En el Coliseo Dibós de Lima, la selección peruana de vóley volvió a encontrarse con sus propios límites frente a una Brasil que no necesitó esforzarse para imponer su jerarquía. La derrota 3-0 del jueves 23 de julio no es solo un resultado: es el reflejo de una brecha competitiva que el torneo sudamericano ha puesto bajo las luces sin piedad. Con dos caídas consecutivas, Perú llega a su último partido del grupo cargando la urgencia de quienes saben que el margen para el error ya se agotó.