En el umbral de unas elecciones legislativas que definirán el equilibrio de poder en Washington, Donald Trump ha lanzado una promesa de 5.000 dólares por votante —el llamado 'dividendo Trump'— que trasciende la política ordinaria para convertirse en una apuesta sobre el alma fiscal de la nación. La magnitud del gesto, cuyo costo potencial sería astronómico, ha despertado una inquietud genuina en los mercados de deuda, donde los inversores leen entre líneas no solo una táctica electoral, sino una señal sobre el rumbo que podría tomar la política económica estadounidense. Como tantas veces en la