recursos necesarios para que esta fuerza pueda cumplir su mandato de combatir a las pandillas, facilitar el acceso de la ayuda humanitaria y proteger a la población.

El 90% de las personas fallecidas y heridas fue documentado en incidentes de violencia de bandas; casi el 9%, durante operaciones de las fuerzas de seguridad; y el 1%, como resultado de actos de violencia popular
— Servicio de Derechos Humanos de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití
La fuerza realizó patrullajes regulares en determinadas zonas de Cité Soleil, pero no participó en operaciones contra las bandas
— Informe de la ONU sobre la Fuerza de Represión de las Pandillas
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