En la madrugada del 1 de junio, dos personas atravesaron un agujero en el cerco del Aeropuerto Arturo Merino Benítez y dejaron su firma sobre la turbina de un avión en mantenimiento. El gesto, aparentemente trivial para quienes lo cometieron, reveló algo más inquietante que el vandalismo mismo: que el principal terminal aéreo de Chile tenía una fisura real en su perímetro. La PDI detuvo esta semana a los dos grafiteros, pero la pregunta que queda suspendida no es quiénes entraron, sino por qué fue tan sencillo hacerlo.