Las expresiones de moda no son caprichos sino un mecanismo lingüístico que protege el núcleo duro del idioma permitiendo que la periferia se desgaste y renueve constantemente. Estas fórmulas nacen del saqueo semántico de campos prestigiosos: la economía ('me renta'), la tecnología ('modo avión') y la terapia ('red flag'), trasladándose al lenguaje afectivo adolescente.