Panamá conmemora centenario de Fidel Castro y su vocación internacionalista

La solidaridad no era una palabra pronunciada en discursos, sino una práctica
El embajador cubano explicó cómo Castro materializaba su compromiso internacionalista mediante brigadas médicas y técnicos en decenas de países.
Mark

¿Por qué Panamá fue el lugar elegido para esta conmemoración?

Mimi

Porque Castro estuvo allí hace veintiséis años, en ese mismo paraninfo, denunciando amenazas contra su vida. Panamá tiene una historia de encuentros significativos con la Revolución cubana.

Mark

¿Qué significa que la solidaridad fuera una "práctica" y no solo palabras?

Mimi

Que Cuba enviaba médicos, maestros, técnicos a otros países sin pedir nada a cambio. No era retórica. Era gente trabajando en el terreno, en Argelia, en decenas de lugares, desde 1964.

Mark

¿Cuál es la conexión entre ese legado y lo que está pasando ahora?

Mimi

El bloqueo estadounidense sigue vigente después de más de sesenta años. Los oradores dijeron que las palabras de Castro sobre solidaridad latinoamericana son más relevantes que nunca, porque Cuba sigue necesitando ese apoyo.

Mark

¿Quiénes fueron los que hablaron en el acto?

Mimi

El embajador cubano, representantes de organizaciones solidarias, miembros de asociaciones de cubanos residentes. Gente que vino a reafirmar el compromiso con la Revolución.

Mark

¿Cómo se cierra un acto así?

Mimi

Con música. La banda Son Kayory cantó "Cuba que linda es Cuba". Fue la forma de llevar el mensaje político a algo más visceral, más sentido.

  • El centenario de Castro llegó cargado de urgencia política: los oradores describieron a Cuba enfrentando amenazas de agresión activas desde Washington, con el bloqueo cumpliendo más de seis décadas sin ceder.
  • La elección del paraninfo universitario no fue casual —ese mismo espacio fue testigo en 2000 de las denuncias de Castro sobre intentos de magnicidio— y su uso ahora convierte la conmemoración en un acto de memoria militante.
  • Diplomáticos, académicos, artistas y organizaciones solidarias confluyeron para disputar el relato: frente a quienes reducen a Castro a controversia ideológica, los participantes reivindicaron su legado como acción humanitaria concreta iniciada en 1964 con las primeras brigadas médicas a Argelia.
  • La velada buscó traducir el homenaje en compromiso activo, con llamados explícitos a los panameños a defender a Cuba y a estudiar la obra de Castro antes que simplemente venerarlo como figura distante.
  • El acto cerró con música y danza, tejiendo política, historia y cultura en un mismo gesto que buscaba demostrar que la solidaridad no es solo un concepto, sino una forma de estar juntos.

En el paraninfo de la Universidad de Panamá, el mismo recinto que hace más de dos décadas acogió al propio Fidel Castro, cientos de personas se congregaron para conmemorar el centenario de su nacimiento. El acto no fue solo un ejercicio de memoria, sino una afirmación de que la solidaridad internacionalista que Castro convirtió en práctica concreta —brigadas médicas, maestros, técnicos enviados sin condición de retribución— sigue siendo una brújula moral para quienes enfrentan el bloqueo y las presiones que persisten sobre Cuba. En un momento en que América Latina debate su lugar en el orden global, la figura de Castro fue invocada no como reliquia del pasado, sino como interpelación al presente.

El paraninfo de la Universidad de Panamá volvió a llenarse el miércoles con cientos de personas convocadas para conmemorar el centenario de Fidel Castro. El recinto tenía su propia memoria: allí mismo, en noviembre de 2000, Castro había denunciado los intentos de asesinato orquestados por Luis Posada Carriles durante la X Cumbre Iberoamericana. Ahora, veintiséis años después, el espacio fue elegido deliberadamente para reafirmar un compromiso que sus organizadores consideran tan vigente como entonces.

El embajador cubano Orestes Pérez fue la voz central de la jornada. Recordó que lo que distinguía a Castro no era la retórica sino la acción: apenas cuatro años después del triunfo revolucionario, Cuba ya enviaba brigadas médicas a Argelia. Con el tiempo, profesionales cubanos llegarían a decenas de países, sin esperar compensación material. Cuando alguien preguntaba qué recibiría Cuba a cambio, la respuesta era el agradecimiento —una lógica que apostaba a la reciprocidad moral antes que al intercambio comercial.

Pérez instó a no tratar a Castro como una figura congelada en el tiempo, sino a estudiar su obra y seguir su ejemplo. Otros oradores, como Félix Villarreal de la Coordinadora Nacional de Solidaridad con Cuba y Alexander Farías de la Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá, usaron la plataforma para condenar el bloqueo estadounidense, que lleva más de seis décadas vigente. El llamado a los panameños fue explícito: defender a Cuba, retomando las palabras que Castro pronunciara en Río de Janeiro en 1992: 'para Cuba pido solidaridad a mis hermanos de América Latina'.

La velada no se limitó al discurso político. La Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá y el grupo danzario de la Academia Leguizamo ofrecieron interpretaciones de danzas autóctonas, y el cierre llegó con la banda Son Kayory interpretando 'Cuba que linda es Cuba'. Así, memoria histórica, compromiso político y expresión cultural se entrelazaron en un solo acto, reafirmando en suelo panameño la vigencia del internacionalismo que Castro convirtió en práctica.

El paraninfo de la Universidad de Panamá se desbordó el miércoles cuando cientos de personas se reunieron para conmemorar el centenario de Fidel Castro. El recinto, que dos décadas y media atrás había acogido al líder revolucionario cubano, volvía a ser escenario de un acto que buscaba evocar su legado internacionalista. Entre los asistentes había miembros de organizaciones solidarias, residentes cubanos, diplomáticos, estudiantes, académicos, artistas e intelectuales, todos convocados por un propósito común: recordar la vocación de Castro de extender la solidaridad más allá de las fronteras de la isla.

El embajador cubano en Panamá, Orestes Pérez, fue quien articuló el sentido de la jornada. Recordó que Castro se preocupaba por la desigualdad, el hambre, el analfabetismo, las guerras, la degradación ambiental y el orden internacional injusto que separaba a países ricos de pobres. Lo que distinguía su pensamiento, subrayó Pérez, era que estas preocupaciones no se limitaban a Cuba. Para Castro, la solidaridad no era una palabra que se pronunciaba en discursos. Era una práctica concreta, una acción que se materializaba en brigadas médicas, maestros, científicos y técnicos que viajaban a otros países para trabajar sin esperar compensación alguna.

Pérez rememoró cómo apenas cuatro años después del triunfo revolucionario, en 1964, Cuba ya enviaba brigadas médicas a Argelia. Luego vendría la presencia de profesionales cubanos en decenas de naciones. Cuando otros cuestionaban qué podría recibir Cuba a cambio de tanta generosidad, la respuesta era simple: el agradecimiento. Era una lógica que desafiaba la transacción comercial convencional, que apostaba a la reciprocidad moral antes que a la ganancia material.

El acto transcurrió en el mismo paraninfo donde Castro había denunciado, veintiséis años atrás, los intentos de asesinato orquestados por el terrorista Luis Posada Carriles. Fue durante la X Cumbre Iberoamericana en noviembre de 2000. Ahora, en 2026, mientras la Revolución cubana enfrenta lo que los oradores describieron como amenazas permanentes de agresión desde la administración estadounidense, los participantes ratificaron su compromiso con la obra revolucionaria. Pérez extendió un llamado a los panameños a defender a Cuba, invocando las palabras que Castro pronunciara en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992: "para Cuba pido solidaridad a mis hermanos de América Latina".

Pérez también instó a no recordar a Castro como una figura distante o congelada en el tiempo, sino a estudiar su obra y seguir su ejemplo. Honrarlo significaba comprender su época, mantener viva la vocación cubana por la independencia, la soberanía y la dignidad. Otros oradores, como Félix Villarreal de la Coordinadora Nacional de Solidaridad con Cuba y Alexander Farías de la Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá, utilizaron la plataforma para condenar el bloqueo estadounidense, una política que lleva más de seis décadas impuesta a la isla.

La velada fue acompañada por la Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá y el grupo danzario de la Academia Leguizamo, que ofrecieron interpretaciones de danzas autóctonas. El cierre llegó con la banda Son Kayory, dirigida por Adalberto Bazán y con Bibi Halsen en la voz, interpretando la canción tradicional "Cuba que linda es Cuba" de Eduardo Saborit. El acto, así, tejió juntos el discurso político, la memoria histórica y la expresión cultural, reafirmando en Panamá la vigencia del mensaje de solidaridad internacional que Castro legara.

Para Cuba pido solidaridad a mis hermanos de América Latina
— Fidel Castro, Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro, 1992
La solidaridad no era una palabra pronunciada en los discursos, sino una práctica
— Orestes Pérez, embajador cubano en Panamá
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