En el cruce entre una guerra y una crisis familiar, Raffaello Cárpena emprendió en 2022 uno de los viajes más improbables que un padre puede hacer: adentrarse en el Kiev bombardeado para buscar a su hijo de dos años, sustraído ilegalmente por su madre desde España. Lo que encontró no fue solo la imposibilidad física de la guerra, sino también la indiferencia de las instituciones que debían proteger a un niño peruano atrapado en el fuego cruzado. Su historia revela cómo los sistemas legales —nacionales e internacionales— pueden fracasar precisamente cuando más se los necesita.
Raffaello Cárpena: la lucha del peruano por recuperar a su hijo en Ucrania
Mi niño, nacido en Perú, se encuentra en medio de una guerra
¿Cómo un padre termina viajando a una zona de guerra activa?
Cuando sabes dónde está tu hijo y que está en peligro, la guerra se convierte en un obstáculo que tienes que atravesar, no una razón para quedarte quieto.
Pero ¿sabía realmente dónde estaba el niño?
Tenía una ubicación aproximada en Kiev. Eso era suficiente para intentarlo, pero no suficiente para encontrarlo cuando todo se desmorona alrededor tuyo.
¿Qué pasó después de que regresó a Perú?
Descubrió que el viaje fue solo la mitad de la batalla. La otra mitad era convencer a su propio gobierno de que su hijo estaba en peligro.
¿Y el gobierno respondió?
No. Ni la Fiscalía ni los jueces reconocieron que un niño peruano en medio de una guerra estuviera en peligro. Eso fue lo más frustrante.
¿Dónde cree que está el niño ahora?
Probablemente en Milán, según lo que le dijeron. Pero probablemente es lo único que tiene. No hay confirmación, no hay certeza.
¿Qué necesitaría para que esto terminara?
Que el Estado peruano actuara como si un niño peruano en una zona de guerra fuera realmente importante.
Der Puls
- Un niño de tres años de nacionalidad peruana permanece en paradero incierto, posiblemente en Milán, tras haber sido llevado ilegalmente por su madre desde España hasta Kiev en plena invasión rusa.
- Cárpena viajó al epicentro del conflicto armado en febrero de 2022, dispuesto a no salir de la ciudad hasta encontrar a su hijo o confirmar que estaba a salvo.
- La intensificación de los bombardeos y la ausencia de vuelos comerciales lo obligaron a abandonar Ucrania en junio sin haber localizado al menor.
- De regreso en Perú, el padre denuncia que la Fiscalía y el Poder Judicial se niegan a reconocer el peligro real que enfrenta su hijo, a pesar de que la Cancillería y el Ministerio de Justicia ya acreditaron la situación.
- El caso cae en una grieta institucional: no es solo sustracción internacional, no es solo repatriación, y ninguna entidad parece dispuesta a asumir la urgencia que exige.
En el cruce entre una guerra y una crisis familiar, Raffaello Cárpena emprendió en 2022 uno de los viajes más improbables que un padre puede hacer: adentrarse en el Kiev bombardeado para buscar a su hijo de dos años, sustraído ilegalmente por su madre desde España. Lo que encontró no fue solo la imposibilidad física de la guerra, sino también la indiferencia de las instituciones que debían proteger a un niño peruano atrapado en el fuego cruzado. Su historia revela cómo los sistemas legales —nacionales e internacionales— pueden fracasar precisamente cuando más se los necesita.
En febrero de 2022, mientras los primeros misiles rusos caían sobre Ucrania, Raffaello Cárpena tomó una decisión que desafiaba toda lógica de seguridad: volar hacia Kiev para buscar a su hijo. El niño, de apenas dos años, había sido llevado ilegalmente desde España por su madre en 2021, violando una orden judicial que prohibía su salida del país. Tras meses de búsqueda silenciosa, la guerra convirtió la crisis familiar en una emergencia de otra escala.
Cárpena llegó a la capital ucraniana cuando los ataques rusos se intensificaban día a día. Escribió en Facebook que no evacuaría hasta tener a su hijo o la certeza de que estaba fuera de peligro. Sabía aproximadamente dónde podría estar el niño, pero la ciudad sitiada lo paralizaba: no había vuelos, las calles eran un riesgo constante. Después de un mes de búsqueda infructuosa, tuvo que rendirse ante la realidad y abandonar el país en junio. Las hermanas de su esposa le dijeron que el niño podría estar en Milán, con una tía. Nada confirmado.
De regreso en Perú, Cárpena descubrió que la batalla continuaba en otro frente, igualmente frustrante. Denunció que ni la Fiscalía ni el Poder Judicial reconocían el peligro que enfrentaba su hijo —el único peruano atrapado en medio de un conflicto armado—, a pesar de que la Cancillería y el Ministerio de Justicia ya habían acreditado la situación. Los trámites se dilataban, las respuestas no llegaban, y el padre describía sentirse en total abandono institucional.
Su caso no encajaba en ninguna categoría limpia del sistema: era sustracción internacional, era repatriación, era protección consular en zona de guerra, todo al mismo tiempo. Y precisamente por eso, ninguna institución parecía dispuesta a actuar con la urgencia que un niño de tres años, bajo amenaza de bombardeos, exigía.
En febrero de 2022, cuando los primeros misiles rusos comenzaban a caer sobre Ucrania, un peruano llamado Raffaello Cárpena tomó una decisión que parecía imposible: viajar hacia el epicentro de la guerra para buscar a su hijo. No era un acto de desesperación ciega. Era la culminación de un año de búsqueda que había comenzado en 2021, cuando su esposa se llevó al niño de dos años desde España, violando una orden judicial que prohibía su salida del país.
Cárpena había permanecido en silencio durante meses, pero en febrero de 2022 decidió hacer público su caso. Apareció en los medios de comunicación contando cómo la guerra lo había atrapado en una encrucijada: su hijo estaba en algún lugar de Kiev, en medio del fuego cruzado, y él estaba en Perú sin poder llegar hasta él. La situación era aún más compleja porque su búsqueda no era simplemente personal. Su hijo era peruano, nacido en Perú, y había sido sustraído ilegalmente tras una crisis matrimonial. La madre había burlado las restricciones judiciales españolas y desaparecido con el niño a través de varios países europeos, terminando finalmente en la capital ucraniana.
Cuando Cárpena llegó a Kiev, la guerra ya estaba en su fase más destructiva. Los ataques rusos se intensificaban día tras día. A través de Facebook, escribió que no evacuaría la ciudad hasta tener a su hijo o la certeza de que estaba seguro fuera de Ucrania. Sabía aproximadamente dónde podría estar el niño, pero la emergencia lo paralizó. No había vuelos comerciales. Las calles eran peligrosas. Después de un mes de búsqueda infructuosa, en junio de 2022, Cárpena tuvo que abandonar Ucrania. Según le dijeron las hermanas de su esposa, el niño podría estar en Milán, con una tía. Pero no tenía certeza.
De regreso en Perú, Cárpena descubrió que su lucha no había terminado; apenas estaba comenzando en otro frente. Denunció que ni la Fiscalía ni el Poder Judicial consideraban que su hijo estuviera en peligro, a pesar de que el Ministerio de Justicia y la Cancillería peruana ya habían acreditado la situación. Argumentó que su hijo era el único peruano atrapado en medio de un conflicto armado, y que existían instrumentos internacionales que obligaban al Estado peruano a actuar con urgencia. Pero las respuestas no llegaban. Los trámites se demoraban. Las autoridades no le daban el apoyo que esperaba.
Lo que Cárpena enfrentaba era una grieta en el sistema: su caso no encajaba perfectamente en ninguna categoría. No era simplemente un caso de sustracción internacional de menores, aunque lo era. No era simplemente un caso de repatriación, aunque lo era. Era un niño de tres años, peruano, atrapado en una zona de guerra, cuya madre lo había llevado ilegalmente fuera del país, y cuyo padre estaba siendo ignorado por las instituciones que debían protegerlo. En sus declaraciones a los medios, Cárpena expresó sentirse en total estado de abandono. Su hijo no solo había sido sustraído; estaba viviendo bajo amenaza nuclear, en un país donde cada día traía nuevos peligros. Y Perú, según él, no estaba haciendo lo suficiente para traerlo a casa.
Bemerkenswerte Zitate
No evacuaré Kiev hasta estar con mi niño o tener la certeza de que se encuentra seguro fuera de Ucrania— Raffaello Cárpena, en Facebook durante la guerra
Me siento en total estado de abandono. Mi niño, nacido en Perú, domiciliado en Perú, de tan solo 3 años, se encuentra en medio de una guerra— Raffaello Cárpena, en declaración a La República