Los olvidos ocasionales como perder las llaves son normales; la alarma surge cuando afectan actividades cotidianas como administrar dinero u orientarse en lugares conocidos. La neuroplasticidad persiste en la vejez y requiere estímulos significativos: actividad física, vida social activa, aprendizaje de nuevas habilidades y sueño adecuado son más efectivos que crucigramas.