Ortega anunció el fin de las elecciones en Nicaragua y propuso reformas para extender períodos presidenciales a siete años renovables en más de 7.000 cargos públicos. Las reformas buscan subordinar todos los poderes del Estado a la Presidencia y crear una estructura de copresidencias que consolidaría el control familiar en el gobierno.
Ortega y Murillo buscan instaurar una «dictadura dinástica» en Nicaragua mediante reforma constitucional
Las reformas eliminan derechos fundamentales de los ciudadanos nicaragüenses, particularmente el derecho al voto y a elegir gobernantes, afectando la participación democrática de toda la población.