Prevost rompió con la tradición de obispos del Opus Dei en Chiclayo, predicando con el ejemplo: conducía su furgoneta, compraba en mercados y recorría pueblos remotos sin seguridad. Durante emergencias como inundaciones y COVID-19, reunió casi 400.000 dólares para oxígeno y módulos de vivienda, ganándose la devoción de los chiclayanos que lo consideran un obispo humanista.
Prevost en Chiclayo: el obispo que predicaba con el ejemplo
Simplemente lo hacía. El obispo predicaba con el ejemplo.
¿Qué hace que un obispo que conduce su propia furgoneta y compra en mercados sea tan diferente en una ciudad como Chiclayo?
No es solo lo que hace, sino lo que rechaza hacer. Prevost no se encierra en una oficina. No delega la cercanía. En una diócesis de 1.2 millones de habitantes, eso es una declaración política.
¿Y cómo reaccionó la gente a alguien tan diferente de sus obispos anteriores?
Con sorpresa al principio, luego con devoción. Cuando El Niño inundó los pueblos, no enviaba a alguien. Iba él mismo. Cuando la pandemia mató gente por falta de oxígeno, reunía 400.000 dólares en dos semanas. Eso no se olvida.
Pero hay un problema que no desaparece: las acusaciones de abuso sexual durante su mandato. ¿Cómo se reconcilia eso con su imagen de líder humanista?
No se reconcilia fácilmente. Tomó medidas, elevó el caso a Roma, pero tres menores fueron víctimas. El Vaticano dice que cumplió los procesos. Sus críticos dicen que eso no es suficiente. Es la grieta que persigue su papado.
¿Por qué eligió el nombre León XIV?
León XIII fue el papa obrero, quien defendió a los trabajadores durante la revolución industrial. Es una señal clara sobre qué tipo de papa quiere ser. Pero también es una apuesta: en tiempos de crisis, necesitamos líderes que se acerquen a los pobres, no que se alejen.
¿Cree que Chiclayo lo extraña?
Seguro. Pero ahora tiene una responsabilidad mayor. Los chiclayanos le dieron ocho años para aprender a ser cercano. El mundo espera que eso no se pierda en Roma.
The Pulse
- Robert Prevost fue obispo de Chiclayo durante ocho años (2015-2023) antes de ser nombrado Papa León XIV
- Reunió casi 400.000 dólares en dos semanas para oxígeno durante la pandemia de COVID-19
- Rompió con la tradición de obispos del Opus Dei en Chiclayo, distinguiéndose por su cercanía con los pobres y su gestión sin seguridad personal
- Tres novicias menores de edad denunciaron abuso sexual por un sacerdote de su diócesis; Prevost apartó parcialmente al cura y elevó el caso a Roma
Prevost rompió con la tradición de obispos del Opus Dei en Chiclayo, predicando con el ejemplo: conducía su furgoneta, compraba en mercados y recorría pueblos remotos sin seguridad. Durante emergencias como inundaciones y COVID-19, reunió casi 400.000 dólares para oxígeno y módulos de vivienda, ganándose la devoción de los chiclayanos que lo consideran un obispo humanista.
Robert Prevost, ahora Papa León XIV, pasó ocho años como obispo en Chiclayo, Perú, distinguiéndose por su liderazgo silencioso, su cercanía con los pobres y su gestión efectiva en crisis humanitarias como El Niño y la pandemia.
Robert Prevost llegó a Chiclayo en 2015 como jefe de la Diócesis, un sacerdote estadounidense de origen agustino que pronto sorprendería a una ciudad acostumbrada a obispos del Opus Dei. Pocos meses después de su llegada, el papa Francisco lo nombró obispo. Lo que siguió fueron ocho años que los colaboradores de Prevost describen con una palabra recurrente: ejemplo. No predicaba desde el púlpito sobre la humildad. La vivía. Era habitual verlo conduciendo su propia furgoneta por las calles de Chiclayo, comprando comida en los mercados para los diáconos, cambiando una rueda en el barro durante sus viajes de tres horas a comunidades remotas en los Andes, incluso en temporada de lluvias torrenciales. Hablaba poco. Hacía mucho.
Janinna Sesa, quien trabajó junto a él como directora de Cáritas Chiclayo durante nueve años, lo recuerda como un obispo que se ponía las botas y el casco para llegar a los lugares más inaccesibles. No tenía chófer. Al principio sus colaboradores temían que viajara solo por caminos difíciles, pero esa soledad en la carretera le dio un conocimiento total de la región y la posibilidad de acercarse directamente a los fieles. Su estilo rompía con décadas de tradición en Chiclayo. Sus tres antecesores eran del Opus Dei, una institución ultraconservadora muy alejada de los principios de este misionero marcado por los votos de pobreza de su orden. Prevost era licenciado en Matemáticas, Filosofía y Teología, y doctor en Derecho Canónico. Sus colaboradores lo describían como alguien muy calmado, que hablaba lo justo, pero cuando tomaba una decisión, la ejecutaba con eficiencia.
Dos emergencias definieron su gestión. Cuando El Niño provocó inundaciones devastadoras, Prevost se plantó en los pueblos más afectados con botas de goma y el agua hasta las rodillas. Gestionó módulos de viviendas para los damnificados, toneladas de alimentos y colchones. Pero fue durante la pandemia cuando su liderazgo alcanzó su máxima expresión. Chiclayo se encontraba entre las ciudades con los peores picos de contagio. El oxígeno escaseaba. Prevost reunió casi 400.000 dólares en apenas dos semanas bajo el lema "oxígeno para la esperanza". Sesa misma se contagió y estuvo internada a un paso de la Unidad de Cuidados Intensivos. Logró salvarse por el oxígeno que el obispo había conseguido. "Los chiclayanos nunca nos olvidaremos de eso", dice ella.
Cuando fue nombrado obispo, Prevost visitó una a una las 50 parroquias de su diócesis, que contaba con 1.2 millones de habitantes. En Íllimo, un pequeño pueblo de 3.000 habitantes famoso por sus inundaciones, fue muy claro con el párroco Félix Fiestas: "Quiero sacerdotes como el papa Francisco". Le decía que tenían que acompañar a la gente en sus dolores y ayudarla con lo que pudieran. La última vez que visitó Íllimo fue en la primavera de 2023, pocos meses antes de partir a Roma, tras el paso del ciclón Yaku. El desastre ocurrió a las siete de la mañana. Apenas dos horas después, el obispo ya estaba allí. Solo. Sin seguridad, sin equipo. Los vecinos lo recuerdan con las botas de goma repartiendo bolsas rojas con víveres.
Su estilo dialogante y conciliador, sin dejar de marcar su propia línea doctrinal, es el que está siendo la pauta durante sus primeros días como Papa León XIV. Su decisión de asumir ese nombre no es casual. León XIII fue quien inició formalmente la Doctrina Social de la Iglesia con la encíclica Rerum Novarum, defendiendo a los trabajadores durante la revolución industrial. Que Prevost haya tomado su nombre dice mucho sobre los tiempos convulsos que corren. Sin embargo, su papado nace bajo la sombra de acusaciones que no puede ignorar. Al final de su mandato como obispo en Chiclayo saltaron denuncias de abuso sexual por tres novicias menores de edad por parte de un sacerdote de la Diócesis. Según varias fuentes, Prevost tomó medidas y apartó parcialmente al cura denunciado, elevando el caso a Roma. El dicasterio de Doctrina de la Fe cerró la investigación. Apenas unas semanas después, el papa Francisco lo envió de regreso a Roma con un cargo muy poderoso: jefe de todos los obispos.
El caso resurgió hace unos meses, cuando la salud de Francisco comenzaba a anunciar la campaña por su sucesión. Medios vinculados con el Sodalicio, una influyente congregación de ultraderecha disuelta el año pasado por Francisco, comenzaron a airear acusaciones de encubrimiento. El Vaticano y el obispo de Chiclayo las han negado. Paola Ugaz, periodista que destapó los abusos del Sodalicio en 2015, considera que se trata de una campaña de intoxicación contra Prevost en un momento en que su candidatura tenía opciones de llegar al poder. Prevost fue uno de solo cinco miembros de la diócesis que le mostró su apoyo cuando ella elevó el asunto al papa Francisco. "Su liderazgo fue clave en el cierre del grupo", dice Ugaz. Ahora, mientras Prevost se instala en el Vaticano como Papa, esa herida permanece abierta, recordando que incluso los líderes más cercanos a los pobres deben responder por cómo protegieron a los más vulnerables.
Notable Quotes
Quiero sacerdotes como el papa Francisco— Robert Prevost, al párroco de Íllimo
Los chiclayanos nunca nos olvidaremos de eso— Janinna Sesa, directora de Cáritas Chiclayo, sobre el oxígeno que salvó vidas durante la pandemia