En julio de 2026, Portugal alcanzó un umbral que ninguna generación anterior había cruzado: la luz del sol se convirtió, por primera vez, en la fuente principal de electricidad del país. Este hito no es fruto del azar, sino de una apuesta sostenida por la energía limpia que refleja una transformación más profunda en la relación entre las naciones y sus recursos naturales. En un continente donde la transición energética avanza con desigual fortuna, Portugal ofrece una señal de que el cambio estructural es posible, aunque los desafíos de la dependencia exterior y la gestión de la demanda aún agu