En un momento en que Europa redefine su autonomía estratégica, Alemania se enfrenta a la pregunta de cuánto tiempo puede permitirse esperar para dominar el combate aéreo del futuro. Rheinmetall y Boeing ofrecen una respuesta pragmática: adoptar el MQ-28 Ghost Bat australiano como plataforma base, integrarlo con tecnología alemana y alcanzar capacidad operativa en 2029, sin atravesar el largo camino de un desarrollo desde cero. La propuesta no es solo técnica, sino filosófica: ¿puede una nación construir soberanía real sobre una plataforma que no diseñó, si controla lo que la hace pensar y actu