En las trincheras de Ucrania, el Kremlin ha desplegado un arma inusual: los restos óseos del príncipe medieval Donskói, venerado por haber derrotado a los mongoles en el siglo XIV. Este gesto, respaldado por la Iglesia ortodoxa rusa, no es un acto de piedad aislado, sino la expresión de una narrativa que convierte una guerra territorial en una cruzada civilizacional de mil años. Moscú apuesta a que la historia, invocada con suficiente solemnidad, puede sostener lo que la munición y el tiempo han comenzado a erosionar.
Putin envía reliquias del príncipe Donskói a tropas en Ucrania para fortalecer su espíritu
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