Ataques ucranianos agravan crisis de combustible en Rusia: solo un tercio de gasolineras tiene reservas

La escasez de combustible genera malestar entre automovilistas, largas colas en estaciones de servicio y presión económica en regiones afectadas por aumentos de precios.
El sistema es frágil: produce mucho pero no puede distribuirlo
Rusia enfrenta una crisis de combustible no por falta de producción sino por dificultades logísticas agravadas por ataques ucranianos.
Mark

¿Por qué un tercio de las gasolineras sin combustible es un número tan grave para Rusia?

Mimi

Porque no es solo un problema de números. Es que el combustible es lo que mueve la economía, la logística, la vida cotidiana. Cuando falta, todo se ralentiza. Las colas no son solo inconvenientes; son señales de que el sistema está bajo presión.

Mark

¿Cómo es posible que Rusia, un productor de petróleo, no pueda abastecer sus propias gasolineras?

Mimi

Produce mucho, pero la distribución es el cuello de botella. Los ataques ucranianos no destruyen toda la producción, pero interrumpen las refinerías clave y complican la logística. Es como tener un río de agua pero no poder llevarla a todos lados al mismo tiempo.

Mark

¿Qué significa que el Gobierno autorice combustibles de menor estándar ambiental?

Mimi

Significa que está dispuesto a sacrificar calidad por cantidad. Es una medida de emergencia: mejor tener gasolina de peor calidad que no tener nada. Pero también muestra cuán apretada es la situación.

Mark

¿Por qué los precios suben en algunas regiones y bajan en otras?

Mimi

Porque la escasez no es uniforme. Donde hay menos combustible, los precios suben. Donde hay más, bajan. Es geografía y logística: algunas regiones están más aisladas o más afectadas por los ataques.

Mark

¿Qué pasa con ese cargamento de India que llegó a Múrmansk?

Mimi

Es un parche temporal. El combustible indio era demasiado caro para vender en el mercado ruso, así que al principio no era viable. Pero cuando tienes una crisis, aceptas soluciones imperfectas. Es un signo de que Rusia está buscando en todos lados.

Mark

¿Cuánto tiempo puede durar esto?

Mimi

Nadie lo sabe con certeza. Depende de si los ataques continúan, de cuándo se reparen las refinerías, de si la logística mejora. Lo que es claro es que el sistema es frágil. Una tregua de dos meses se rompió en agosto. Eso sugiere que esto no se resuelve rápido.

  • Los ataques ucranianos de agosto sobre refinerías rusas redujeron la disponibilidad de combustible al 28 por ciento de las gasolineras en apenas una semana, reviviendo colas que el país creía haber dejado atrás.
  • La crisis no respeta geografías: desde regiones periféricas como Tuvá y Jakasia hasta los alrededores de Moscú, los conductores enfrentan surtidores vacíos y precios que se mueven en direcciones opuestas según la zona.
  • El Gobierno de Putin activó un arsenal regulatorio de emergencia —combustibles de menor estándar, prohibición de exportar diésel y 41 casos antimonopolio abiertos en semanas— para contener el desabastecimiento sin lograrlo del todo.
  • Un cargamento de gasolina india llegó a Múrmansk como alternativa de importación, pero la brecha de precios entre el producto extranjero y el mercado interno limitó inicialmente su utilidad real.
  • La combinación de ataques, reparaciones imprevistas y cuellos de botella logísticos apunta a que la escasez podría prolongarse, con efectos continuos sobre precios y cohesión económica regional.

Cuando la guerra llega a las refinerías, sus consecuencias no se miden solo en humo y acero fundido, sino en las colas silenciosas que se forman al amanecer frente a las gasolineras. Desde mediados de agosto de 2026, apenas el 28 por ciento de las estaciones de servicio rusas disponía de combustible, resultado directo de los ataques ucranianos sobre instalaciones clave de refinación. El Kremlin respondió con medidas de emergencia —flexibilizando estándares ambientales, restringiendo exportaciones y presionando a las petroleras— pero la fragilidad estructural del sistema sugiere que ninguna de esas respuestas cierra del todo la herida.

A principios de agosto, cuando los ataques ucranianos sobre refinerías rusas se intensificaron, las gasolineras del país volvieron a mostrar una imagen que muchos creían superada: colas de conductores, surtidores sin producto y una incertidumbre que se extendía de región en región. Al 16 de agosto, solo el 28 por ciento de las estaciones de servicio contaba con combustible disponible, frente al 41 por ciento de la semana anterior. Una primera ola de escasez había comenzado a finales de mayo y durado casi dos meses; la tregua de julio resultó ser apenas un paréntesis.

La crisis no se limitó a zonas alejadas. En Moscú y sus alrededores, una revisión de 21 estaciones mostró que la gasolina de distintos octanajes y el diésel no estaban garantizados en todos los puntos de venta. El ministro de Energía, Serguéi Tsiviliov, reconoció públicamente la formación de colas y prometió correcciones. Funcionarios de al menos ocho regiones —entre ellas Oremburgo, Lipetsk, Tver, Krasnodar y Krasnoyarsk— admitieron dificultades de abastecimiento, mientras los precios evolucionaban de forma desigual: Tver registró un alza del 6,8 por ciento y Daguestán una caída del 9,1 por ciento en la misma semana.

El Gobierno respondió con medidas de emergencia: autorizó la venta de combustibles de menor estándar ambiental como el Euro-2, mantuvo restricciones a las exportaciones de diésel y abrió 41 casos antimonopolio en pocas semanas, casi el triple del ritmo habitual. También exploró importaciones: un cargamento de gasolina india llegó a Múrmansk, aunque la diferencia entre su precio —inicialmente 130.000 rublos por tonelada— y el índice regional europeo de unos 73.000 rublos limitó su viabilidad hasta que se negociaron condiciones más favorables.

El problema de fondo persistía: Rusia producía volúmenes importantes de gasolina, pero trasladarla a ciertas regiones presentaba obstáculos logísticos que los ataques ucranianos habían vuelto más agudos. La fragilidad del sistema, expuesta con claridad, sugería que la escasez podría prolongarse con impactos continuos en precios y en la vida cotidiana de millones de conductores.

A principios de agosto, cuando los ataques ucranianos sobre refinerías rusas se intensificaron, el panorama en las gasolineras del país se deterioró con rapidez. Solo el 28 por ciento de las estaciones de servicio contaba con combustible disponible al 16 de agosto, una caída abrupta respecto al 41 por ciento de una semana antes. Las colas reaparecieron en múltiples regiones, los conductores enfrentaban dificultades para encontrar gasolina o diésel, y el Gobierno de Vladimir Putin se vio obligado a activar medidas de emergencia para sostener el abastecimiento interno.

La crisis no era nueva. Una primera ola de escasez había comenzado a finales de mayo y se extendió durante casi dos meses, pero hacia finales de julio la situación parecía haber mejorado. Esa tregua fue breve. Cuando agosto llegó, los nuevos ataques sobre instalaciones clave de refinación reabrieron la herida, sumándose a reparaciones no programadas en plantas de procesamiento y a dificultades logísticas para distribuir el producto hacia distintas regiones. La fragilidad del sistema quedó expuesta: aunque Rusia mantiene volúmenes importantes de producción de gasolina, trasladarla a algunas zonas presentaba obstáculos adicionales que los ataques acentuaron.

En Moscú y sus alrededores, la escasez también se hizo visible. Una revisión de 21 estaciones de servicio mostró que solo algunas ofrecían gasolina de 92, 95 y 98 octanos, y el diésel tampoco estaba garantizado en todos los puntos de venta. La presión ya no se limitaba a regiones periféricas; alcanzaba también a uno de los principales centros de consumo del país. El ministro de Energía, Serguéi Tsiviliov, reconoció públicamente que se formaban colas en las gasolineras y que el Gobierno trabajaba para corregir la situación.

La administración rusa respondió con un conjunto de medidas destinadas a reforzar la oferta. Autorizó la venta de combustibles de menor estándar ambiental, como Euro-2, para ampliar lo disponible en el mercado. Mantuvo restricciones sobre las exportaciones de diésel para priorizar el consumo doméstico. Incrementó también la presión regulatoria sobre empresas petroleras y operadores independientes: el Servicio Federal Antimonopolio abrió 41 casos hasta el 17 de agosto y emitió 68 advertencias por presuntas infracciones a la legislación sobre competencia. Solo durante el verano se iniciaron 30 procedimientos, casi el triple de los primeros cinco meses del año.

La crisis afectaba a un territorio amplio. Funcionarios regionales de al menos ocho zonas reconocieron dificultades en el abastecimiento. Los problemas de suministro se identificaron en regiones como Oremburgo, Lipetsk, Tver, Oriol, Tuvá y Jakasia, así como en los territorios de Krasnodar, Transbaikal, Primorie y Krasnoyarsk. La escasez empujó subas en los precios al consumidor en distintas zonas y generó malestar entre los automovilistas. Entre el 4 y el 10 de agosto, la gasolina bajó en 44 regiones, pero la evolución no fue uniforme: Daguestán registró la caída más fuerte con un 9,1 por ciento, mientras que Moscú apenas bajó un 0,2 por ciento. En cambio, Tver mostró el mayor aumento, con un alza del 6,8 por ciento.

En busca de soluciones, el Gobierno exploró también alternativas de importación. Un cargamento de combustible procedente de India llegó a Múrmansk, aunque su descarga enfrentó obstáculos iniciales. La gasolina india AI-92 se ofreció primero a 130.000 rublos por tonelada y luego bajó a 110.000, mientras que en la parte europea de Rusia el índice regional rondaba los 73.000 rublos por tonelada. Esa diferencia limitó su viabilidad comercial, aunque después se alcanzaron condiciones más aceptables para avanzar con el envío. El desajuste entre oferta y logística seguía siendo el factor central de la crisis: aunque Rusia producía volúmenes importantes de gasolina, trasladarla a algunas regiones presentaba dificultades que los ataques ucranianos habían vuelto más agudas. La fragilidad del sistema sugería que la escasez podría prolongarse, con posibles impactos continuos en precios y disponibilidad regional.

Se forman colas en las gasolineras y el Gobierno trabaja para corregir la situación
— Serguéi Tsiviliov, ministro de Energía de Rusia
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