En el paraninfo de la Universidad de Panamá, el mismo recinto que hace más de dos décadas acogió al propio Fidel Castro, cientos de personas se congregaron para conmemorar el centenario de su nacimiento. El acto no fue solo un ejercicio de memoria, sino una afirmación de que la solidaridad internacionalista que Castro convirtió en práctica concreta —brigadas médicas, maestros, técnicos enviados sin condición de retribución— sigue siendo una brújula moral para quienes enfrentan el bloqueo y las presiones que persisten sobre Cuba. En un momento en que América Latina debate su lugar en el orden g